La Huelva Cateta

La otra cara de Huelva

Archivos de la categoría ‘Historia’

El Cementerio de los Ingleses de Tharsis

Publicado por lahuelvacateta en Sábado, 31 Octubre 2009

Como estamos en vísperas de Todos los Santos y Difuntos y hace poco tiempo se estuvo hablando bastante del Cementerio Inglés de Huelva, he querido aportar mi pequeño granito de arena y os envío estas fotos del “Cementerio de los Ingleses de Tharsis”.


Observaréis que hay una lápida relativamente reciente. Pertenece a la última persona enterrada allí, Tracey Gray, una señora muy querida por todos los tharsileños que se quedó en esta tierra para siempre: “Allí permanecía incluso después de la huída de los ingleses testimoniando esa valentía colonial tan esplendorosa que era su mejor orgullo”.


A ella se refiere Ramón Llanes en Aguavieja, Crónica Amable de la Memoria de Tharsis (Edita: Diputación Provincial de Huelva, 1998): “La señorita Gray tenía las manos tan blancas como el nácar. Presumía siempre de una sonrisa de almidón adornada con sombrero de pluma, velo negro y cara de agradar (…)”.

Tan sólo una treintena de tumbas han logrado “sobrevivir” a la situación de abandono de años, hasta que acertadamente se rehabilitó el “Cementerio Inglés” a principios de 2009.


En él descansan familiares de algunos de los responsables de The Tharsis Sulphur & Copper Company Limited, con sede en la ciudad más grande de Escocia, Glasgow. Pese a ello, siempre fueron “los ingleses” que explotaron las minas y abrieron al tráfico el ferrocarril Tharsis-Corrales (una de las 3 únicas vías de 4 píes de ancho en el mundo), con el objetivo de trasladar a la capital la pirita extraida de los yacimientos. Dicha línea férrea fue la última de carácter minero que funcionó en el sur de España. El 22 de diciembre de 1999 dio su último servicio, quedando cerrada el 1 de enero de 2000.

Tal y como dice la web del Ayuntamiento de Tharsis: El Cementerio Inglés se levantó a imagen y semejanza de un camposanto británico. Presenta dos espacios diferenciados por gruesos muros de mampostería, realizada con piedra. Sus paredes están recubiertas de hiedra. La belleza de este cementerio, sus pequeñas dimensiones que lo hacen de cierto aire romántico, la hiedra que lo envuelve y los enterramientos con nombres foráneos, causan una sensación de mezcla entre tristeza y belleza.

Todo un ejemplo de respeto al patrimonio y al pasado de un pueblo, no como se hace en Huelva con su Cementerio Inglés.

Fulanita de Tal y Sr. Rubio.

Fotos: Fulanita de Tal.

Fuentes:

http://www.minasdetharsis.org
http://www.huelvainformacion.es
Aguavieja, Crónica Amable de la Memoria de Tharsis, Diputación Provincial de Huelva, 1998.

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El candelabro-farola de la Concepción

Publicado por lahuelvacateta en Lunes, 26 Octubre 2009

Estos días hemos podido comprobar como ha sido retirado el candelabro farola situado en la calle Concepción, justo delante de la puerta de la iglesia que da nombre a esta vía del centro onubense.

La farola tiene una historia bastante larga y llena de cambios de situación. Fue colocada en 1886 en el lugar que hasta hace poco ocupaba. 25 años después, en 1911, fue trasladada hasta la plaza de San Pedro, justo en el centro de la misma, en el espacio que ocupa el monumento actual.  De allí fue nuevamente movida hasta la Plaza de las Monjas. La calle Concepción de nuevo, la plaza frente al antiguo Cementerio de San Sebastián, la plaza frente al Cementerio de la Soledad y la calle Concepción otra vez más, son algunas de las paradas de este candelabro en su largo viaje por Huelva.  Incluso parece que también estuvo en la plaza de San Franciso.

Tantos cambios de situación en fechas tan cercanas (por las fotografías que se conservan) hace pensar en la existencia de al menos dos candelabros similares.

Candelabro en la calle Concepción

Candelabro en la calle Concepción

Pero volvemos al actual y único conservado (si es que existieron varios). La farola ha sido recientemente desmontada de su situación para proceder a su restauración y de paso facilitar la colocación del nuevo pavimento de la calle Concepción. Hasta aquí todo bien, el problema llega con la información aparecida en el periódico Huelva Información , en el cuál se deja en entredicho la restitución de la farola a su lugar original y la deja pendiente de un estudio de la Delegación de Cultura que dictamine si es apropiado colocarla allí ya que se encuentra en el entorno protegido del B.I.C. de la parroquia de la Concepción.

Esperemos que todo esto no sea más que un malentendido o una broma, puesto que no se entiende el daño que puede provocar esa farola en el entorno de la iglesia, sobre todo cuando ésta se encuentra en un entorno degradado en cuanto a patrimonio se refiere (rodeada de mondongos y mamotretos) y aún con más razón tras el crimen realizado en la “restauración” de la parroquia.

En fin, esperemos que por una vez, la sensatez impere en las actuaciones sobre el patromonio de esta ciudad.

Northman.

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Testimonios de la Huelva Escondida II

Publicado por lahuelvacateta en Martes, 6 Octubre 2009

Condal es otro de los amigos de este blog que ha participado en las visitas turísticas “La Huelva Escondida”. Atendiendo a la invitación que realizamos, nos ha mandado una colaboración en la que desea compartir con todos nosotros sus impresiones acerca de las dos visitas en las que ha participado. Os recordamos a todos aquellos que hayan acudido a esta aplaudida iniciativa, que nos pueden mandar su visión por email y la publicaremos como artículo, nuestro mail: lahuelvacateta@gmail.com.

Dos visitas.

Yo he participado en 2 visitas, el lunes y el martes, ambas por la tarde. El lunes se visitó el Cementerio Inglés, el cabezo de San Pedro (muro fenicio) y la parroquia de San Pedro (tumba de Ginés Martín). Estaban llenos los 2 autobuses y no hubo ni información previa de lo que se iba a hacer ni se pasó lista pese a la insistencia en que había que inscribirse antes “en persona” en la Plaza de las Monjas.

Cementerio Inglés. Foto: Condal

La visita al cementerio inglés fue bastante interesante pero da pena comprobar el lamentable estado del recinto y de las tumbas, al ser privado, el propietario tiene poco interés en su conservación y había basura y maleza a montones, y por lo visto ha llegado a estar mucho peor. El informador (Pepe Maldonado, creo que se llamaba) dio bastantes detalles de las familias allí enterradas, como por ejemplo la primera mujer del Doctor Mackay y dos hijos suyos, y dos aviadores ingleses cuyas lápidas eran las mejor conservadas ya que se encargaba de ello una institución británica.

