La Huelva Cateta

Desde 2007 batallando por una Huelva mejor

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Sobre Huelva. Un proyecto de ensayo. Y Capítulo 4

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Miércoles, 23 abril 2014

LA CIUDAD

Dices: “Iré a otra tierra, hacia otro mar
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,
Y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.
Donde vuelvo los ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí”.

No hallarás otra tierra ni otro mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad es siempre la misma. Otra no busques -no la hay-
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra.

Constantino Cavafis

 

La tradicional minería, agricultura y pesca fue de repente sustituida por el polo químico y este fue el motor que sacó a Huelva del retraso y la pobreza que la asolaban desde siglos. Vendimos nuestra alma a la industria a cambio de un futuro mejor pagando por ello un precio que seguirán pagando nuestros hijos. Nuevos misterios se diluyeron en el olvido como la brutal incidencia de cáncer de tiroides y pulmón en la zona o niveles de radioactividad propios de catástrofes nucleares, pero nadie sabe nada a ciencia cierta, ni médicos ni universidades, ni “responsables” políticos…rimas y leyendas.

De esta manera el progreso y el dinero brotaron de nuevo en la comarca pudiendo muchas familias escaparse de la emigración al norte y criar a sus hijos con salarios dignos. Después comenzó el pelotazo urbanístico y el polvo de ladrillo fluyo por despachos y costas arrasando centros históricos y playas semivírgenes. Pasear por Cartaya en agosto llegó a parecer una película de los hermanos Marx me cuentan. Y cuando el  imperio tartésico volvía a resurgir, de repente, casi todo se fue derrumbando. Explosión de la burbuja inmobiliaria, endeudamiento de la economía nacional, ERES… y poco a poco el pack completo: hasta tengo la sensación de que incluso conoceremos el hambre. La decadencia del imperio en versión 2.0. Destrozamos lo mejor de nuestra provincia a cambio de algo que de repente se está esfumando ante nuestros ojos. No vamos a preguntarnos en que se gastó el dinero en épocas de vacas gordas, ni a buscar culpables pues no hay nada nuevo bajo el sol. Todos. Unos pocos y otros muchos.

En conversaciones en la charcutería o la peluquería ya se escuchan otra vez diálogos como los de antaño, sobre tal hijo que se fue al norte de Europa a trabajar, sobre fulanito que está en Madrid con su hermano mayor a ver si le sale algo, todo ello mezclado con Sálvame y 150 gr de York. Y lo malos que son los políticos que pese a todo seguiremos votando.

En bares y parques se habla sobre el primo que vive en Inglaterra y sabe hablar inglés pero lo más importante siempre son los partidos del Recre o lo bueno que es Messi. La política es un rollo.

Hablamos y nos quejamos de nuestros políticos pero al mismo tiempo seguimos encontrando tiempo para vivir y ser felices, para escapar de la sensación de que todo se derrumba en esta ciudad herida de muerte. Esa es nuestra fuerza y a la vez nuestra perdición.

Detroit era la ciudad del motor y un bastión de la economía estadounidense durante décadas. Todo en la ciudad dependía de los coches porque sus habitantes trabajaban en la industria automovilística. Esta especialización de su economía fue lo que condeno a Detroit a la desolación actual y a la bancarrota cuando la industria no supo aguantar en los tiempos de la globalización. No hay que ser muy listos para sacar conclusiones ¿Verdad?

Año tras año se contempla como la ciudad implosiona lentamente, como cada vez hay más jóvenes paseando a sus hijos pequeños un lunes por la mañana, se ve la desesperación de la gente que hace colas en el paro, en centros de salud abarrotados y con poco personal… hasta el antaño orgulloso Pablo Rada está forrado de carteles de pisos que se venden, ya no solo en los balcones de los pisos de veraneo como antes de la crisis.

Se palpa la antesala de la anarquía en ciertas relajaciones del orden y sus fuerzas. En la relatividad moral y en la vuelta a ideologías utópicas y anacrónicas.  La corrupción se filtra por todo el sistema. La rabia ciega. Las ratas…

Por eso es cada vez más triste volver a casa, es siempre hermoso pero últimamente acongoja ver como la enfermedad avanza siguiendo puntos de referencia que el tiempo y la memoria señalan sin margen de duda.

Sin embargo la entropía no debe ocultar ciertos rayos de esperanza y el margen de cambio que sin duda necesita nuestra tierra lo pueden traen las nuevas generaciones de onubenses, tanto nacidos aquí como de corazón, que por primera vez en muchísimos años se sienten orgullosos de lo bueno de serlo y aportan otra forma de entender lo que tanto necesita la provincia. También estas señales están ahí para el que las busque.

