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Homenaje al Niño Migué: impresiones profanas

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en miércoles, 11 noviembre 2009

El homenaje al Niño Migué vino tarde. Y no lo digo por los veintipico minutos tarde que llegó el alcalde. Sino porque hacía años que se tendría que haber hecho una cosa como esta. Avejentado, pero limpio y con corbata, Miguel Vega de la Cruz más conocido como el Niño Migué, abrió el acto. Después de tantos años de conciertos por los bares y las aceras, el mejor guitarrista que ha dado hasta ahora nuestra tierra se enfrentó a un abarrotado pabellón de deportes.

Homenaje Niño Migué

Las dos primeras filas estaban reservadas, como suele ser habitual, para los que cortan el bacalao. Yo no sé si fue casualidad o porque alguno de ellos llegó primero y pilló el sitio, pero en la primera fila se veía la plana mayor de ambos partidos. A la derecha, todo el PSOE: Oña, Petronila, Bago y otros muchos que no conozco ni nadie me va a presentar. Decentemente separados por un pasillo, la primera fila a la izquierda todo el PP: el alcalde, Remesal el concejal de cultura, la concejala de asuntos sociales,… y no me preguntéis más que tampoco los conozco a todos. Es de agradecer que en esta ocasión no hubiera ningún sitio libre, porque si hay algo doloroso para los que pagamos una entrada, es ver esas sillas-protocolo vacías y muertas de risa.

Pero el Niño Migué cogió la guitarra y eso fue suficiente para que un silencio majestuoso se produjera delante del artista genial, de la leyenda, del mito.

Un hombre abrazado a una guitarra donde el tiempo y el espacio pierden su nombre. Sin cante que le arrulle, sin más palmas ni compás que aquel que se lleva dentro. Los ojos cerrados como los niños que no saben nadar, aferrado a una guitarra como a una tabla que sobrevive al naufragio, tan inestable y tan necesaria que sus manos no supieron asirla con firmeza… y su dedos, caracoles del recuerdo y del olvido, discurrían entre las cuerdas como una ansiada caricia.

Hablaron del Niño Migué, bonachón y tímido de la calle. De la guitarra con la que grabó ¿vals flamenco? y que esta noche utilizó con hombría y destreza José Luis Rodríguez. Del genio que en los años 70 estaba en el grupo de los mejores guitarristas de la época. Pepe de Lucía le cantó:

Ay, Agüelo, pare y tío,

de los buenos manantiales,

Miguel,

ay, nacen los buenos ríos

Pero en el fondo hay un silencio, una Laguna Estigia que pocos saben dónde está. Una historia frustrada de la que no se habla apenas: la vida, todo lo que tuvo el Niño Migué y se lo quitó la vida.

En la primera fila han puesto a todos los políticos porque tienen que aprender mucho de lo que es la dignidad que da el sentimiento de un trabajo bien hecho. Cantaba José Mercé:

A mí no me engaña nadie

con mentiras ni con penas

ni con suspiros al aire.

Por favor, que tomen buena nota los responsables de nuestros destinos. Que cuando un hombre tropieza y se cae de bruces en la calle no pierde la dignidad. La dignidad la perdemos nosotros cuando pasamos por su lado y nos da fatiga darle la mano y ayudarle a levantarse. Quienes miramos hacia otro lado, quienes sabemos buscar excusas, la vista en el reloj, tal vez suena un móvil… y somos incapaces de reconocer el dolor de la persona que alza una mano buscando ayuda.

Los que nunca cayeron de bruces en plena calle no saben lo que siente aquel que cayó, ni que existen las piedras para tropezar, ni que todos tenemos la misma posibilidad de caer. Esta noche recuerdo a esos seres anónimos que se marchitan en las aceras sin fuerzas para extender una mano y pedir ayuda, mientras nosotros pasamos ajenos al dolor.

Juan Carlos Romero, magnífico guitarrista de Huelva, conoció a los ocho años a un Niño Migué que tenía unos veinte años.  Nos habla del talento de Miguel y de su persona, una persona que merece la pena. Nos cuenta que le vida le ha quitado todo al Niño menos dos cosas: la sonrisa y las ganas de tocar la guitarra; algo milagroso. Y le desea salud, y que la vida le sonría a partir de este día.

Nadie ha hablado de las espantás, de la falta de formalidad en televisión, leyendas que cuenta la gente; nadie habla de lo que la miseria esconde, aunque en la calle muchos dicen que dicen que dijeron que la droga, mientras otros argumentan que una enfermedad mental que no tiene más cura que una medicación permanente y cuidados y atenciones de todo tipo;  más que las que le hacen falta a un niño chico.

Los que han triunfado le mandan sus saludos y sus mejores deseos y están aquí presentes para apoyarlo y para contribuir a que su vida mejore. Pero, ¿dónde están aquellos que compartieron sus horas más amargas? Compañeros de fatigas, no de éxitos, que como algún Simón de Cirene sostuvieron durante unos breves instantes la cruz que arrastra el Niño Migué en el camino de su pasión.

Estrella Morente, inmensa, cantó:

Lo que la boca no habla

Lo publica el corazón

Todavía hubo muchos y muy buenos artistas. Y yo, que como he dicho, sólo soy una profana que pide disculpas por expresar aquí sus impresiones, me levanté antes de tiempo en busca del calor de mi hogar. Todavía se desgarra mi memoria con ese pellizco que te pega en el corazón el flamenco.

El día 18 de noviembre está previsto que en el festival de cine se estrene un documental sobre la vida de Miguel Vega de la Cruz.

Canta José Mercé:

Esta noche voy a ver

La voluntad que me tienes

Si no te vienes conmigo

Ay, flamenca,

Tú no me quieres.

La Pitoña y Cecilia.

Vídeo: Condemolt

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