Al finalizar esta visita se “cometió el error” de ir a ver lo que queda de la antigua Fuente Magna de la Plaza de las Monjas y que está en otra fuente a la entrada del Cementerio Municipal. Después tocaba el muro fenicio que hay en el Cabezo de San Pedro, aquí se cometió un error de organización, como el recinto donde está la excavación del muro es muy pequeño se dijo que se bajaría en grupos de 10 personas, cuando bajo el primer grupo el resto de la gente estuvo paseando por la finca (que también es privada), admirando las preciosas vistas que hay desde allí arriba, hablando con la propietaria oyendo desde arriba las explicaciones del informador o simplemente esperando su turno. Ese primer grupo tardó una media hora aproximadamente en subir ya que el informador se enrolló bastante en su alocución por lo que el resto del personal tuvo que bajar después con bastante prisa y sin apenas recibir explicaciones de lo que abajo había, con el consiguiente cabreo de algunos visitantes y de otra guía de la concejalía.

Muro Fenicio San Pedro. Foto: Condal

Por último se iba a visitar la tumba de Ginés Martín, pero con el tiempo que se perdió en la observación de los restos de la Fuente Magna y en las explicaciones al primer grupo en el muro del cabezo, resulta que comenzó la misa en la Parroquia de San Pedro por lo que no se pudo entrar al templo así que tras un breve resumen de la vida de Ginés Martín terminó la visita. La tumba de Ginés Martín está en la capilla de la Hermandad de Pasión, por lo que la lápida estaba en parte tapada con enseres de la Hermandad con motivo de la imposición de la medalla el sábado anterior, por lo que creo que a la Hermandad nadie le dijo lo de la visita.

Tumba de El Litri. Foto: Condal

Tumba Guillermo Sundheim. Foto: Condal

El martes por la tarde se visito el Cementerio de la Soledad (tumbas de Manolito Litri, William Martin y Guillermo Sundheim), el solar del antiguo Hospital Manuel Lois (fantasmas) y el antiguo Hospital de la Merced (más fantasmas). En esta ocasión si se pasó lista y a pesar de inscribirse muchas mas personas sólo se presentaron unas 60 aproximadamente. En el cementerio se habló de la vida y muerte de Guillermo Sundheim y Manolito Litri y de la interesante historia de William Martin, además se visitó otras tumbas como la de un aviador francés y otra que tiene una maldición.

Tumba William Martin. Foto: Condal

A continuación junto a donde estaba el Hospital Manuel Lois, la guía (no recuerdo su nombre) contó algunas apariciones fantasmagóricas a vecinos de la zona y vigilantes después de que el hospital se cerrará. Finalmente en La Merced se resumió la historia y los distintos usos del edificio, además de la presunta existencia del espíritu de una monja, y se visitó en un sótano el lugar donde se hacían las autopsias, incluida la de William Martin, hoy delegación de alumnos.

Visita en la Facultad de la Merced, antiguo hospital. Foto: Condal

Visita en la Facultad de la Merced. Foto: Condal

Como broche final en el Salón de Actos el, Concejal de Turismo tuvo unas palabras de agradecimiento hacia los asistentes a las visitas y hacia los informadores, y anunció la puesta en marcha en 2010 de un Plan Estratégico de Turismo en la ciudad de Huelva.

Por resaltar un aspecto negativo y otro positivo, en lo primero, creo que no ha estado bien planificado del todo, sobre todo en los tiempos, creo que por falta de practica. Y en lo positivo destacar que los guías estaban bastante bien informados y que durante las dos visitas hubo una interesante puesta en común entre los asistentes, que añadían su granito de arena en forma de comentarios informativos de su propia cosecha.

Condal

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1920, el año de las tristes despedidas

Publicado por lahuelvacateta en Lunes, 21 Septiembre 2009

Hoy te acercas a las minas de Riotinto y escuchas un silencio triste. Y no son las preocupantes voces calladas de hoy las que me ocupan ahora, si no los susurros de un pasado cada vez más lejano. Sonidos de máquinas envidiables y verdaderas chatarras, gritos de hombres admirables y también de auténticos maleantes. Todos forman parte de esta historia que no podemos perder.

En ese ruido, sobresale el del sufrimiento, físico y mental, sobre todo en momentos especialmente tensos como los de 1920. A partir del 2 de julio de ese año se inicia una huelga general que perduró en nuestro recuerdo minero. Un movimiento localista, dirigida por y para los trabajadores de la poderosa Riotinto Company. En ella, como muestra Arenas Posadas en su obra “Empresa, Mercados, Mina y Mineros. Río Tinto (1873-1936), los huelguistas “abominan de aquellos que, erigiéndose en directores de derechas o de izquierdas, quieren hacer de esta huelga un instrumento político”. Ideas que no podemos permitir caer en el olvido, frases de un pasado que nos ayuda a estar alerta y, por ello, debemos recordar y extender continuamente.

En ese año se intentaron derribar los cimientos del poder empresarial, entre los que se encontraban las jubilaciones, los traslados, la asistencia médica o la jornada laboral. Se luchaba contra el hambre: el hambre pasado, el hambre presente y el hambre futuro. Y es que a partir del 2 de julio, esa sensación era el Kalashnikov de la empresa.

Mi objetivo hoy no es detallar las características de dicha huelga, básicamente porque no estoy preparado, si no mostrar, aunque sea levemente, el poder y el sudor, el cinismo y el sufrimiento. Para ello, son de gran utilidad dos artículos publicados en el diario “La Provincia” en septiembre de 1920. En el primero, titulado “Huelva la Buena” de 25 de septiembre, Manuel Siurot reflexiona:

“Don Salvador Moreno, culto y simpático miembro del comité de la huelga de Río Tinto en nuestra capital, me invita (…) a poner en acción el propósito de dar de comer a los niños de los huelguistas de Huelva.(…).

Estos empleados y obreros de Huelva han dado un ejemplo de admirable fraternidad, preocupándose antes que nada de los niños de Río Tinto y Nerva.

Y ahora, (…), este trabajador onubense vuelve los ojos hacia su propio hogar, y al ver el hambre y la miseria retratadas en la pálida frente de sus hijitos, le nace en el alma un gesto, que tiene los divinos relieves de la razón herida por la desgracia, fundamento de su derecho a pedir que demos de comer a las pobres criaturitas.

(…) No me dejará sólo, por que no me dejó nunca, cuando le pedí para las grandes necesidades y esta de ahora es la más horrible que azotó nuestro pueblo.

Día llegará, no muy lejano, en que un viento de paz sustituya al huracán de la soberbia y entonces Huelva la buena, la trabajadora, la honrada, respirará a pulmón lleno la satisfacción de haber cumplido su deber.(…)”

Cuatro días más tarde, se publica un carta de Walter Browning, Director General de la Riotinto Company:

“Hecho cargo de su artículo (…), tengo el gusto, como particular, de remitir a usted la cantidad de 2000 pesetas, rogándole atentamente las reciba como donativo para la suscripción a que se dirige el antes mencionado artículo, cuya eficacia más completa deseo muy de veras (…)”

Esos niños a los que se refiere M. Siurot son los hijos de los obreros de la Cuenca Minera que, debido a la presión ejercida por la empresa, con el apoyo que recibe del gobierno de Dato (casualmente accionista de la compañía británica), se ven obligados a emigrar temporalmente a Madrid, Sevilla o Huelva y ser acogidos por compañeros y asociaciones. Y esa es la personalidad del conocido Mr. Browning, la forma de actuar del lobby económico más poderoso de su tiempo: la Riotinto Company Limited. Huelga decir que esas hipócritas dos mil pesetas no fueron aceptadas y que esta batalla se perdió.

