La Huelva Cateta

La otra cara de Huelva

Posts etiquetados ‘Arquitectura’

San Pedro dos años después

Publicado por lahuelvacateta en Miércoles, 4 Noviembre 2009

Hoy hacemos dos años en la red de redes y acumulamos más de 300.000 visitas. Dos años en los que hemos intentado contar a los onubenses aquellas cosas de nuestra historia que la mayoría desconocen, haciéndoles ver, que también hemos tenido una interesante trayectoria en el tiempo, conocer nuestras raíces es conocernos a nosotros mismos. Pero a su vez, han sido dos años de quejas, de protestas, de inconformismo hacia todas aquellas cosas de nuestra ciudad que tanto nos molestan. Una queja es precisamente el origen de este blog, la que nos motivo a crearlo, el lamentable estado de uno de los monumentos más importantes de Huelva, la iglesia de San Pedro y sus alrededores.

Para este segundo aniversario queremos hacer como hicimos hace justo un año, recordar a los onubenses que dos años después continua lleno de pintadas, y con las malas hierbas campando por doquier dando una sensación de dejadez y abandono que resulta incomprensible. Tal y como dijimos en aquel momento, tan responsable es el “cateto” que lo pintarraquea (por ser generosos en el adjetivo descalificativo hacia los descerebrados que se encargan de ensuciar sus paredes con pintura en spray a base de “tags”), como las administraciones encargadas de su mantenimiento y limpieza, ya que son las que permiten que dos años después, no sólo siga igual, sino que se encuentre incluso en peor estado.

Hace un año en el artículo que publicamos avisando de nuestro primer aniversario y en el que volvimos a recordar cómo se encuentra San Pedro, uno de los comentaristas, Condal, hizo el siguiente comentario: “Sólo voy a añadir a lo que habéis dicho que espero que dentro de un año volváis a hablar de San Pedro, pero alabando su limpieza y su valor y el respeto que se le tiene por parte de onubenses (de “a pie” e instituciones) y de visitantes”. Lamentamos Condal no haberte podido dar la razón y haber tenido que volver a publicar el lamentable estado de San Pedro. Esperemos que este artículo anual no se convierta en célebre durante el tiempo que esperamos poder continuar con este blog, pero contando cosas positivas y de la historia de nuestra ciudad.

Ya lo hemos dicho muchas veces, pero no nos cansaremos de agradeceros a todos que sigais haciendo realidad este blog, sin vosotros no tendría sentido, pero sobre todo gracias a los colaboradores por sus interesantes y variados artículos y a los comentaristas por dar ese punto de vista que muchas veces se nos escapa.

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Casas Desaparecidas: La Casa de Los Garrocho

Publicado por lahuelvacateta en Sábado, 9 Mayo 2009

Ya hemos hablado anteriormente de los Garrocho, una de las familias más importantes de Huelva durante la Edad Moderna. Los miembros de esta familia se dedicaron a la carrera militar y eclesiástica, llegando incluso a corregidores de la villa de Huelva. Los Garrocho debían tener una casa principal como correspondía a su rango, y decidieron construirla en la calle La Fuente, llamada así por una fuente que surtía agua procedente del acueducto romano hasta bien entrado el siglo XVIII.

Esta calle se encuentra muy cerca de la plaza de San Pedro, lugar en el que se encontraban los centros de poder de Huelva en los siglos XVI y XVII: el castillo, la iglesia mayor de San Pedro y las Casas del Cabildo.  Pero en el siglo XVI se inicia una tendencia clara a continuar el poblamiento en la parte baja de la villa (la zona de la calle Concepción),  que con el paso de los años superará en importancia a la de San Pedro. Los Garrocho construyen su casa en la zona más baja de la calle La Fuente, un lugar cercano a San Pedro, pero no demasiado alejado del centro comercial de la ciudad.

Esta casa era un caserón de dos plantas, de los mejores que existieron en la ciudad. Tenía el escudo nobiliario de los Garrocho sobre su puerta, y un patio con arcos y alrededor del cual se disponían las habitaciones. Existen referencias sobre los “jardines” de la casa, así como de unas pinturas que celebraban los “triumphos gloriosos de esta Galeota de Huelva”, el barco capitaneado por esta familia y que se encargaba de librar a la ciudad del peligro de los piratas berberiscos.

Recreacion Antigua Fachada GarrochoRecreación aproximada de la fachada elaborada a partir de una descripcion, de una foto y de un dibujo.

Garrocho en el pasadoFoto: “El Castillo de San Pedro”, J.L. Gozálvez, P. 95.

