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Catetadas Rocieras

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en jueves, 28 mayo 2009

Cierto es que la peregrinación a la ermita del Rocío no se produce exclusivamente por parte de los habitantes de Huelva. Desde todas las provincias andaluzas llegan miles y miles de personas que se dan cita por unos días en la aldea del Rocio, cercana al pueblo de Almonte, para festejar el día de Pentecostés, que se celebra en honor al descenso del Espíritu Santo y los inicios de las actividades de la Iglesia Católica. En realidad, la palabra sólo quiere decir “el quincuagésimo día” y es, efectivamente, el día 50 después del domingo de Resurrección. Como podemos ver, todas estas fiestas giran en torno a tradiciones religiosas muy arraigadas.

Es en la ciudad de Huelva donde se produce una de las mayores expresiones de esta fiesta con la salida de las hermandades, sobre todo con la hermandad de Huelva el jueves, que inician el denominado “Camino del Rocío”. En los días posteriores la ciudad se ve desprovista de gente, más de lo habitual, dado el éxodo masivo hacia la aldea.

Y es que resulta paradójico que una ciudad tenga su fiesta grande (pese a no ser exactamente suya ya que es originalmente almonteña) a varios kilómetros de su término municipal. Habitualmente los pueblos y ciudades tienen sus fiestas en los alrededores, sin embargo la fiesta mas grande de Huelva, o casi, se celebra en otro lugar distante al que acuden miles y miles de ciudadanos, entre otras cosas a dejar sus buenos dineros en otros lugares. Se alegará que otras ciudades también acuden a la Romería y estarán cargados de razón quienes esto digan. Pero ¿me pueden decir qué fiesta se conoce más fuera de Huelva: Las Colombinas o el Rocío? Sin embargo Sevilla, que tambien acude al Rocío masivamente, es conocida por su Feria de abril, Córdoba por sus patios, Málaga por su feria de agosto, Jerez por la Feria del Caballo o Cádiz por los Carnavales. Huelva por el Rocío.

Esta paradoja me lleva a confirmar lo que otros blogueros han escrito más de una vez en este espacio: no hay huelvanos que se sientan de aquí. Viven aquí, comen aquí, duermen aquí, pero no sienten que son de aquí. Prefieren, en este caso, trasladarse durante una semana a una aldea a 54 kilómetros, a beber, a cantar, bailar y otras cosas. Y es en la fiesta que más se invierte, mucho más que en la Semana Santa o en Las Colombinas. Como anécdota contaré que hace años se estableció un nuevo banco en esta ciudad. Los responsables de tarjetas de crédito del banco llamaron a su nueva sucursal para preguntar si había ocurrido algún problema en Huelva porque habían detectado un incremento inusitado del uso de las tarjetas de crédito y que estás agotaban todo su disponible. Les tuvieron que explicar que se trataba simplemente “Del Rocío”. De ahí que me contara un amigo, directivo de un banco local, que podía decir a que banco pertenecían las carretas que iban pasando por la calle.

El sentido de esta reflexión no es criticar el dispendio, a mi entender desmedido, que se produce en esta época; es sencillamente expresar mi asombro por la dedicación que se produce hacia una fiesta foránea, y no juzgaré su contenido religioso aunque creo que de ese contenido le queda muy poco. Es atestiguar, una vez más, el poco arraigo que tenemos hacia nuestra ciudad. Es la dejadez de las autoridades que pierden el poco pelo que les queda por retratarse con las hermandades que parten de Huelva. Es que digan que el Rocío es la “fiesta de Huelva”. Es esta serie de cosas las que me resultan asombrosas. Y es la catetez de muchos cuando dicen que van a ver a “La Blanca Paloma”, identificando a la Virgen del Rocío con Dios en su advocación Santo en forma de paloma. Eso da una idea de lo poco “religioso” que resulta el evento y lo poco que les importa a los rocieros que sea una paloma o una Virgen las que vayan a adorar.

Añadiría, para tocar todos los palos, que para estas fiestas religiosas no hay Cotos de Doñana que valgan, ni especies protegidas, ni linces ibéricos ni nada que se le parezca. Carreteras no, Rocíos sí, es la consigna. Además cerramos la ciudad a cal y canto, para una fiesta que no es nuestra, mientras que cientos de caballistas ronean de sus monturas alquiladas mediante visas variadas.

Todo eso me parece cateto, aunque, hay que reconocerlo, muy espectacular.

Gabriel Martín 2009.

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