Gritos rabiosos de muchos y caudalosos de algunos son los que aún colean. Cobos Wilkins comentó en una ocasión que de un pasado de dolor, nace un futuro de esperanza. La esperanza permanece, pero sólo respetando nuestro pasado y recordando nuestros sonidos podremos alzar la voz por lo que dimos, por lo que fuimos y por lo que somos y daremos, evitando así, un silencio sepulcral.

Juanma Gemio.

Este amable colaborador es un historiador nacido en Huelva y residente en Riotinto. Ya hemos  publicado otro interesante artículo que también nos ha mandado sobre Walter Browning, aunque si queréis saber más de Juanma Gemio os invitamos a que visitéis su blog y otros blogs de Ríotinto en los que participa:

http://elminerodigital.blogspot.com

http://catedraldelosesfuerzos.blogspot.com

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Walter Browning

Publicado por lahuelvacateta en Sábado, 5 Septiembre 2009

Los años que transcurren de 1908 a 1927 es el tiempo del Virrey de Huelva. Soberano sin corona, pero con todo su poder. Un auténtico monarca déspota, autoritario y que gustaba de trabajar sin ayuda. Con fama de jinete experto y protegido por su rifle Winchester, su guardaespaldas, el revólver mexicano y, casualidades, por una automática con su apellido.

Retrato que se encontraba en la Sala de Juntas de la antigua Casa Consejo. Fuente: http://catedraldelosesfuerzos.blogspot.com

Mucho se ha hablado de Walter Browning, hombre enérgico, apodado “El Terremoto” por los españoles y británicos que convivieron con él. Amigo de Fielding, presidente de la Rio Tinto Company, ocupó el cargo de director general de la Mazapil Copper Company, antes de aterrizar con su arrolladora personalidad, moldeada en su pasado como buscador de oro en México, en las minas de Riotinto. Allí, indica David Avery en “Nunca en el cumpleaños de la Reina Victoria” en la página 254: “…en los montes mexicanos probó a Walter Browning su capacidad de resistir hasta el límite, soportando con éxito una existencia solitaria con sus dificultades y peligros (…) Este proceso desarrolló en él una capacidad para pensar y actuar simultáneamente, así como un alto grado de confianza en sí mismo; características éstas que le acompañarían durante el resto de su vida”.

Esta característica se reflejó inmediatamente con la dirección de las operaciones de rescate de los primeros accidentes y derrumbes. Esa misma actitud mostró en “la catástrofe más espantosa…que jamás ocurriera en la historia de las minas” (Op. Cit. Pág. 257) en el accidente del pozo Alicia, estudiado por Pedro Real Valdés en su recomendada obra “Desastre del Pozo Alicia, 80 años después”, Diputación de Huelva, 1995.

Browning (con el círculo rojo) con el Staff de la Compañía. (Foto tomada del libro “Nunca en el cumpleaños de la Reina Victoria”, de David Avery) Fuente: http://catedraldelosesfuerzos.blogspot.com

Pero este hecho nos habla no sólo de su arrojo, de su fortaleza, sino, sobre todo del odio que despertaba en los mineros por ser un arrogante autócrata. No quedaban ya en Riotinto campesinos adscritos a la tierra manejados por ricos terratenientes, pero los obreros soportaban las órdenes del director general como si de su cacique se tratara. En momentos de “elecciones” publicaba un ORDENO Y MANDO con el listado de las personas que debían ser elegidas. Varios atentados sufrió, saliendo de todos ellos ileso y por supuesto, en un centro de movimiento obrero como eran las minas de Riotinto, algunas manifestaciones y huelgas, superadas con mano dura y sometidas por el hambre. Especialmente duras fueron las de 1913, para la que aconsejamos la obra de Juan Manuel Pérez López “La huelga de 1913 en Rio Tinto. Como paradigma de acción colectiva desde los órganos de representación obrera”, ADR Cuenca Minera de Riotinto, 2007 y la de 1920, en la cuál cientos de niños se vieron obligados a “exiliarse” y refugiarse en hogares obreros de Huelva, Sevilla o Madrid para poder alimentarse.

Poco importaba. Como muestra Cobos Wilkins en “La Huelva Británica”, Mr. Browning: “Estaba dispuesto a hacer rentable la mina para la Rio Tinto Company Limited a costa de lo que fuese”. De esa manera, cierto es también que bajo su “reinado” aumentó la productividad de las minas, corta Atalaya se convirtió en una de las más importantes del mundo (las palas de vapor que la excavaron se compraron a los constructores del canal de Panamá) y se introdujo la electricidad a gran escala.

Walter Browning, ya mayor, en su caballo. Fuente: http://elminerodigital.blogspot.com

Pero todo tiene su fin. El jacobino de este monarca fue Auckland Geddes, nuevo presidente de la empresa británica, que en 1927 descubrió que su vida palaciega lo había sido a costa de la Compañía. En agosto de ese año, encontrándose en Cornualles,  se le pide que dimita y que no vuelva a las minas. Además, se le informaba que la casa de Los Frailes regalada a su segunda esposa, pasaba a manos de la RTCL, siendo prontamente arrasada. Aunque volvió a Andalucía para crear una empresa de cultivos de arroz cerca de Sevilla que fracasó, nunca volvió a pisar las minas que adoró y dominó. Finalmente murió en Kent en 1943.

David Avery, (quizás por su profesión) comenta que se le recuerda en Riotinto con admiración y respeto. Con los estudios más recientes, se le deben añadir, además, los conceptos de miedo y dolor.

Juanma Gemio.

Este amable colaborador es un historiador nacido en Huelva y residente en Riotinto. En unos días publicaremos otro interesante artículo que también nos ha mandado, aunque si queréis saber más de Juanma Gemio os invitamos a que visitéis su blog y otros blogs de Ríotinto en los que participa:

http://elminerodigital.blogspot.com

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Mercado del Carmen, 1868

Publicado por lahuelvacateta en Sábado, 29 Agosto 2009

Doña Carmen Heredia, harta de limpiar sardinas y caballas para la industria conservera ayamontina, emigró el siglo pasado a la capital onubense cuando los coches que circulaban por ella se contaban con una sola mano.

Ella siempre me contaba historias de su Mercado del Carmen, se llamaba como ella, de cuando en la Ibense expendían un recipiente “acorchado” lleno de helado y tras comerlo en casa había que devolver el cacharro.

- Prepáreme usted un pollo de campo.

Y el pollo andaba por allí vivo. Al rato, volvía y ya se lo tenía recién sacrificado y limpito.

- ¡Qué buenos estaban esos pollos! – asevera con los ojos.

- Eso era una maravilla: estaban los puestos de dentro, pero fuera se llenaba la calle de puestos de la gente de los pueblos que traían sus cosas para vender, ¡y qué lechugas niña! eso sí que erán lechugas y no las de ahora que saben a aire.

Mercado del Carmen

El Mercado del Carmen con sus 141 años de antigüedad, símbolo de lo que fuimos y ya no somos, campo y mar, tiene los días contados. Los planes de los maquiavélicos urbanistas es derribarlo, convertirlo en explanada  para aparcamiento de forma transitoria y posteriormente, en  una mondonguística “Plaza Mayor” sin alma ni substancia.