Pues bien,  llegaron los años finales del siglo XX y la casa se mantenía en pie hasta que a algún “iluminado” se le ocurrió la feliz idea de que era un edificio inservible y sin valor, que debía ser derribado para ensanchar la calle.

Dicho y hecho, la casa de los Garrocho fue completamente derribada. El escudo de armas del portón fue desmontado y hoy puede ser contemplado en los jardines del Santuario de la Cinta. Su espacio se encuentra actualmente ocupado por un edificio de viviendas que en sus bajos tiene los estudios de RTVE Huelva.

Calle La FuenteNorthman.

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Huelva, encanto y desencanto

Publicado por lahuelvacateta en Domingo, 19 Abril 2009

Estimados lectores, la siguiente carta se muestra tal cual fue mandada a un periódico local (del cual no obtuve respuesta) entre finales de enero y principios de febrero aproximadamente, por lo cual parte de su contenido queda un poco desfasado. No obstante, antes de puntualizar algunos de sus comentarios con la intención de actualizarlos, me parece oportuno que la lean tal y como fue redactada, conservando así la primera impresión que un tuerto en un país de ciegos se pudiera haber llevado.

Por otro lado, espero sepan disculparme, si puedo parecer reiterativo (algo que no me gustaría) ya que algunas líneas les sonarán al haber aludido con anterioridad a ellas, pero, tras comunicárseme su inminente publicación (les recuerdo que formaba parte del anterior artículo) creí conveniente esta aclaración.

Gracias por anticipado.

Huelva, encanto y desencanto

Lo primero que pensé cuando llegué a Huelva hace unos meses fue “vaya, no está tan mal” Acostumbrado a vivir en ciudades más o menos grandes y monumentales (por mi trabajo) estaba preocupado con este último destino, pues entre las capitales andaluzas no es de las más afamadas, contaminación aparte. Aunque conocía Huelva por estar de paso, me sorprendí gratamente de un cierto cambio hacia un incipiente cosmopolitismo urbanita, barrios nuevos y modernos, plazas y avenidas aparentemente cuidadas, amén de las virtudes ya conocidas de la provincia (gastronomía, naturaleza, etc.).

Cuando, a finales de septiembre, fui a alquilar mi apartamento en la calle Puerto, lo primero que hice, al verla completamente destripada, fue preguntar a un operario cuando acabarían las obras, y volví a sorprenderme “en una semana”. Que diligencia, pensé, mientras veía día y noche cantidad de gente esmerándose en concluir.

Luego tras pasear durante días e insuflarme de la idiosincrasia de la ciudad empecé a convencerme de que, a pesar de no ser especialmente rica en su patrimonio histórico-artístico tenía cierto atractivo: el legado inglés y minero, su situación entre rías y marismas, algún que otro edificio curioso… Pero bastó con que pasaran un par de semanas para desmontar toda ilusión, y me explico: La competencia y esmero en reabrir la calle Puerto, espoleada claro está por las numerosas críticas a su retraso, se mostró como algo excepcional dada la dejadez de los meses posteriores, en los que las obras que debían continuar en el acerado brillaban por su ausencia. Las vallas en las aceras, la plaza del Mora Claros cerrada como depósito de escombros y máquinas, y el eterno e incomprensible andamio de la UGT (¿alguien podría informarme cual es su función además de estorbar y afear?) como parte tristemente integrante de uno de los pocos núcleos arquitectónicos interesantes del centro de Huelva, eran, desgraciadamente, lo único que permanecía y permanece en esta pequeña y céntrica calle que, sin embargo, se asemeja más bien a una Castellana o Alcalá por el tiempo que lleva y llevará en acabar su intervención, dada la intermitencia de los trabajos.

Por otro lado, no puedo ocultar mi decepción y disgusto cuando paseo y observo atentamente el espacio en el que me muevo, algo que me gusta hacer, ya sea por deformación profesional o auténtico placer, y encuentro verdaderos atentados contra la cultura y el pasado de este pueblo. Y digo esto porque, a pesar de todo, aún quedan rincones y calles trufados de bellísimas edificaciones que pasan desapercibidas entre desafortunadas construcciones (algunas bastante recientes) que intentan sobrevivir a la ruina resignadas a que alguna constructora las haga desaparecer o, en el mejor de los casos, las rehabilite transformándolas en un pastiche al que, sin ningún tipo de escrúpulos ni impedimentos, se le añade un piso destrozando cualquier posibilidad de salvación. Ustedes son onubenses, y a mí estas aberraciones me duelen como si lo fuera, por lo que, si bien se puede comprender que, en una época en que el respeto al patrimonio era algo gratuito e inconveniente, se mutilaran edificios modernistas y clasicistas para abrir en sus bajos nefastos escaparates y se prolongaran sus hermosas fachadas con abominables áticos funcionales (algo muy arraigado en la ciudad y cuyo mayor paradigma esta en el hotel Paris), lo que no puedo llegar a entender es que hoy, en pleno siglo XXI, se sigan cometiendo semejantes barbaridades, con el negligente beneplácito público y la apatía de unos ciudadanos tan agradables en su trato como indiferentes con su cultura; y para comprenderlo paséense por la calle Alonso Barbas adyacente a San Pedro, por citar un ejemplo de lo que, aún hoy, se sigue permitiendo.