Están en las aldeas de la sierra que nativos que vuelven de otros países y gente de fuera están comprando y rehabilitando con filosofías nuevas y a la vez muy antiguas como autosuficiencia, filosofía Low, comida orgánica, cooperativismo, etc.

Comunidades que colaboran y rescatan formas de vivir más humanas y a la vez tecnológicas. Me fascina ver esas aldeas donde se imparten talleres para aprender a tejer alrededor de una chimenea, en donde a través de un portátil alimentado en parte por un panel solar la familia comercia con productos artesanales, donde los niños vuelven a correr entre encinas y animales. Entendiendo que otro turismo es posible lejos del dominguerismo playero.

Están a nuestro alcance todas las piezas para salir del agujero, tenemos en la red toda la información para dejar de ser la “Huelva Cateta” y creo que con sentido crítico, sentido del humor y  buen hacer  podemos (si queremos) dejar de serlo.

Emprendedores y gente con ideas nuevas y coraje es lo que necesitamos más que nunca en el sur y no más vividores corruptos ni envidiosos cobardes y estúpidos. No lo mismo de siempre en este cortijo. No más eslóganes sin fondo ni etiquetas vacías. No habrá futuro con ellos porque es una ley básica de la biología: cualquier organismo que no controle a sus parásitos está condenado a la extinción.

Y no tenemos excusa porque si ahora nos quejamos de que los tiempos son duros y no hay nada que hacer sólo tenemos que fijarnos en aquellos héroes que siempre hubo entre nosotros, gente que sí hizo lo que creían que había que hacer en tiempos muchísimo peores, con valor y pasión.

Conozco la historia de esos primeros movimientos ecologistas que se fundaron por gente amenazada en su hogar y trabajo por su lucha, organizaciones que acabaron tristemente fagocitadas por charlatanes.

Ahí está el historiador Antonio José Martínez Navarro y su monumental obra, contra viento y marea, luchando entre el desconocimiento (de unos pocos) y el reconocimiento.

Y qué decir de nuestro recién estrenado académico de la Lengua Española y su impresionante biografía, merecedor de un justo homenaje en su tierra natal. ¿Sabéis de quien hablo? ¿Verdad?

Daniel López  enseña al mundo entero la belleza del cosmos con sus fotografías y Timelapses arrasando en la red y enamorando a la mismísima NASA con la belleza del trabajo que realiza desde Canarias. ¿Cuantos onubenses se pierden el asomarse a su blog y emocionarse con su obra?

Por último (señalando que hay muchísimos casos más, casi en cada familia a lo largo de la historia reciente) está el ejemplo de muchos de mis profesores del colegio Público Marismas del Odiel que con su  proyecto lograron que hijos de gente trabajadora tuviese una educación excelente. Por culpa de ellos conocí los poemas de Miguel Hernández, las obras de teatro de Alberti y las chirigotas por carnavales ya que no sólo de fútbol y matemáticas viven los niños. Y siempre recordaré con cariño a Lola, “mi profesora” con mayúsculas porque ella fue la primera que me animo a escribir pese a lo mucho que a veces la decepcionaba.

He conocido a mucha gente decente y trabajadora, gente que lleva la alegría y el saber vivir en la sangre y que con su trabajo diario sostiene la estructura real de lo que aún nos mantiene en pie. Además de los onubenses que han tenido que emigrar. Y pese a los errores que nos condenan a todos en alguna medida por lo que hicimos y dejamos de hacer pienso que las nuevas generaciones no tienen la culpa de nuestra ignorancia y desidia. Por eso al menos deberíamos intentarlo.

Por todas estas cosas aunque la marea baja claramente, depende de nosotros que vuelva a subir, en una pleamar que traiga prosperidad para Huelva y viva felicidad a sus habitantes.

Porque pase lo que pase la ciudad seguirá embelesada en el eterno ocaso mirando sus marismas, cual esfinge en trance. Ella ve las innumerables idas y venidas de sus gentes como torbellinos en las corrientes del tiempo. Porque ella es indiferente al tiempo y a los cambios.

Porque ella porta la belleza del olvido.

Huida crepuscular

A través de marismas infinitas

Y muere el día, el sueño, yo…

Por A.S. Torres

 

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Sobre Huelva. Un proyecto de ensayo. Capítulo 3

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Miércoles, 19 marzo 2014

Y de la tierra perdida en la infancia…al mundo perecedero.
Bendecida fue la causa de mi fortuna.
Algo que no me han consentido,
y que ahora busco entre tus huesos,
algo, que desde tan lejos,
creí que no era,
creí que no era mi estilo.