En otras ciudades, el modus operandi es distinto, ejemplo de ello son las rehabilitaciones del Mercado de San Miguel en Madrid o el Mercat de Santa Caterina en Barcelona, o más cerca en el Mercado Central de Cádiz:


Parte de nuestra historia reciente, nuevamente, hecha escombros.

Mari Gangrena.

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El Acueducto Romano de Huelva

Publicado por lahuelvacateta en Jueves, 6 Agosto 2009

En las últimas semanas se ha hablado en este blog del mítico acueducto de Huelva. Voy a intentar explicar algunas cosas de este gran desconocido en nuestra ciudad.

Tenemos que retrotraernos al siglo I de nuestra era, cuando Huelva, por sus numerosos estuarios se conocía como ONVBA AESTUARIA. Un asentamiento de relativa importancia que, como siglos después, acogía tráfico minero por el Tinto y se dedicaba al comercio de pescado y salazón.  La ingeniería romana es de sobra conocida y existen ejemplos de conducciones de agua por todos los que fueron sus dominios, por lo que en esa ya vieja Onuba no era extraño construir un acueducto, máxime en una economía como la comentada que necesitaba agua y no sólo para consumo humano.

Cabezos_de_El_Conquero_(Huelva_-_España)

Panorámica de Huelva desde las elevaciones-cabezos de El Conquero. Imagen: Calapito para Wikipedia.

Este, en resumen, tendría tramos tanto aéreos como subterráneos y enlazaría terrenos cercanos al actual Santuario de La Cinta con el cabezo de San Pedro. Su originalidad radica en que aprovechaba las propias particularidades de nuestros cabezos, formados en el periodo terciario y con abundantes acuíferos gracias a la permeabilidad-filtración de la tierra. Así, se idearon pequeños depósitos que recogían este agua a lo largo del recorrido. La estructura la formaban una galería principal abovedada y otras pequeñas que a modo de afluentes contribuían a la recogida de aguas con tal capacidad de aprovechamiento que se piensa que podía asimilar entre 100.000 y 200.000 litros de agua al día. Para su ventilado existían diferentes pozos que fueron colmatados durante los siglos siguientes por los habitantes de Huelva.

Acueducto_romano_de_Huelva

En la imagen, se pueden observar los restos de uno de los respiraderos del acueducto (linea vertical) en la zona del Cabezo de San Pedro. Imagen: Calapito para Wikipedia

Estuvo en uso normal hasta después del siglo XVI. Tras remodelaciones y el olvido de tramos y fuentes, fue utilizado durante la época de Al-Ándalus y época cristiana, donde aparece recurrentemente nombrado en las Actas Capitulares respecto a la necesidad de su reparación. Probablemente el terremoto de 1779 significó que se dañaran partes esenciales por lo que el agua dejó de llegar a partes de la ciudad de manera definitiva. Así, en la actualidad  queda operativo sólo un tramo de 125 metros, aunque aún drena la nada despreciable cifra de 30.000 litros diarios de agua. Hay que tener en cuenta que no fue hasta finales del siglo XIX, con proyectos privados como el de Guillermo Sundheim, cuando se canalizó agua hasta Huelva con sistemas más contemporáneos.

Más cercanas a la memoria quedan las diferentes fuentes que se abastecían de él:

  • La Fuente de San Pedro, en la plaza del mismo nombre.
  • La Fuente Vieja. Situada en las laderas del Conquero su propio nombre indica que para los pobladores de la Huelva medieval se trataba de una obra ya anterior a la memoria. Por su situación suministraba agua a la ciudad incluso en épocas de sequía. Esto implica que probablemente esta fuente no sea más que un surtidor agregado a uno de los depósitos romanos aprovechando una buena situación en la que el aporte de agua era permanente.
  • La Fuente Nueva y la Fuente de la Alcoba. Otras fuentes o caños laterales al acueducto, que servían para el riego de los campos de las zonas de La Vega y San Sebastián.

En la actualidad, pese a los trabajos de Aguas de Huelva hace años (en 1996), sigue siendo un gran desconocido, sobre todo por la dificultad de su acceso o visita. Pese a ello, aprovecho para hacer un llamamiento a las autoridades para su puesta en valor.

Juan José Rodríguez.

Referencias:

  • Colaboradores de Wikipedia. Acueducto romano de Huelva [en línea]. Wikipedia, La enciclopedia libre, 2009 [fecha de consulta: 22 de julio del 2009].
  • García Sanz, Carmen y Rufete Tomico, Pilar. “Una parte del acueducto romano de Huelva – La  Fuente Vieja one part of Huelva’s roman aqueduct” Huelva (2001) ISBN 84-8163-253-8
  • El Agua en la Historia de Huelva. Empresa Municipal de Aguas de Huelva. Huelva (1996)
  • Web Utopía Verde (con licencia GNU).

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Leyendas, fantasmas y otros cuentos

Publicado por lahuelvacateta en Viernes, 17 Julio 2009

Este artículo nace con la simple idea de recopilar entre todos los asiduos al blog la mayor cantidad posible de leyendas y de historias relacionadas con Huelva. Esta ciudad no es tan pródiga en hechos fantasiosos o asombrosos como Sevilla, Córdoba o Granada, pero sí que conserva todavía algunas de ellas, que quizás no tengan el embrujo o la magia de las leyendas granadinas o sevillanas, sin embargo forman parte de nuestra tradición popular y en algunos casos, de nuestra Historia. A continuación comento algunas de las leyendas que han llegado a mis oídos.

Leyendas y fantasmas en la propia ciudad de Huelva tenemos algunas: por ejemplo, la leyenda o existencia real de un túnel que comenzaba en la zona de la plaza de toros y que llegaba por dentro de los cabezos (antes de construirse la Cuesta del Carnicero) hasta San Pedro. ¿Es acaso esta leyenda una referencia al acueducto romano que discurría por esas zonas? Historias y leyendas religiosas hay varias. No voy a nombrar aquí las ya conocidas y relacionadas con la Cinta, pero sí nombraré algunas más desconocidas, como por ejemplo el Cristo milagroso de la calle Enmedio. Un azulejo de un crucificado que la tradición popular atribuía al año 1241 (cuando Huelva aún era musulmana) y que obraba milagros.

En las cercanías de la ciudad, en ese inmenso laberinto de caños y marismas que la rodean tienen su escenario una serie de leyendas que quizás sean las más desconocidas. Cuentan que tras una noche de tormenta, un barco que se dirigía al fondeadero del antiguo pueblo de Saltés descubrió un náufrago agarrado a unos tablones. Enseguida se botó una barca para ir en su busca. La sorpresa de los marineros fue grande al comprobar que no era un marinero de un barco naufragado, sino un cristo nazareno agarrado a una cruz rota al igual que un náufrago se agarraría a unas tablas. Ese Cristo pasó a formar parte de las imágenes de la iglesia del pueblo de Saltés y posteriormente pasaría a la capilla de Saltés en la zona de la plaza Quintero Báez y finalmente a la iglesia de San Pedro, dónde desapareció en la Guerra Civil.