A toda esta masacre patrimonial habría que añadir una increíble desidia en las obras públicas ya que, tras leer en varios periódicos locales como a las autoridades competentes se les llena la boca alardeando de las subvenciones conseguidas para inversiones públicas y adecentamiento urbano (véanse las numerosas opciones barajadas para peatonalizar la Gran Vía) las obras de la plaza Doce de Octubre, corazón de la ciudad, lleva meses congelada, con sus vallas interceptando el paso y el tráfico, desluciendo cualquier perspectiva urbana, impidiendo el uso y disfrute de los ciudadanos y dejando que los materiales que no se han llegado a utilizar (losas, pavimentos, bancos, etc..) se marchiten hacinados a la intemperie entre temporales de frío y lluvia.

Sinceramente, tengo ganas de acabar mi trabajo e irme. Dicen que ojos que no ven corazón que no siente, que quien ignora no sufre, y que del arte, la cultura y la estética no se come. Quizás tengan razón y la sensibilidad solo sea un lastre, pero seguramente sin ella ustedes no tendrían la oportunidad de conocer ciudades como Florencia, París, Barcelona y un largo etcétera… y, sobretodo, dejarse el dinero en ellas.

E. D. Carrillo

Posdata: A 7 de Abril de 2009, puedo y debo matizar ciertas cosas.

La primera que, tras ocho meses (sin contar el tiempo anterior a mi llegada) presenciando, al entrar y salir de mi casa en la calle Puerto, el perenne y estéril andamio en la fachada de la UGT, andamio doblemente inexplicable ya que, aparte de no tener más uso que tapar un interesante palacete costumbrista, afear la calle y estorbar a los transeúntes (pues durante el tiempo que llevo aquí jamás vi a nadie en él) estos aparatajes pertenecen a empresas que los alquilan por días (prefiero no saber quien habrá subvencionado tanto gasto inútil), pues por fin, antes de partir unos días por Pascua, vi que lo estaban desmontando. Cuantas veces me habrá escuchado mi pobre pareja blasfemar al respecto, al menos podré disfrutar un poco de su vista antes de marcharme.

Por otro lado, las interminables obras de la calle Puerto parece que han llegado a su fin, no obstante, debo apuntar algo que tiene relación con ambas cosas. Cuando empezaron a abrir el acerado la primera vez pensé: bien, finalmente tendrán que acordarse de desmontar el dichoso andamio de marras, pues, tanto para trabajar en lo que debieran hacer, así como cambiar el enlosado, sería inevitable tal operación. A medida que avanzaban en los trabajos veía, con incredulidad, como se abría toda la acera excepto el tramo comprendido por él, y cuando un día, incapaz de contener mi asombro, le pregunto a un operario por su posible y lógico desmonte la contestación fue tan diáfana como significativa: “a nosotros nos han dicho que de aquí a aquí (señalando la envergadura de la instalación) como si no existiera”. De modo que ahora, recién acabadas las “faraónicas” obras de una calle con apenas cincuenta metros, la renovada vía goza de un flamante y moderno acerado (más lo que haya por dentro) salvo, claro está, la parte que no existe, un parche de unos siete u ocho metros que, como una cata arqueológica, recordará siempre el preciado tesoro de una acera, si bien vieja, maltrecha, parcheada y sucia, convertida ahora en vestigio histórico a falta de mejores ejemplares.

Puede que las casas modernistas, costumbristas, racionalistas y, en definitiva, históricas de la ciudad no merezcan conservarse, la verdad es que ya no se adecuan a ninguna unidad estilística u homogénea (puesto que se las han cargado casi todas) por lo que, como con acierto fonético ha bautizado un colaborador, son los mondongos los únicos que unifican, pero, desde luego, no se le puede reprochar al Ayuntamiento su sensibilidad para con un andamio que, ya puestos, podría haberse adoptado como una nueva torre Eiffel, un Guggenheim o la pirámide del Louvre (a falta de otros monumentos..) en vez de retirarse poco después, y, sobretodo, su delicadeza por dejar ese testigo visual de los diferentes estratos “aceriles” para que todo viandante pueda pararse a reflexionar, cuando se percate del cambio, sobre los diferentes gustos históricos de las aceras urbanas a lo largo de las décadas.