Héroes del silencio. Bendecida.

¿Cuantas veces el Onubense preguntado por su origen ha escuchado de distintas maneras expresado lo vulgar o poco agraciada que es o era su ciudad?

Hay que admitir que es cierto que el polo químico, la contaminación, la desidia onubense, la criminal política urbanística llevada a cabo y otros aspectos hacen de Huelva una ciudad poco atractiva a priori e incluso con mala fama.

¿Pero es la ciudad esquiva con el visitante? ¿O son los onubenses los que guardan hurañamente sus encantos secretos? Pienso que ambas cosas pero principalmente porque fracasamos en mostrar lo mejor de una ciudad que no se abre a cualquiera rápidamente sino solo al que aguarda sus tempos y ritmos, encantando solo al que es conducido por cicerones expertos a descubrir lo que no se ve pero existe.

Se dice que el onubense no es (por lo general) un hombre de grandes reuniones multitudinarias ni de muchedumbres, y que su carácter es más tranquilo y familiar de lo que suele ser el del andaluz típico prefiriendo la íntima alegría de la comunión entre pocos. Pues el corazón onubense es un corazón con un toque solitario hecho a los páramos del Andévalo, a la pesca en orillas desiertas y a silenciosas dehesas perdidas, o tal vez puede que sea por la influencia de nuestros primos portugueses.

Y si acaso sale de su extrañeza es en romerías singulares o durante los partidos del club de futbol más antiguo de España, siendo este otro de los orgullos que el onubense se permite defender públicamente junto con la romería del Rocío.

La mayor romería del mundo que desde su Almonte originario paso a convertirse en una devoción universal escapando del intimista sentimiento onubense y haciéndose tan popular que Huelva tuvo que compartir su preciado tesoro con sus hermanos mayores, resistiendo casi como puede a que se lo quiten de las manos entre todos, gracias al esfuerzo y devoción de Almonteños indomables.

Pero creo que el hecho de que Huelva sea tan poco conocida no solo es explicado por el carácter de sus habitantes sino por la particular naturaleza de lo que más apreciamos los que en ella vivimos:

Entiendo que casi todas las cosas son puro fetichismo onubense y que poca gente puede disfrutar de esos pequeños detalles y no tan pequeños como el rememorar las noches de botellón en Pablo Rada y su éxodo hasta la semiextinción, el pasear por la plaza de la merced y mezclarse en el bullicio de universitarios, mendigos y cofrades bebiendo cerveza por la tarde, las hamburguesas de la plaza de las monjas sin las cuales nadie que no las haya probado puede llamarse choquero, el bizarrismo del barrio obrero, el puerto donde nuestros padres cogían la canoa para Punta Umbría, la Alameda, la estatua de Colon que no es de Colon, ese terreno peligroso y encantado que era el parque Moret, recuerdos y realidades, inventados o tangibles pero únicos.

Es posible pasear por Huelva y verla de otra manera rastreando orígenes cultos como el del Humilladero de la Cinta que es posiblemente uno de los edificios más antiguos que quedan en Huelva al ser este el morabito donde vivía algún ermitaño musulmán.

No vamos a citar lo más típico pues es de sobra conocido: la Rábida, El Santuario de la Cinta, Riotinto, Doñana, el Rocío, Niebla, Moguer, Aracena, o la insuperable gastronomía Onubense.

Pero no puedo dejar de hablar del Conquero, un lugar que ya de por si daría para este ensayo.

La cumbre de la capital en belleza y origen de todo. Subir a esta atalaya natural es parecido a meditar sobre la inestabilidad de la realidad pues es imposible ver las mismas marismas repetirse si te fijas bien, incluso una vez pensé en realizar la misma fotografía desde el mismo punto y a la misma hora como el protagonista de Smoke, tan solo para demostrar cómo cambian día a día, hora a hora en una infinita paleta de humores.

Colores y texturas, atardeceres, amaneceres, bruma, lluvia, calima… Esto lo saben perfectamente los que frecuenten el Conquero días después de las tormentas invernales en las que el cielo descarga su bendición en forma de agua , solo ellos saben del color que trae la Marisma del Odiel al verterse las aguas de la sierra uno o dos días después, tiñendo la misma con colores azules cobalto y turquesa. Hechizos que se divisan fugazmente, corrientes que se mezclan entre disoluciones de salinidad imposibles y vientos helado que peinan y rizan su superficie cambiante, como sentimientos y estados de ánimo que fluyen en direcciones contradictoria.