Otra leyenda de la marisma podría formar parte de una película de piratas: El corsario Papasoli asolaba las costas de Huelva y tenía fama de estar obsesionado por las ballenas y otros “monstruos marinos”. Aprovechándose de esto, el capitán Garrocho construyó una estructura sobre un barco y le pintó ojos y dientes simulando un monstruo marino. El barco-señuelo fue dejado varado cerca de la costa y sin los palos, de forma que pareciese una ballena. Cuando el pirata se acercó a comprobar lo que era fue acorralado y apresado.

Leyendas mucho más antiguas con algunos datos históricos hacen referencia a que los fenicios estuvieron en la isla de Saltés con la idea de fundar una ciudad. Hicieron un sacrificio a los dioses y el resultado fue un mal augurio, por lo que abandonaron la isla. En el lugar dónde el sacrificio fue benigno fundaron la actual Cádiz.

Continuando con las leyendas de la antigüedad, tenemos la referencia de que la colina de La Rábida (Rus Baal o Peña de Saturno) fue anteriormente un lugar dedicado en primer lugar a Baal y luego a Proserpina y Saturno donde se celebraban cultos a estos dioses infernales.

Saliendo de la leyenda y entrando en los datos Históricos, parece que el origen del topónimo Onoba está en Onos Baal, que significa la fortaleza de Baal. Este Baal era un dios de la zona de Asia Menor y que con el tiempo el cristianismo y el judaísmo lo transformaron en Beelzebub (señor de las moscas) y posteriormente en Belcebú… menudo origen.

Y para finalizar, he dejado a los fantasmas: los célebres del viejo Manuel Lois, los fantasmas de la Merced o el escocés del Hipercor son sólo algunos ejemplos que están más presentes en la cultura popular que otro tipo de historias.

Cristos náufragos, dioses paganos, piratas, fantasmas…se aceptan otras historias. Ah, y por si alguno lo pensaba, no me he inventado nada…

Northman.

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La ciudad de Salthish

Publicado por lahuelvacateta en Domingo, 28 Junio 2009

¿Cuántas veces hemos oído e incluso dicho, que en Huelva no hay monumentos, edificios o construcciones antiguas que visitar?

Y no se está falto de razón, pero no lejos de aquí y sin salir de Huelva, nos encontramos unos restos arqueológicos realmente importantes, mucho más de lo que podría parecer a la vista de lo poco divulgado que esta su existencia.

Dentro de las Marismas del Odiel, en la isla Saltes y más concretamente en la zona conocida como el Almendral, se encuentran los restos de una ciudad medieval musulmana, la ciudad de Salthish. Pero no nos equivoquemos, no se tratan de unos simples restos de una pequeña población, se trata de toda la estructura de una ciudad completa, perfectamente definida, de forma ortogonal (calles rectas y perpendiculares que es poco habitual en las ciudades islámicas), y que llegó a alcanzar una población de 10000 habitantes, y estamos hablando de 10000 habitantes de la época, que va desde el siglo VIII al XIII d.C.

Salthish (0)

En ella se pueden encontrar restos de una fortaleza con seis torres cuadradas y muros de más de dos metros de grosor, así como numerosas casas, construidas apoyadas unas sobre otras, con un patio central, pavimentos de ladrillo cocido, pozos decorados con motivos florares y brocal de cerámica vidriada, y en algunas, jardines, además de un puerto desde donde, entre otras cosas, se dirigían a lo que hoy es Punta Umbría, a recoger agua.

Pero no es sólo una ciudad medieval musulmana. Igualmente aparecen restos de poblamientos romanos, de salazones y de un templo de la época, esto también tiene su importancia ya que el lugar demuestra un asentamiento continuado desde la antigüedad hasta la época musulmana.

Pero aún excavando mas profundo, encontramos restos tartésicos a varios metros de profundidad. Cabe señalar que esta isla era uno los lugares citados como posible ubicación de la ciudad de Tartessos, ya que reúne prácticamente los mismos requisitos que Huelva capital y además es una isla (requisitos recogidos en el artículo de “La ciudad de Tartessos en Huelva capital”). Una de las razones por la que la descartaban como localización de la ciudad, era porque se pensaba que la isla era demasiado pequeña para esa ciudad (aunque quizás no).

Esta ciudad basaba su economía, al parecer por los restos encontrados, en la metalurgia del hierro, siendo el último eslabón en el tratamiento de este metal, aunque también tenían ricos cultivos de legumbres y cereales además de ganadería.

Pasó por varias conquistas, siendo sede de la Taifa de los Bekríes, después formó parte del reino de taifa de Huelva y Saltés, siendo finalmente conquistada por el reino de Taifa de Sevilla de al- Mutadid. Permaneció habitada hasta que en el siglo XIII, XIV sufrió un rápido despoblamiento, y a finales de este último ya solo quedaban ruinas de la ciudad. No se sabe a ciencia cierta a qué fue debido, pero la ciudad no presenta signo de que llegase a ser cristiana y quizás fuese el periodo de conquistas cristianas lo que provocase este despoblamiento.

Como curiosidad, pese a que en la actualidad es un paraje natural de enorme valor ecológico, esta zona después de la desaparición de la ciudad se consideraba poco saludable llegando a ser utilizado como leprosería. También se usó como coto de caza de los nobles.

En el lugar se han realizado excavaciones desde mediados de los años 80, que han ido sacando estos restos y descubriendo cimientos de viviendas y otros edificios de la ciudad medieval, pero estas ya hace unos años que pararon, y aunque quedaron acondicionados para poder visitar diversos restos con algún panel explicativo, estos al quedar prácticamente abandonados, paulatinamente han ido quedando cubiertos por la vegetación que crece inapelablemente.

Salthish (1)

Salthish (2)

Los terrenos en los que se encuentra ubicado el yacimiento, hasta hace poco eran de propiedad privada (alguna vez se intentó incluso especular urbanísticamente con la isla) pero hace poco que fue adquirida por la Junta de Andalucía, al ejercer derecho de retracto, como se informa en este enlace:

http://www.huelvainformacion.es/article/huelva/300382/saltes/una/ciudad/islamica/corazon/marismas/odiel.html#opi

Por lo que espero que esto provoque la vuelta a su excavación y estudió, y se acondicione para posibles visitas.

En la actualidad no puede visitarse, pero no por el abandono ni por razones administrativas, sino porque como es sabido, se encuentra en un paraje natural en el que en estos momentos está criando el águila pescadora, hecho este, también de importancia ya que al parecer esto no ocurría en España desde hace 35 años. Sin embargo, es muy posible que a partir de agosto pueda volver a visitarse, previa solicitud en el “Centro de visitantes de Marismas del Odiel“, que se encuentra en Calatilla, dónde además os informarán sobre lo que necesitéis, aunque como ya indiqué, sólo está al descubierto una pequeña parte de la cuidad y desde hace un tiempo está casi todo tapado por la vegetación, pero sin duda, sería muy interesante acceder y poder disfrutarlo.

Salthish (3)

Estos restos, a mi modo de ver, tienen un gran potencial, arqueológico, histórico e incluso turístico, ya que pasa por ser el yacimiento arqueológico más importante de la provincia, que en una ciudad como la nuestra con escasez de lugares que visitar, no vendría mal algo así, acondicionado y cuidado de posibles expolios. Y es que la historia de Huelva es amplia y variada aunque a veces no nos acordemos de ella, y nos limitemos siempre a lo mismo.