Por otro lado, el resto de mi artículo sigue, por desgracia, en plena vigencia. Despropósitos y aberraciones arquitectónicas y patrimoniales aparte, lo más alucinante sigue siendo la plaza Doce de Octubre. Supongo que no tendré la misma suerte que con el andamio de la UGT. No he visto un solo movimiento cuando llegué y no lo veré cuando me marche, espero que sus onubenses hijos puedan verla acabada. Aunque, si la idea es dejarla tal cual como si de una moderna y vanguardista “instalación” se tratara, no se puede negar que “original” sería, además, al fin y al cabo, ya está pintarrajeada de grafitis como bautizo monumental…, se ve que ni los burracos (otro apropiado invento fonético que he leído) han podido resistir la impaciencia.

Atentamente.

Carrillo.

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Continúan los derrumbes

Publicado por lahuelvacateta en Miércoles, 15 Abril 2009

Ante el gran número de comentarios sobre el tema, hemos decidido crear una nueva entrada con la noticia aparecida en el Huelva Información el día 15 de abril de 2009.

Ya hace unos días que la información acerca de una casa derribada en la calle San José había aparecido en diferentes partes del blog en forma de comentarios de nuestros lectores (Colabora, Carta a Huelva, etc). Hoy se confirma la noticia: un edificio de estilo racionalista construido por el prestigioso arquitecto local José María Pérez Carasa en 1937, concretamente el número 17 de la calle San José, ha sido derribado cuando debía ser conservado, ya que la Gerencia de Urbanismo había ordenado el mantenimiento de su fachada.

Fachada demolida en la calle San José. Foto: www.huelvainformacion.es

Tal y como reseña el diario Huelva Información: “Esta obra de 1937, destinada en sus orígenes a casa de renta y construida por iniciativa de Placido Rodríguez Álvarez, resume el gusto de su arquitecto, José María Pérez Carasa, por el juego de volúmenes y la complejidad en la composición de huecos. Según la guía de arquitectura del Colegio Oficial de Arquitectos de Huelva estábamos ante un edificio racionalista de gran belleza. Constaba de dos plantas, se organizaba una vivienda en planta baja y dos en planta primera. Disponía de un lavadero mancomunado en la azotea, resuelto a modo de torreón, componiendo volumétricamente la fachada. Destacaba el gusto y la elegancia en el empleo de los materiales y la compleja composición de huecos.”

La noticia que aparece en prensa en el día de hoy no es nueva en realidad. El edificio lleva varias semanas derruido, después de mantenerse en pie la fachada mediante un “chapucero” andamiaje durante mucho tiempo. La empresa constructora, que paradojicamente se llama “Ciudad Ideal, S.L.”,  deberá pagar una multa que en cualquier caso será de una cantidad irrisoria. El mismo artículo apunta una sanción de aproximadamente 6000 euros, que además de ser insignificantes para una constructora supone un acicate para aquellas empresas constructoras que encuentren impedimentos económicos en la conservación de otras fachadas de edificios de la ciudad.

Vergonzoso. En esta ciudad parece que no se aprende nunca.

Northman y Sr. Rubio.

Fuente: www.huelvainformacion.es

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Carta a Huelva

Publicado por lahuelvacateta en Lunes, 6 Abril 2009

Hace algunas semanas que, de forma esporádica, leo vuestro blog, el cual conocí mientras buceaba en la web en busca de un poco de luz que explicara (y resalto explicar porque justificar sería imposible) algunos de los incomprensibles atentados que, con alarmante constancia y sin un lógico paréntesis temporal, se vienen cometiendo, desde décadas, en el patrimonio cultural de esta ciudad.

No soy onubense, es más, apenas conocía la capital exceptuando alguna visita rápida de paso por los lugares colombinos, por lo que siempre tenía a Huelva, y perdonen la sinceridad, por el patito feo de Andalucía. No obstante, el afán natural que tengo por encontrar el idiosincrásico atractivo que cada ciudad (donde circunstancial y temporalmente me toca vivir por trabajo) puede tener, me llevó a apreciar más esta pequeña capital que, si se sabe mirar, posee, al menos, una exclusiva personalidad en ciertos aspectos. Pero precisamente esta observación más atenta es la que me hace ver la cantidad de despropósitos y aberraciones que han ido acabando con un patrimonio que, gracias a la expansión demográfica y florecimiento de la burguesía entre el XIX y pp. del XX, podría ser de los más homogéneos de esta época en la comunidad andaluza.

