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Tiendas de móviles… no todas son iguales, pero se parecen mucho

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en jueves, 8 julio 2010

En una tienda de móviles entró sofocada una señora de estas de permanente, tinte y medalla de la virgencita del Rocío.

-Buenos días.

Respondimos al saludo un anciano que miraba con envidia un sillón giratorio colocado sobre una base alta y en el que no podía subirse y yo, que estaba siendo atendida en esos momentos.

Dirigiéndose a una de las 3 dependientas –jóvenes que lucían su talla 36 mediante apretada camiseta- y obviando al joven ejecutivo y/o jefe que daba vueltas por detrás del mostrador con aire de estar muy ocupado, volvió a decir:

-Buenos días, ¿puedo hacerle una pregunta? Es que, mire Usted, yo tengo con esta compañía dos móviles de contrato, y además un tercer móvil de tarjeta. Pero como se lo dejé a mi hermana y me compré uno nuevo, querría cambiar a la nueva tarjeta toda la agenda que tenía en la vieja. ¿Eso me lo hacen aquí o dónde tengo que ir?

La chica que me atendía desde hacía veinte minutos y que era la que más próxima estaba a la señora, le respondió sin dejar de hacer lo que estaba haciendo:

-Eso no se puede, señora.

-¿qué  quiere decir que no se puede?

-Pues que no se puede…

-Yo tengo aquí mi móvil y las dos tarjetas…¿cómo que no se puede?

Un par de minutos más tarde, la dependienta alzó la vista por vez primera desde que empezó la conversación. Y le respondió con desgana.

-Porque lo tenemos prohibido. Figúrese que se pierde toda la información. Entonces nosotros seríamos responsables…

Varias veces más insistió la señora, y varias veces más la dependienta monísima y jovencísima, insistió en que no podía ayudarle.

Por fin la señora, sintiéndose ofendida y maltratada, salió refunfuñando de la tienda.

-Desde luego, que ahora mismo me voy a otra compañía y cambio todo lo que tengo. ¡qué barbaridad.

Tras cerrarse la puerta –esto no tiene mérito, porque era una puerta automática- la dependienta dijo a una de sus compañeras:

-¿Te has fijado? Y encima se enfada. Pues que se vaya, ya volverá… no se ha enterado ésta que todas las compañías son iguales.

“Beatus ille”, dijo la Pitoña. Feliz aquel que no necesita móviles, ni Internet ni tanta nueva tecnología. Yo, si por mi fuera, dejaba de usarlos todos y me iba a vivir al desierto como eremita. Es cierto que cada selva cría sus propios leones, pero los nuestros, se están volviendo cada vez más agresivos y peligrosos. ¿Desde cuándo es normal que entre una persona en un establecimiento, diga buenos días y casi nadie le responda? Absorta en lo que estás haciendo a través del ordenador, apenas levantas los ojos para mirar al cliente. Llevas más de veinte minutos atendiéndome y no habremos cruzado tú y yo más de quince palabras. Todo lo haces a través de la pantalla… y como yo no veo lo que haces, tengo la impresión de que no haces nada. No digo que no saludes al cliente a conciencia ni por maldad, ni que yo me sienta aquí como una extraña. La culpa es o debe ser de la pantalla, que te absorbe y te mete dentro y te aísla del mundo exterior. El trato que recibe el cliente es inhumano, impersonal, frustrante. Y lo peor es que tienes razón, no eres tú, son todas las tiendas de móviles y todas las compañías. Además está el edificio, en qué estaría pensando el decorador-diseñador al no poner unos sillones decentes para que espere todo el mundo. Acaso piensa que es agradable esperar de pie, o es que no sabe que para cualquier gestión se tarda media hora. Un sillón que es la percha de un loro. Desde luego, beatus ille.

La dependienta intentó excusarse:

-No digo yo que no tenga Usted razón… pero a mí también me tratan así en todos los sitios: en Bershka, en Zara…

-Hija mía, concluyó la Pitoña, a ver si algún día vas a un lugar donde el comerciante te trate como merece una persona de verdad, que sólo vas dos veces y ya te reconoce, te saluda por la calle, te trata por tu nombre, te pregunta por la familia, intercambiáis pareceres sobre la crisis, el Gobierno, el Mundial y todo lo que se ponga por delante. Ya verás la diferencia, ya verás qué bien te sientes.

-¿Y dónde está ese sitio?

– Los hay a montones. Pero te nombro sólo uno, y otro día me cuentas qué tal la experiencia: El Nuevo Mercado del Carmen.

La Pitoña.

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