Neoptolemo.

Enlaces de interés relacionados:

http://www.arqueologiamedieval.com/noticias/noticias.asp?ref=3274

http://www.juntadeandalucia.es/averroes/gpba/huelva/visitas/Conjunto%20Lugares%20Colombinos,%20Isla%20de%20Saltes,%20Huelva/Conjunto%20Lugares%20Colombinos,%20Isla%20de%20Saltes,%20Huelva.htm

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El Indio de Palos (3/3)

Publicado por lahuelvacateta en Sábado, 13 Junio 2009

(Viene de aquí)

A partir de entonces Gonzalo Guerrero fue una mancha para el Imperio y para España, un traidor, un hereje. No había palabras para definir a aquel hombre que no sólo traicionó a su pueblo, sino a su fe y a sus creencias. Un hombre que era capaz de matar a los suyos y entorpecer la voluntad real y divina. Alguien a quien Cortés jamás nombró en sus cartas salvo como “el otro”. A partir de ese momento Gonzalo Guerrero pasó a la historia con el sobrenombre de “el renegado”.

Jerónimo Aguilar, por su parte, jamás pudo volver a su tierra. Muy a su pesar, no pudo encontrar la paz anhelada, perdida durante tanto tiempo, que le hiciera reencontrarse con su Dios en algún monasterio de las montañas andaluzas. El destino le tenía reservado otro papel. El destino y Hernán Cortés claro. La posibilidad de hacerse con un traductor de confianza, de su propia sangre y que comulgara con sus intenciones, era algo tan valioso como el oro de aquel lugar. Aguilar era el primer castellano en conocer la lengua maya por lo que, cuando más adelante Cortés pudo contar con los servicios de una hermosa e inteligente mujer del otro lado de aquellas tierras, una indígena conocida por la Malinche y que más tarde se rebautizaría como Doña Marina (la otra cara de la moneda de Gonzalo Guerrero), se crearía un original y curioso sistema de traducción a tres. Jerónimo traducía del español al maya y Malinche, a su vez, del maya al azteca, de modo que Cortés tenía controlado todo el cotarro de lo que más tarde sería su conquista de México.

Y no hace falta llegar al final de este relato (aunque tendrán la oportunidad de comprobar que se adapta perfectamente) para citar la tercera película que, a pesar de alguna alusión fotográfica previa, aún tenía en el tintero: “La Misión” de Roland Joffé. Genial espectáculo de emociones, desde los paisajes de ensueño, hasta el guión y la música de Morricone. Los personajes de Robert de Niro y Jeremy Irons, aunque salvando las distancias en el caso del religioso, recuerdan de alguna manera a los dos españoles. El soldado y el cura. Ambos, extraños, al principio, en una cultura ajena. El jesuita que no cree en la violencia y se pone en manos de Dios, y el soldado renegado que lucha contra los suyos para salvar a los que ahora le acogen, atacando para defenderse, sacrificándose por su nuevo pueblo, el verdadero.

De nuevo pido un inciso. Hagamos una elipsis y enlacemos el final de esta historia con el principio de ella. Recuperemos a aquel jefe maya encima de la atalaya que, mirando al mar, rememoró esta historia. Aquel orgulloso cacique cuyos rasgos diferentes serían ahora difíciles de apreciar. Imaginemos como, de un plano general en el que la silueta alta y robusta de aquel hombre se recorta al contraluz de un sol que, como personal metáfora, esta a punto de sumergirse en aguas teñidas de sangre y oro, se pasa a un primer plano, en un zoom que acaba en sus ojos claros y marcados por la fatiga. Unos ojos que miran más allá del horizonte, hacia el pasado, y que ahora debe mirar de nuevo a el futuro, aunque éste sea tan incierto como su propia vida. Aquel guerrero debe marchar. Sus soldados lo están esperando.

La última batalla pondrá fin a la historia de Gonzalo Guerrero.

A partir de entonces los mayas desaparecerán como reino para convertirse en esclavos o conversos, y dará comienzo El Indio de Palosla conquista de México. Como Boabdil en otros tiempos que, Gonzalo, a pesar de su contribución, apenas recuerda, será Moctezuma, tras la caída de los mayas, el último bastión (azteca en este caso) para que, de nuevo, el glorioso Imperio donde nunca se pone el sol expanda su poder y su religión. Ahora sólo quedarán Perú y Pizarro para que aquella conquista, evangelizadora para los Reyes Católicos pero interesada para los lejanos súbditos de un emperador extranjero que nunca los conoció (Carlos V), quede consolidada. La conquista de América, el Nuevo Mundo forjado a fuego y golpe de cruz y espada.

Los desastres de Cabo Catoche y Champotón, conocido desde entonces como el cabo de la “mala pelea” no dejarán indiferentes a los gobernadores y comandantes de los importantes sitios de Indias. Cortés no tuvo oportunidad de vengar el orgullo militar y tomar aquella península, pues debía seguir ruta hacia la mítica Tenochtitlán, pero en 1536 otra expedición, mejor dotada en número y armas, con Lorenzo de Godoy al frente, intentará tomar de nuevo aquellas tierras, ahora cerca de la actual Honduras, en Puerto de Caballos.

La llegada fue rápida y por sorpresa. Varios navíos colmados de cañones, con cientos de soldados, caballos y artillería, se adentraron por los anchos esteros de aquellas lenguas de mar, hacia el río Ulúa. Los indios del cacique Cozumba advertidos con poco tiempo, pues los “hombres de hierro” avanzaban con presteza, apenas habían tenido tiempo de organizarse.

A pesar de todo el gran Nacom blanco, el jefe barbado, nuestro “indio de Palos”, venía de camino, con cincuenta canoas, a reforzar el Ticamaya y entrar en aquella decisiva batalla. Gonzalo había creado un básico sistema de espionaje entre los indios capturados por los españoles que conseguían escapar y los esporádicos soldados castellanos presos en diferentes tribus vecinas, de los que obtenía información a cambio de perdonarles la vida, muy estimadas por los hechiceros para sus sacrificios, pues no había mejor ofrenda a los dioses mayas que el coraje y valentía de un guerrero, y esos “castillan” demostraron tenerla. De esta forma supo de la llegada de los barcos al Valle del Sula, en las costas hondureñas.

El Indio de Palos (2)El desenlace era inevitable. Los españoles estaban prevenidos y escarmentados y venían dispuestos a terminar lo que tantas veces habían empezado.

No habría cuartel.

Las barcas ligeras de los soldados de Godoy cargaban con ballesteros y arcabuces, adentrándose en zona pantanosa. Las naves empezaron a disparar andanadas de cañón para despejar el terreno. Los jinetes, tan nerviosos como sus caballos, sujetaban firmes las riendas y la infantería de alabarderos, impaciente por saltar a tierra, apretaban los dientes ante el sonido de tambores y cánticos de guerra.

Entre tanto, los indios se iban situando, apostados entre las rocas, subidos a los árboles, parapetados en manglares. De repente comenzaron a escupir una lluvia de flechas cubriendo el contraataque de sus canoas. Los castellanos dispararon. Comenzó la lucha.