Pero lo peor no es lo que se ha hecho, algo que me apena profundamente cuando veo las abominables mutilaciones y desapariciones que indiscriminadamente y sin más criterio que la ignorancia, la desconsideración y el provecho rápido, se han ido cometiendo en edificios y lugares realmente emblemáticos, sino lo que, increíblemente, se sigue haciendo aún hoy, con la alevosía y desprecio de unos, la concomitancia y beneplácito de otros, la negligencia e incompetencia de pocos y la pasividad y apatía de muchos.

Señores del blog, soy natural de Ronda, he vivido muchos años en Granada, Florencia, Úbeda y Baeza y el centro de Madrid, he trabajado en Cáceres y otras ciudades de indudable índole monumental, no sólo porque en algún momento histórico fueron importantes, sino porque sus autoridades y ciudadanos tuvieron la sensibilidad e inteligencia de conservar su Cultura. Ahora cada vez que salgo a la calle me cuesta muchísimo abstraerme de lo que veo y, a medida que voy conociendo la historia de Huelva, me voy disgustando más. Lo que antes pasaba desapercibido ahora me salta a los ojos por lo que es y, sobretodo, por lo que pudo ser. No consigo entender, por ejemplo, como una corporación tan importante en la materia como el Colegio de Arquitectos (para más inri) ha podido hacer semejante aberración en uno de los edificios más singulares de Huelva de forma totalmente gratuita (menos mal que sus colegas aparejadores tuvieron mayor sensibilidad), o como se permitió en fecha relativamente reciente que se cargaran de esa forma el único edificio de envergadura monumental del centro “Hotel Paris” o Casa de la Bola, cuya nominación por los exclusivos ¾ de cúpula esférica que coronan su torre ya no tiene sentido al perderse su perspectiva con ese horroroso ático de dos pisos que aumenta su inadvertencia.

Tampoco tiene moderna explicación la nefasta costumbre local de derrumbar casas y edificios históricos para reconstruir auténticos “pastiches” que imitan penosamente las fachadas ya inexistentes (algo que, sinceramente daña el sentido estético del menos pintado) o, en el mejor de los casos, lo vacían por completo sin ninguna necesidad, dejando solo la fachada edificio en Plaza de las Monjas o, “antesdeayer” sin ir más lejos, el edificio de la Vasco-Navarra en la calle Marina, por poner solo dos ejemplos) con el único objeto de hacer una obra nueva más cómoda y rápida de construir, cuando lo normal, legal e incluso “comercial” es hacer las reformas convenientes conservando la estructura (plantas), entradas, escaleras y otras partes nobles del edificio. A esto habría que añadir las constantes fachadas que, tras apuntalarse, se pierden de edificios más pequeños pero igualmente interesantes (calle San José) o los, también usualmente retranqueos de factura local que “alargan” como un chicle fachadas que, supuestamente, deberían tener algún tipo de protección (calle Alonso Barbas), o proyectos tan provincianos y carentes de gusto como lo que se pretende hacer en el antiguo y centenario mercado, por dios ¿una plaza porticada de estilo castellano?, ¿no sería más inteligente conservar, al menos parte de su fachada (y por ende de su historia) e integrarla en un proyecto inteligente y moderno?

Pero lo que más me apena e indigna y, sinceramente, más me cuesta entender es el completo desinterés del onubense por su propia ciudad, por su cultura y por su historia. Esa total apatía mezcla de ignorancia y desidia, incapaz de comprender que el crecimiento y modernización de una ciudad debe ser equilibrado, estético y respetuoso con su patrimonio, que si éste desaparece, desaparece su historia y se convierte en una urbanización más carente de interés. Que disfrutar de una ciudad bella es gratis para el que vive en ella y es, precisamente, lo que hacemos cuando nos gastamos el dinero para visitar otras ciudades que han sabido comprenderlo. Que nuestra casa no sólo está de puertas para adentro, sino también afuera y no podemos permitirnos tirar la basura y mirar para otro lado. Que el sol y las terrazas están muy bien pero no es suficiente.

Llevo aquí cinco meses y me iré dentro de cuatro. Hace tres meses escribí una carta que mandé por mail a un periódico local y que no me publicaron, no sé si por su extensión o por lo anteriormente citado. Les agradecería que la publicaran donde creyesen conveniente, ya que muestra mi impresión, la de un foráneo que le gusta ser de donde vive, y que, matizada y ampliada con este escrito (ya que el tiempo no pasa en balde, y menos aquí) ayudase a abrir un poco los ojos a los posibles lectores que, con similares inquietudes, visiten este blog, ya que mi intención lejos de ofender a nadie es la de hacer una crítica constructiva pues, como ya he dicho, mientras viva aquí me siento un onubense más… aunque ciertas cosas me duelan más que a la mayoría de mis circunstanciales paisanos.

