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Pequeño Homenaje a Francisco Garfias

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Miércoles, 26 enero 2011

Moguer, la luz con el tiempo dentro.

Es la primera frase que leemos al llegar a Moguer, un verso de Juan Ramón. Y luego, por sus calles de espirales contradictorias nos encontramos con nuestro Moguer de hoy. Colores que se funden en un crisol de culturas. Gente morena y ceceante que ríe y se aferra al orgullo por su patria chica. Cabellos de un rubio nórdico que estallan como un latigazo. Negro crujiente, moruno especiado. Blanco moguer de atardeceres verde y fresa. Quieto y en marcha. Montemayor o pequeño lugar que enamoró a un Premio Nobel, que enamora día a día a cualquiera que pase por allí.

Juan Ramón lo convirtió en mito. Y nosotros, los que bebimos del Nobel, los que nos emborrachamos de Juan Ramón, besamos por Moguer sus pisadas.

Y Francisco Garfias, el poeta que nació en Moguer después de Juan Ramón. El otro poeta de Moguer y gran enamorado de la obra de Juan Ramón.

Años turbulentos que la desmemoria histórica no acierta a restaurar. Francisco Garfias nació en1921. Y el terremoto de una guerra incivil en el corazón de un niño de quince años.

Francisco Garfias, el poeta, murió hace hoy tres meses, el 26 de Octubre de 2010; sirva esta pequeña selección entremezclada de sus versos para intentar conocerlo mejor y a modo de pequeño homenaje:

 

“¿con qué palabra o lágrima contarlo?”

“Niño de pueblo(…)

Sol en los geranios.

Ritmo de mecedora y de piano”

“mi madre hace encajes negros

junto a la puerta del patio”

(…) “¡Qué pequeña  la historia de mis días!”

“Era un cielo chiquito y envolvente (…)

en un sabor a carne de membrillo”

“Pobreza, no. Lo dije. Ni riquezas.

Cierta estrechez y un digno y reposado

señorío andaluz. Sí, lo confieso.

Y es válida la fórmula. Tan cierta

y honrada, amigos como la del hambre.

Teníamos – ¡perdón!- el lujo mínimo (…)”

“(…) Recuerdo el hondo

frescor del patio, el rechinar cansado

del carrillo del pozo, el delirante

espejo de la cal, el clarín duro

de un gallo retador (…)”

“Dios en la fruta verde y en el vino,

en el iris del ojo y en la danza

inconclusa y abierta de los cuerpos”

“un laberinto existencial surgía

de la exacta medida de mi pecho”

“Y en esta sinrazón apresurada

el Amor fue perdiendo su mayúscula”

“¿y cómo sujetar los horizontes

o detener la luz de los crepúsculos?”

“Un mundo sin milagros. La esperanza

fue una aguja de invierno en su desnorte”

“Renuncio

a decir la verdad que no sabría.

La noche me ha poblado las palabras

y apenas si me queda el desaliento”

“Y de pronto, la muerte. Su sentido. “

“Te doy las gracias, muerte,

porque me has permitido madurar”

 

Textos entresacados de sus obras “El horizonte recogido” de 1949 y sobre todo de “La duda”, con el que ganó el Premio Nacional de Poesía en 1971.

Conchi.

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