Algunos caballos desembarcaron otros no tuvieron tiempo. Las flechas y lanzas atravesaban la carne, la pólvora quemaba y agujereaba, las macanas rompían huesos y las espadas y machetes, junto con la metralla de los cañones, mutilaban y despedazaban. El río Ulúa empezó a cambiar de color con la sangre de la historia.

El Indio de Palos (3)

Cuando los españoles, confiados por su superioridad numérica y armamentística, decidieron que no sería necesario desembarcar más efectivos, pues la victoria se inclinaba de su parte (no en vano el verdadero Dios estaba con ellos), empezaron a llegar las canoas de Gonzalo. Aquel meandro del río, de repente, se cubrió de piraguas repletas de indios que, esperando la orden de su jefe, mantenían las cuerdas de los arcos tensas sin disparar aún sus proyectiles. Godoy, desde el castillo de su barco, frunció el ceño y, antes de que le diera tiempo a pensar, cientos de flechas ardiendo volaron hacia sus navíos.

El Indio de Palos (4)Las canoas se separaron. Unas fueron a ayudar a sus compañeros que luchaban en tierra y en la ribera del río, las otras se dirigieron a los barcos, algunos de los cuales tenían el velamen y la cubierta en llamas. Los arcabuceros se prepararon para rechazar a aquellos salvajes. El combate se intensificó.

Los mayas, con los cuerpos pintados de negro y rojo, las caras y las manos blancas, sus atuendos de rústico algodón y penachos de plumas, armados hasta los dientes y aullando como demonios, causaban en sus enemigos el efecto deseado. Miedo, desconcierto, nerviosismo. Algunos pudieron abordar los barcos y el combate cuerpo a cuerpo fue brutal, cuellos degollados, cabezas aplastadas…, algunos de esos indios robaban las armas de sus contrincantes y, ante el asombro y temor de los soldados españoles, las usaban con soltura y efectividad. Hasta Lorenzo de Godoy tuvo que desenvainar su espada.

En medio de aquella vorágine Gonzalo, de pie en su canoa y dirigiendo los ataques con un sable en la mano, reconoció, en un momento dado de la batalla, a un soldado. Estaba apostado en la cubierta inferior de aquel barco, cebando uno de los cañones con la cara medio tiznada de pólvora. Un tal José Panyagua, creía recordar, natural de Burgos. Fue compañero suyo en la campaña de Nápoles y en más de una ocasión se cubrieron las espaldas. Aquel recuerdo pasó por la cabeza de Guerrero abstrayéndolo, por un segundo, de aquella matanza. De repente Panyagua lo miró. Gonzalo, ajeno por un instante a su actual aspecto, creyó ver reconocimiento y sonrió levemente. El soldado lo apuntó con su mosquete y disparó errando el tiro…, parecía asustado. En ese momento una flecha atravesó su cuello, y junto con la vida de su antiguo amigo desapareció aquel último recuerdo de Gonzalo Guerrero.

Los españoles empezaron a ganar terreno. Con sacrificio y numerosas pérdidas fueron acorralando a los indígenas, haciéndolos retroceder. Gonzalo, sin embargo, luchaba en el río yendo con su canoa de un sitio a otro, ayudando a sus nuevos hermanos, matando a los viejos. Parecía un demonio poseído al que los dioses protegían, pues erguido en su barca, los cañonazos levantaban el agua a su alrededor sin llegar a tocarlo. Pero los dioses son caprichosos y, mientras Gonzalo gritaba, ordenaba, lanzaba mandobles con su espada cortando carne y partiendo huesos, una flecha de ballesta se clavó por encima de su ombligo atravesándolo. Gonzalo sintió como le desgarraba el estómago y le dejaba sin respiración. Ese momento de reparo que le hizo bajar la defensa fue suficiente para que un certero tiro de arcabuz reventara el pecho del que, en otros tiempos, fuera gran arcabucero. Fue este disparo el que realmente le mató.

Gonzalo cayó al agua. Sus guerreros, tras presenciar la mortal descarga, acudieron en su ayuda recuperando el cuerpoEl Indio de Palos (5) moribundo de su jefe. Los españoles estaban ahora machacándolos. A pesar de todo, la piragua que transportaba al palermo pudo llegar a la orilla, y sus fieles cargaron con Gonzalo replegándose, junto con los demás, hacia el interior de la selva. Allí, a salvo por un momento, depositaron su cuerpo en el suelo, sin moverlo demasiado. Estaba agonizando. Nadie intentó sacarle la flecha, no había ya nada que hacer. El gran agujero en su pecho era mortal de necesidad. Incompatible con la vida.

Gonzalo Guerrero miró su herida y, con su último aliento, pidió que siguieran luchando. Luego tosió, escupió sangre, y antes de expirar aún tuvo tiempo de susurrar que cuidaran de su familia.

Gonzalo Guerrero, natural de Palos de la Frontera (Huelva), soldado y marino español…, cacique maya…, murió en 1536 en Puerto de Caballos.

Los mayas se retiraron dejando el cuerpo de Guerrero en aquella selva. Cuando los soldados castellanos, más tarde, hicieron recuento de bajas lo confundirían con un indio más de los allí yacentes. Sin embargo, en una carta conservada en el Archivo General de Indias de Sevilla, escrita, el 14 de agosto de aquel año, por de Andrés de Cereceda (quien fue gobernador de Honduras, y que lucho en aquella batalla contra Cozumba), se relata lo siguiente: …”Como en el combate dentro del albarrada el día antes que se diesen, con un tiro de arcabuz se abía muerto un cristiano español que se llamaba Gonzalo (Guerrero), que es el que andaba entre los yndios en la península del Yucatán veynte años ha y más que este el que dizen que destruyó al adelantado Montejo; y como lo de alla se despobló de cristianos vino a ayudar a los de aca con una flota de cinquenta canoas y a matar a los que aquí estabamos antes de la venida del adelantado abra cinco o seis meses cuando yo hize justicia de ciertos caciques de la tierra como atras he tocado porque fui avisado de la trayción y junta que sobre paces tenia urdida; y andaba este español que fue muerto desnudo y labrado el cuerpo y en abito yndio”…

Al caer la noche, los hombres de Gonzalo fueron en busca del cuerpo de su jefe, que yacía tal y como lo habían dejado. Los mayas lo cogieron con respeto, el que se merece un gran nacom que ha partido finalmente hacia el Sol, y lo llevaron, casi en procesión, hasta la orilla del río. Allí lo dejaron flotar, con suma delicadeza, mientras la corriente lo arrastraba hacia la embocadura del mar. No hubo piras incendiarias ni enterramientos. Fue su último homenaje a aquel hombre que el océano trajo y que al océano devolvían.

Gonzalo Guerrero fue desterrado de la gloriosa historia de España. A pesar de ello, su existencia se conoce gracias a el relato de su compañero, Jerónimo Aguilar, y por las crónicas de algunos contemporáneos, especialmente Bernal Díaz del Castillo.