Carrillo.

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Otra casa… al carajo

Publicado por lahuelvacateta en Domingo, 8 Febrero 2009

Pues sí, ha vuelto a ocurrir, un edificio del siglo XIX acaba de convertirse en un magnífico solar listo y preparado para ser ocupado por un estupendo mondongo hormigonado. La casa derribada es la que albergaba el célebre comercio Chaguaceda en la calle Concepción. El dueño del negocio, Juan Antonio Chaguaceda, contaba al diario Odiel que el edificio “fue declarado en estado de ruinas y nos vimos obligados a abandonarlo previo acuerdo económico con los propietarios“, todo ello tras 40 años de alquiler en la calle más céntrica de Huelva.

derribo-chaguaceda2

Junto a ella existió hasta hace unos años, un caserón de similar tamaño (y posiblemente época) con una entrada adornada con columnillas que soportaban un arco sobre la puerta. Esa casa (una de mis preferidas) fue convertida en escombros y sobre su solar se construyó lo que hoy es Springfield. Su vecina aguantó unos cuantos años más (cerrada y pintada entera de blanco para disimular su ruina), pero con el tiempo también ha sucumbido a la piqueta para dejar paso a una “Huelva mejor”…

El que quiera ver una casa parecida en estructura, pero con más adornos y detalles en la fachada que la desaparecida, puede contemplarla justo enfrente de la iglesia de la Concepción.

Ahora sólo nos queda esperar a ver con que churro nos sorprenden….

Northman.

Foto: El Niño de la Ría.

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Conclusiones desde una ciudad… fea

Publicado por lahuelvacateta en Viernes, 26 Diciembre 2008

Me imagino que muchos os quedasteis con la curiosidad de saber como discurrió la mesa redonda “Huelva: La estética de una ciudad…¿fea?”, ya que no pudisteis acudir a la misma por diversos motivos. Ofelia y un servidor asistimos a la misma a modo de corresponsales de La Huelva Cateta, y lo que se expuso, lo tenemos más que trillado en los artículos que desde este blog lanzamos.

Se comentó que a principios del S. XIX sí existía en Huelva un núcleo urbano, que no era Venecia, pero que tenía una singularidad nada desdeñable. Durante esa época la villa aumenta en población, emigrantes que venían atraídos por la reciente capitalidad y la explotación de las minas. Esto hace que la ciudad crezca, y lo haga como todas las ciudades del mundo, pero encorsetada por una serie de elementos topológicos de carácter natural (ría, cabezos, marismas) y artificiales (vías ferroviarias). Esta población se va asentando en barrios de carácter más humilde, y la ciudad va creciendo hacia La Vega Larga-Carretera de Gibraleón y la Huerta Mena-Ctra. De Alcala de Guadaira.

calle-joaquin-costaLa hecatombe urbanística se produce con el Polo de Desarrollo, construyéndose vivienda barata de manera rápida e improvisada para acoger a los obreros que venían a trabajar a las fábricas y a los nuevos servicios creados en la ciudad. Los barrios creados (Pérez Cubillas, La Orden,….) están totalmente desvertebrados de lo que fue la villa de los siglos XVIII y XIX.

Durante esos dos hitos producidos en la villa-ciudad, ésta pierde elementos de valor que la hacían diferente tanto desde el punto de vista arquitectónico como paisajístico. Se tiran edificios únicamente con criterios economicistas y se comienzan a destruir los cabezos y a contaminar la ría.

En los últimos quince años hemos asistido a una época de bonanza económica, en la que se desarrollan una serie de planes parciales que tienen en su haber la articulación de la desmembrada ciudad, y una peatonalización de la zona centro. Y en su debe figura la eliminación de más cabezos, la destrucción de edificios con cierta solera y el dudoso remozado de otros tantos.

Durante todo momento se intenta buscar justificaciones y culpables. La administración, la más cercana en este caso es el Ayuntamiento, se ve forzada durante estas dos centurias a reconciliar los intereses económicos de carácter externo e interno con los intereses de la población tanto autóctona como inmigrante. Lo cierto es que dichas decisiones tuvieron su componente negativo en cuanto a la urbe y su entorno se refiere, pero sirvieron para mitigar las necesidades más perentorias de la población tanto en la zona más antigua de la ciudad como en los nuevos barrios creados.

