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Detrás de cada limpiadora, hay una historia

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en viernes, 18 junio 2010

Detrás de cada limpiadora hay una historia de amor, que a menudo suele ser trágica. Esa mujer que ves cada día acarreando una enorme bolsa de basura donde se mezcla el microcosmos de nuestros deshechos, no es menos digna que nosotros, los que llenamos la bolsa a fuerza de compresas usadas, latas de coca-cola, papeles, pañuelos de los mocos, vasitos de plástico de café, restos de patatas fritas y bocadillos o –quién sabe- tal vez algún preservativo usado con premura en algún cuarto de baño.

Esa mujer que quita nuestra mierda, no es más mierda que nosotros.

A veces sucede que ella era una mujer hermosa, y donde hoy ves huesos reventados por la artrosis, hubo en otra época un cuerpo joven y firme que vibraba con la pasión y con los besos, igual que tú hoy los gozas.

Nunca leyó a Garcilaso y sin embargo, supo coger de su hermosa primavera el dulce fruto.

Pero el tiempo pasó; cada golpe del reloj le hizo daño y transformó su porte de princesa, se perdió el perfume de su piel en un laberinto de arrugas. Y cuando cambió el amor por la soledad, no quiso quedarse sentada esperando que le hablaran de igualdad ni de derechos; las manos hechas para dar caricias empuñaron con valentía una fregona; las caderas que antes habían guardado el secreto de una vida nueva, tuvieron que conformarse con soportar el dolor.

No trabaja para realizarse como persona ni para ser igual al varón. Trabaja porque es consecuente con sus actos, valiente, digna, decidida y verdadera. Porque tal vez tiene hijos a su cargo o porque necesita cobrar el día de mañana una pensión.

La mano de las caricias no es un cuenco que pide limosna, ni un dedo acusador, ni un golpe mal dado en el rostro. La mano de las caricias sigue sosteniendo al niño que mama de su pecho, poco importa qué edad tenga ahora ni cuáles sean sus necesidades. Su mano lo sostiene y lo acuna, y araña la vida para darle lo mejor.

Pero tú y yo no lo vemos, porque esta mujer lleva un uniforme de limpiadora que borra sus rasgos y su historia.  Es muy triste llorar por amor, pero más triste es no tener tiempo para llorar, sólo el trabajo, sólo contar euro tras euro, lo necesario.

La biblioteca universitaria de Huelva ha abierto recientemente una sala de trabajo en grupo, con lo que ha aumentado la capacidad de puestos de lectura. Actualmente abre durante la noche por ser período de exámenes. El personal de limpieza sigue siendo el mismo que antes, dos personas.

La flor y la nata de los que el día de mañana serán nuestros titulados universitarios van dejando un rastro de chicles y colillas y café derramado en la puerta, y de vasos, coca-colas, pañuelos usados de los mocos, más vasos derramados de café, restos de bocadillos y un largo etcétera dentro de la propia sala de lectura.

Si algún estudiante piensa que las limpiadoras están para limpiar todo lo que ellos ensucien y que es indigno recoger un vaso de café para que caiga dentro de una papelera, yo no pienso callarme la boca y dejar de decirles que su formación universitaria está incompleta: les falta educación y vergüenza.

Tendría muchas razones para callarme, entre otras, que no soy quién para decir nada, el miedo y que a mí no me afecta. Sólo tengo una razón para hablar, permitidme que no la diga… las heridas antiguas sangran cuando uno menos se lo espera.

No pongo fotos por vergüenza.

La Pitoña.

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