La Huelva Cateta

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Vengo a por lo del anuncio

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en domingo, 30 mayo 2010

…vengo a por lo del anuncio, hijo, hágame el favor, que llevo ya más de una hora esperando y tengo la circulación mu mala pa estar tanto rato de pie. Y que están entrando toas las que han llegao despues que yo, y a mí no me llama naide. Y aquí están entrando unas mocitas mu guapetonas, pero créame si le digo, que yo vargo tanto o más que ellas juntas. Porque yo llamé por teléfono antes de venir, que he tenío que cambiar lo del cintrón pa estar aquí a mi hora, y a mí me dijeron que no hacía farta hacer ná malo, que el trabajo este era solo y exclusivamente pa hablar por teléfono. Y a eso, a mí, no hay quien me gane. Mire usté que mi madre quería ponerme Eugenia, que es el nombre de una reina mu famosa o algo así, pero el bruto de mi padre se esquivocó estando en el juzgao, y me puso Eulalia. Tendría yo quince añillos cuando vino un cura nuevo al pueblo y le dijo a mi madre lo que el nombre quería decir: que charla bien. Y como pa aquellos entonces ya se veía venir cómo era yo, mi madre se fue pa mi padre con la espargata en la mano diciéndole «Hijolagrandísima, pos ya que te esquivocaste, haberle puesto Angustias como tu agüela, que por lo menos nos habríamos librao deste run-run tor santo día que no calla». Asín que fíjese usted si sé hablar bien yo o no.

Y lo otro que pedían en el anuncio del pediórico era lo de la experencia. Pos mire que yo tengo ya 72 años; si quiere má experencia que yo, búsquela en el cimenterio, porque las niñas esas que no han cumplío los 20 no la van a tener como yo.

Yo le digo mi verdad: apuro sí que me da de hablar de esas cosas, usted ya mentiende, digo delante de gente que no he visto nunca, ni las voy a ver, porque delante de mi marío, pobrecito, y de mis amigas y mis vecinas y mis cuñás… lo que haga farta. A mí es que me gustan estas cosas de charlar y a mi marío antes, cuando todavía sabía quién era yo, le hacían gracia. Ahora no, que le dio una cogestión y el pobrecito se ha quedao consumiíto, consumiíto en sus güesos y el pellejo. No tiene fuerzas ni pa reirse. Asín que usted por mi marío no se preocupe, que él no se va a enterar de ná; mejor asín, que no se entere. Porque si se diera cuenta de lo que hay, estiraba la patita hoy mismo. Figúrese usted, toíta la vía luchando, p’acá y p’allá, estrozaíto, que me cogió la artrosis hasta en las pestañas, los años tan malos que nos tocó vivir, como los burros que van con anteojeras mirando siempre palante con la ilusión de nuestra casita y poner a nuestros niños en su sitio. Eso es lo que más trabajito cuesta, educar a los niños en la vergüenza y el respeto. Hacerlos hombres de provecho, que no le deban ná a naide y miren con la cara levantá.

Y ahora se da una cuenta de esto, que to aquello que hicimos no ha servío de ná. Los hijos…¡qué desengaño más grande!  Que es por eso que estoy yo asquí, por defender lo que es mío, que me hace mucha fartita el dinero.

Porque mi chico, que mardita sea la leche que mamó que se la dí yo de mis entrañas, nos ha dao una puñalá mu grande. Hará cinco añillos que dice el mozo de arrejuntarse con una. Mi niño, con su carrera que se la dimos a base de pellizcos y su trabajito en un banco. Y ella, una pelandrusca que dice que sabe mucho de ordenadores. (¡Ay, Jesús, pa qué habré mentao yo ruina)

Pos que mi marío, y yo también (¿pa qué vi a engañarme?, yo también) le insistimos mucho al niño que no se fuera arrejuntao, sino que se casara como Dios manda. Y la pelandrusca dijo que vale, pero que ella, pa casarse, llevaba un piso en condiciones. Figúrate tú la boda, el viaje a Canecún, los afotos, el traje… pero lo que nos dió la puntilla fue el piso. Porque mi niño puso el piso a pagar en cincuenta años, que se dice pronto, y el banco le dijo que de avalismo pusiera la casa nuestra, de mi marío y mía.

Luego vinieron en seguía los churumbeles,  las discursiones, y las crisis, y la hipoteca empezó a subir y mi niño dijo que no llegaban entre los dos pa pagar. Fue entonces cuando a mi marío le dio la cogestión, por eso no se enteró de que el niño y la pelandrusca se han separao, ella se ha queao con el piso y los churumbeles, él duerme en el sofá de mi casa y to lo que gana es pa pagar la hipoteca de los cincuenta años, y yo estoy asquí porque no quiero que un día venga el banco a llevarse mi casa, que es el avalismo del piso de la pelandrusca, y mi marío con la cogestión y mi niño en el sofá. Asín que ya me puedes ir dando el trabajo…

La Pitoña.

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