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Crónicas de Verano: Oteando desde la sombrilla

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Miércoles, 30 julio 2008

Varón, de entre 50 y 60 años. De alta estatura y oronda figura, no menos de 120 kilos de pureza. Con bigote fino y cuidado que casi une ambas mejillas. De pelo corto, pero se le adivina una incipiente calva debajo de esos ralos y largos cabellos delanteros, de tono moreno, que coloca de izquierda a derecha, de sien a sien, como queriendo disimular esa brillante y reluciente alopecia galopante, a buen seguro embadurnada de crema protectora de al menos factor 20.

Son aproximadamente las 7 de la tarde y nos encontramos en Punta Umbría. Nuestro personaje, al que voy a denominar Nemesio para evitar cualquier posible coincidencia con su nombre real (que desconozco), se dirige sin camiseta y con un bañador azul que le llega hasta las rodillas a una de las duchas públicas ubicadas a lo largo de toda la playa con un bolso-neceser debajo del brazo.

Nemesio deja el neceser en un banquito que hay en el recinto de aseo y se dirige con decisión a darse un buen remojón en una de las duchas. Oprime el pulsador y lleva a cabo su higiénica depuración cutánea. Hasta ahí todo normal, pero el siguiente paso es el que me llama la atención: una vez que Nemesio tiene el cabello húmedo, se acerca a su neceser y saca de él un pequeño bote que para mi sorpresa resulta ser champú. Vierte una cantidad sobre su mano izquierda y procede sin reparo a lavarse la cabeza.

Kyane

Foto que corresponde a una de las playas de Badalona, autora: Kyane.

Una vez finalizada esta segunda tarea, continúa con su ritual, aclarando el jabón que hay sobre su cuero cabelludo. En este preciso instante, una niña de entre siete u ocho años se acerca a las duchas y se coloca en posición de “coger la vez” para que quede claro que ella es la siguiente. La niña es nerviosa como corresponde comprensiblemente a su edad así que no deja de jugar y bailar. El presumible padre de la niña desde su sombrilla, observa lo impaciente de ella mientras espera a que una de las dos duchas se quede libre, así que se aproxima a su hija para hacerle compañía y así de paso cuidarla y tranquilizarla. Otra cosa me llama la atención del padre, y es un gran artilugio de llamativos colores, entre amarillos, verdes y rosas, que porta en mano.

Nemesio que ha terminado de enjuagar su cabeza, se arrima nuevamente a su neceser y en esta ocasión coge una pastilla de jabón de toda la vida. Es entonces cuando comienza con el enjabonado de todo su cuerpo. A estas alturas Nemesio se ha convertido ya en el centro de atención de toda la playa, o al menos de todas las sombrillas que dan a las duchas, y de por supuesto, el chiringuito que se encuentra a tan sólo cinco metros de él. Nuestro amigo no tiene reparos en enjabonarse con saña cada uno de los recovecos de su rechoncho cuerpo, y toma posturas que rozan incluso lo soez para poder alcanzar esas zonas que no le permite su corpulencia, no dudando en abrir su bañador azul para enjabonar sus partes nobles. Mientras tanto, el padre, que en una mano continúa llevando ese curioso artefacto, ha cogido a la niña de la otra mano y los dos se han convertido en espectadores de excepción del espectáculo que Nemesio brinda a los bañistas de Punta Umbría.

Finalizado el enjabonado, nuestro personaje aclara el jabón que cubre su voluminosa figura (de nuevo abriendo si es necesario el bañador azul) y una vez acabado recoge su pastilla de jabón, la coloca en el neceser y se dirige al servicio de caballeros. En este instante es cuando el padre y la niña pueden hacer uso de la ducha. La niña se da un baño rápido de menos de 20 segundos y se apea de la plataforma para observar con ansia y nervios como su padre abre un tapón del artilugio y lo llena de agua. Entonces entendí que se trataba de una sofisticada pistola de agua de enormes proporciones. Terminado el llenado del aparato, el padre hace una especie de “bombeo” con la pistola y dispara un chorro a presión del líquido elemento a su hija, que riendo corre a su sombrilla mientras la persigue el padre.

Es en ese momento cuando sale Nemesio del servicio de caballeros, esta vez con un bañador gris oscuro y con su neceser en la mano. Camina hacia la hilera de tablas y abandona la playa.

Lo más curioso es que al día siguiente, Nemesio apareció a la misma hora e hizo lo mismo, pero en esta ocasión no estaba ni la niña ni el padre para dispararle un merecido chorro de agua fresca.

Sr. Rubio.

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