Entre los participantes de la mesa redonda destacar las exposiciones e intervenciones de la profesora Dra. María Antonia Peña (les he propuesto a los redactores-jefes del blog su fichaje, pero dudo que tengamos dinero para ello). D. Alfonso Aramburu, ¿que contar?, en su línea y con su experiencia, es el abuelo político que hubiese querido tener para que me contara cosas de Huelva. Por parte del colegio de arquitectos, su decano D. Gonzalo Prieto, quién piensa que Huelva tiene muchas posibilidades tanto urbanística como medioambientalmente. Sería deseable que cuando visen un proyecto tengan en cuenta el impacto “mondonguístico” de los ladrillitos a colocar. Y por último, el arquitecto de la gerencia municipal de urbanismo, Sr. Arias, que resaltó la vertebración de Huelva en esta última década, saliendo indemne de la faena ya que no le hicieron demasiada pupa con la construcción durante el mismo periodo de plazas duras, mondongos y demás fuentes de dudoso gusto, así como posibles alusiones a los cabezos caídos en el combate.

La conclusión a la que se llegó es que Huelva es una ciudad fea. Todos estuvieron de acuerdo en afirmarlo. No obstante, el moderador de dicha mesa, que lo había, no podía dejar tan mal sabor de boca entre la cincuentena de asistentes, y pidió consejos para el futuro. Los consejos eran obvios y mismamente los suscribo e incluso pongo énfasis en ellos.

En primer lugar hacer una fuerte labor pedagógica con la población de Huelva, de manera que desde chiquititos sepan lo que fue esta ciudad, lo que dejó de ser y en lo que se convirtió al dejar que las decisiones se tomaran única y exclusivamente por unos cuantos “déspotas ilustrados”. Se debe posibilitar la opinión y acción de sus ciudadanos a través, no ya exclusivamente desde las urnas que dan acceso a la alcaldía, sino desde las asociaciones de vecinos, haciendo posible que sea una ciudad confortable de la que la gente no huya cada fin de semana. Y por otro lado, tener claro que las cosas no son blancas o negras, que existe una inmensa escala de grises. Se nos ha tenido acostumbrados a pensar que forzosamente había que elegir entre progreso o medio ambiente, cabezo con el hospital de los ingleses o Hipercor, modernidad o iglesia de la Soledad, etc. Pues no señores, el cabezo de los ingleses podría no haberse tirado y el Hipercor se podría haber colocado en otro lugar. El progreso se debe buscar sin eliminar las marismas, y así un largo etcétera.

En definitiva, onubenses, o los que así os hacéis llamar, el futuro de lo que ha de ser esta ciudad está en parte en vuestras manos. Podéis bajar la cabeza y que las cosas sigan igual, pensando que con ello tendréis el pan o la PSP de mañana, o denunciar lo que no os gusta con objeto de que cuando salgáis a vuestra calle o fuera de la ciudad os sintáis orgullosos de la misma, y con esta segunda opción tampoco faltará pan ni PSP. Nos evitaremos títulos poco agradables, como el que dio el escritor Guillermo Cabrera Infante en una entrevista al diario El Mundo en el año 1999 en la que contestó a la pregunta de cuál era la ciudad menos acogedora que conocía, con una hiriente respuesta: “Es Huelva. La han declarado inhóspita. No entiendo cómo Juan Ramón Jiménez pudo nacer ahí”.

Josema.

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Huelva: La estética de una ciudad…¿fea?

Publicado por lahuelvacateta en Martes, 16 Diciembre 2008

Hace unos dias nuestro amigo “Cateto” dejaba este comentario en la sección Colabora:

Hoy aparece en el Huelva Informacion un anuncio sobre una charla-conferencia que puede interesar a mucha gente. Dejo aquí la información:

Huelva: La estética de una ciudad…¿fea?

Participan:

Mª Antonia Peña, Profesora de la UHU
Gonzalo Prieto, Decano del colegio de Arquitectos
Alfonso Aramburu, Arquitecto y Pintor
José Arias, Arquitecto de la Gerencia de Urbanismo

Jueves, 18 de diciembre – 20:00 Horas
Salón de actos Fundación Social y Cultural Caja Rural del Sur
c/ Alcalde Mora Claros, 6-8

Desde aquí queremos darle las gracias a “Cateto” por la información, y al mismo tiempo dar publicidad a esta conferencia para que todos aquellos interesados en el tema puedan acudir. Sería interesante preguntarle a estos señores acerca de los “mondongos” y de tantas plazas de Huelva tan acogedoras, así como de otros muchos temas relacionados con el urbanismo que tratamos en la página.

La Huelva Cateta.

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San Pedro un año después

Publicado por lahuelvacateta en Jueves, 6 Noviembre 2008

Hace justo un año (y dos días para ser exactos) comenzábamos nuestra andadura por la red de redes con un post de presentación que empezaba así: Somos un grupo de amigos que sentimos pasión por nuestra ciudad y nos duele ver cómo suceden y se hacen cosas verdaderamente detestables, impropias de una ciudad con tanta identidad.”