Durante mucho tiempo su nombre fue sinónimo de traición y se evitaba nombrarlo. Posteriormente, su tierra adoptiva, la verdadera para él, lo rescató considerándolo el padre del mestizaje mexicano. Siendo sus hijos los primeros mestizos de América fruto del amor por sus gentes y su tierra, y no de la violencia, el odio y la prepotencia de los invasores.

El Indio de Palos (6)Con el tiempo, Gonzalo Guerrero ha sido recuperado por unos y por otros. En México (Yucatán) tiene varios monumentos conmemorativos y plazas, en el Paseo de Montejo de la ciudad de Mérida, en Chetumal y en Cozumel (Quintana Roo). En España, para la mayoría aún sigue siendo un desconocido. Ni un vestigio en Huelva. En Palos un retrato perdido entre varios otros, en la antigua Casa Museo de Martín Alonso Pinzón y apenas una línea en la información publicada por la ciudad natal.

El Indio de Palos (7)A pesar de todo, cuando empecé a documentarme me sorprendí de lo que encontré. No sólo la variedad de textos clásicos sino la cantidad de estudios, publicaciones y escritos al respecto, alguna que otra novela e incluso un par de cómics. No es de extrañar, pues pocas historias de ficción tienen tantos componentes literarios como esta “True Story”. Lo raro es que aún no se haya llevado al cine, aunque tiempo al tiempo…, basta con que Hollywood se entere, y no precisamente la hermanada con Huelva.

En cuanto a la bibliografía consultada, aparte de lo apuntado en una de mis tantas “interrupciones” debo decir que ha sido un verdadero placer sumergirme en toda esa literatura, antigua y moderna, que ha absorbido por completo mi último mes, hurtando tiempo mientras trabajaba y apurándolo cuando no lo hacía. La experiencia, no obstante, ha sido gratificante y espero que para ustedes también lo sea, pues este relato ha ido creciendo solo, como si tuviera vida propia y, con la modestia y respeto que debo a cualquier otro que antes que yo (más o menos profesionalmente) se haya sumergido en el océano en busca de los restos de este personaje para estudiarlo, novelarlo, colocarlo en la historia o, simplemente, tenerlo como amigo durante un tiempo, mi intención ha sido que ustedes se emocionen tanto como yo, imaginando la vida de un hombre en un tiempo tan duro como fascinante.

Por esto, en vez de aburrirles con una extensa bibliografía de tipo académica (tampoco esto es ninguna tesis doctoral) creo más acertado comentársela un poco, especialmente aquella que he manejado y consultado.

Para empezar, citaré los autores contemporáneos a nuestro héroe, dos de los cuales tuvieron información de primera mano como son Hernán Cortés en sus “Cartas de Relación” y Bernal Díaz del Castillo, con su maravillosa “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”, totalmente recomendable incluso para deleitarse leyendo por puro placer. También de la misma época están López de Gómara, (aunque criticado por Bernal por escribir de oídas sin salir de España), que escribió “Historia General de las Indias y la Conquista de Mexico” y, por otro lado, la “Relación de las cosas del Yucatán” donde Diego de Landa, más tarde obispo del Yucatán, hará una crítica de las costumbres y creencias indígenas que, salvando su carácter apológico contra ellas, tienen un punto de vista antropológicamente interesante. Todo lo contrario en su exposición es Fray Bartolomé de las Casas con su fiel pero algo tediosa “Bellísima relación de la destrucción de las Indias” y, algo más tarde, Diego López de Cogolludo, se basaría en los escritos desaparecidos de Landa para escribir “Historia de Yucatán” e, igualmente, Fernández de Salazar se valió de las Cartas de Cortés y los escritos de Gómara para redactar un valioso tratado “Crónica de la Nueva España”.

Y no quiero acabar esta lista de textos clásicos (entre muchos otros, se entiende) sin citar la bella obra dramática en verso “La conquista de México” de Fernando de Zárate (ó Antonio Enríquez Gómez), una de las pocas epopeyas épicas escrita sobre el tema.

Hasta aquí, para no aburrirles, los textos clásicos, nombrándoles a continuación algunos más recientes como “Perfil de Indoamérica de nuestro tiempo” de Lipschutz (1968), “Gonzalo Guerrero, (apuntes para su biografía)” de José Armando Ceballos. Quintana Roo (1980) o “Lenguas, traducción y metáfora: relatos de la alteridad en tres crónicas de la conquista de México” de Valeria Añón, Universidad de Buenos Aires CNICT (2006). Y entre la novela y la historia está “Gonzalo Guerrero, Memoria olvidada. Trauma de México” de Carlos Villa Roiz (1995), original crítica al sometimiento conquistador desde la perspectiva de la supuesta hija de Gonzalo Guerrero, convertida ahora en doncella del obispo Diego de Landa.

El Indio de Palos (8)Ya en el terreno de la novela histórica pura y dura me topé, al menos, con cuatro obras (que no he tenido oportunidad de leer). “El futuro fue ayer” de Luca de Tena (1987), que da el protagonismo a Jerónimo Aguilar, “Gonzalo Guerrero” de Eugenio Aguirre (1991) y “Huracán Corazón del Cielo”, de Francis Pisani (1992), ambas basadas en la vida del Palermo. Y la más reciente y ficcionada “La última Profecía” de Álvaro Ancona (2008).

Para acabar, uno de los últimos hallazgos, entre el estudio y la novela, fue el de un paisano suyo, Salvador Campos Jara, que en 1995 parece ser que (al igual que yo ahora) se topó con Gonzalo Guerrero por casualidad. La diferencia es que el onubense citado convirtió la vida de nuestro personaje en motivo de su estudio, tesis doctoral y beca para un futuro libro, que desconozco si vio la luz, cuyo acertadísimo nombre sería “El hijo de los alacranes” (como lo envidio). Su trabajo se llama “Gonzalo Guerrero: elementos para la creación de un mito”. Universidad de Huelva (1995).

Por último solo citar, como curiosidad la existencia, al menos de dos cómics, uno de ellos “Conquistadores de El Indio de Palos (9)Yucatán” de Miguel Calatayud y Fernando Savater (1992), el otro creo que es francés “Guerrero l’etranger” de Maranzano y Camille le Gendre.

Y finalmente, como sorpresa para todos, una ONG de Huelva (única referencia que he encontrado en la capital) llamada “Gonzalo Guerrero”, parece ser que desde 1992 relacionada con Iberoamérica y no se si aún en activo.

No quiero acabar sin hacer algún apunte a las imágenes que he utilizado (al menos para que no me empapelen), las cuales también han tenido su curre. Varias tardes me ha sorprendido mi mujer frente al ordenador con los ojos enrojecidos en plan zombie y moviendo los dedos como un autómata, guardando imágenes como el que guarda dólares y que, ya imaginarán, para que sean más o menos acordes a la narración, han necesitado acumularse en una buena base de datos. Aprovecho, por tanto, para pedir permiso a los autores de las mismas, (pues cada vez que grababa una se me cortaba el cuerpo con la dichosa “protección”) ya que, aunque no se muy bien como funciona esto de los derechos y el copyright, mis intenciones son totalmente altruistas y, como pueden comprobar, no persigo ningún fin lucrativo más que el propio goce de la escritura y la lectura, por lo tanto espero que sea suficiente.

Enrique Carrillo.

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