Para nuestro primer artículo hicimos valer nuestra carta de presentación y decidimos dedicarlo al deplorable estado de los exteriores de la iglesia de San Pedro. A decir verdad, éste fue uno de los detonantes de la fundación del blog, ver el penoso y consentido estado del monumento más importante y antiguo de nuestra ciudad, testigo de varias culturas y que había sido recientemente reformado haciéndolo valer como siempre se había merecido.

La dejadez de sus alrededores y sobre todo los grafitis que invadían su fachada (o los tags como nos apuntaron en su día) eran las principales causas de nuestra crítica, dando a relucir la imagen de la incultura y la irresponsabilidad. La incultura (o catetismo) de aquellos que destrozan nuestro escaso patrimonio con maldad e ignorancia; y la irresponsabilidad de aquellos que permiten que permaneciese así, y son varias las instituciones implicadas en este hecho.

Ese fue el motivo de nuestro primer artículo, y desgraciadamente un año después no sólo sigue en ese estado sino que ha ido a peor y por eso queríamos volver a hablar de la Iglesia de San Pedro en nuestro primer aniversario. Aquí dejamos una muestra de la dejadez que reina en el recinto:

1muro-de-san-pedro

2escaleras-de-san-pedro

7hierbajos-en-san-pedro

Mientras que los responsables se ponen de acuerdo sobre a quién corresponde arreglarlo y cómo hacerlo, “los artistas” de los tags (para evitar ofender a los grafiteros) siguen pintarraqueando vilmente nuestro más importante edificio histórico.

4trasera-de-san-pedro

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Valga de nuevo nuestra crítica y llamada a la atención, esperemos que tenga solución en breve espacio de tiempo como ya tuvieron en su día algunas de las quejas que hemos llevado a cabo en este sitio de protesta durante todo el año. Seguiremos al píe del cañón con vuestra inestimable colaboración. Nuestro correo electrónico: lahuelvacateta@gmail.com

Sr. Rubio.

Fotos: Northman y El Niño de la Ría.

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El Ayuntamiento de nuestros abuelos

Publicado por lahuelvacateta en Martes, 27 Noviembre 2007

Daré un ejemplo de la desidia onubense, esa dejadez que tanto nos caracteriza y nos ha caracterizado a lo largo de nuestra historia. Es un caso antiguo, pero que no está mal que sepamos de él, ya que nos hará comprender mejor nuestro pasado. Me refiero al antiguo Ayuntamiento.

Los onubenses no tuvimos un ayuntamiento en condiciones hasta la segunda mitad del siglo XIX. Antes de tenerlo las reuniones del cabildo se realizaban, en los primeros tiempos, en la iglesia de San Pedro, en la misma Plaza de San Pedro e incluso en el Castillo-fortaleza de los Condes de Niebla (del que hablaremos próximamente). Tuvimos casas capitulares en la plaza de San Pedro y a fines del siglo XVII en la plaza de las Monjas. Pero hasta la segunda mitad el siglo XIX no tuvimos un Ayuntamiento en sí, un edificio apropiado para sus funciones. Estaba situado en la, por aquel entonces, bonita “Calle del Puerto”, repleta de edificios característicos de la bonita arquitectura onubense. En la foto de a continuación podemos ver a la izquierda el edificio de la Diputación Provincial, también de bella factura, y junto a él, el antiguo ayuntamiento.

La falta de espacio hizo que se hicieran numerosas reformas y ampliaciones hasta que la creciente población onubense necesitó de un edificio de mayores dimensiones y se tomó la acertada decisión de construir el actual en la Plaza de la Constitución, un bonito edificio inaugurado en 1950 siendo los autores del proyecto Herrero y Sedano y con un estilo escureliense, inspirado en la España imperial.

¿Pero qué pasó con el antiguo? Durante unos años alojó a “La Huelva Farmaceútica” un almacén de productos farmacéuticos y después… lo de siempre: Fue derrumbado junto con la Diputación y construyeron un “pestiño” de edificio, con un “precioso” pasaje que une la calle Puerto con la calle Isaac Peral. Lo más destacable del pasaje es su “sofisticada” iluminación, todo un prodigio.

¿Por qué no conservar los dos edificios (el de la diputación y el del ayuntamiento) como se hizo con el Palacio Mora Claros, el Colegio de Arquitectos, La Botica o el edificio de la UGT (antigua clínica)?. Algunos dirán: “eran otros años en los que no se prestaba atención a eso…”. Es triste que no hayamos podido conocer esos edificios y otros muchos, pero lo más triste es que seguimos actuando de la misma manera.

Sr. Rubio

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