Otros días la belleza y la melancolía casi te inundan ante el espectáculo de la marea llena apunto de recuperar la ciudad que vive a su lado, como queriendo llegar a los cabezos, esos eternos compañeros que observan la marisma desde que ambos salieron del fondo del océano hace eones.

Enamorados de distintas generaciones han esperado juntos el frescor de la noche en interminables veranos mirando un sol que se pone sobre pinos, marismas, nubes rotas, algún avión y al fondo, casi como un espejismo: el mar.

Todo lo bello muere y eclipsa en el mar de la costa de luz, donde esta acaba en atardeceres, nadando en aguas verdosas y llenas de vida, en orillas solitarias de algunas de las últimas playas vírgenes que quedan en España.

Pureza, melancolía, belleza y significado en esa luz que redime las cosas feas hechas por el hombre con este rincón de iberia.

Por A.S. Torres

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Sobre Huelva. Un proyecto de ensayo. Capítulo 2

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Jueves, 13 febrero 2014

Huelva es el olvido. Tiene que ser ese el motivo de la extraña maldición que perdura en esta tierra. Huelva siempre ha sido un rincón olvidado porque en ella habita el olvido. Lo sé.

No mucha gente recuerda hoy en día el origen del nombre del rio Guadalete y creo que es pertinente recordarlo pese a su aparente lejanía tanto en tiempo como en espacio, pues aunque desde la antigüedad clásica las localizaciones no nos llegaron exactas, creo que sí lo hicieron sus verdades intuitivas y ecos mitológicos.

Los fenicios y griegos asentados en Andalucía denominaron al Guadalete como el rio del olvido paradójicamente en memoria de una batalla entre ambos y a la vez para olvidar las ofensas que la causaron. Fue esa raíz Lete (el rio del olvido de la mitología griega o leteo en latín) la que los árabes reciclaron añadiéndole Guada- rio .

Puede que al igual que con localización exacta del mítico reino de Tartessos las fuentes no acertasen y dicho rio se encuentre también aquí, en estas tierras más allá de las columnas de Hércules. Porque pienso que el verdadero rio del olvido  tiene que estar en Huelva. Solo así se explica el olvido endémico que cubre la región desde tiempos inmemoriales acaso por una maldición de los antiguos dioses por extraer de la madre tierra tesoros que atrajeron a los distintos imperios desde que el hombre salió de las cuevas, como prueba el hecho de que Riotinto sea una de las explotaciones mineras más antiguas de la humanidad.

Eso explicaría el olvido y la enigmática (des)localización del reino de Tartessos mencionado incluso en la biblia. Maldición de la que ni siquiera el arqueólogo alemán Adolf Schulten pudo librarse y que se convirtió en una obsesión que se llevó a la tumba. Incluso con la mayor gesta ocurrida en nuestras tierras y de las pocas cosas que los onubenses reivindicamos con orgullo: el descubrimiento de América y la salida de las Carabelas de Palos de la Frontera no escapa al hecho de que solo sea recordado el Genovés Cristóbal Colon y pasaran al olvido de la historia los héroes onubenses Pinzones y la importantísima ayuda que recibió por parte del monasterio de la Rábida.

¿En que otro lugar si no es aquí se puede encontrar ánforas romanas semienterradas en pinares olvidados de la costa? El poder de evocación de esta tierra atrapara por siempre a los erráticos enamorados de los restos del naufragio de la historia. Únicamente hay que seguir las pistas que en esta casa de fantasmas nos dejaron sus anteriores ocupantes. Están ahí para el que quiera seguir el camino.

Solo en Huelva es posible recorrer sin guía ni control alguno las edades del hombre, sin que nada importe en el presente pues no hay futuro, solo olvido, lento y destructor, con la belleza de lo efímero.

Por eso recuerdo la fascinación infantil de ver la piedra de los sacrificios de los pueblos iberos que ocuparon la peña de Arias Montano y sus laberínticas grutas, recuerdo el hueco tallado en la pila tallada donde imaginaba debía situarse el corazón palpitante de la víctima.

¿Fantasía o verdad?

No lejos de aquellas cimas calizas unos aficionados al submarinismo encontraron en una gruta sumergida cientos de lámparas romanas (lucernas) durmiendo en el sedimento que  los milenios dejan al fondo de cristalinas aguas subterráneas. ¿Restos de mineros o un pozo de los deseos pagano?

Todo ello se perdió en Flandes.

Como bien saben los amantes de los minerales, en olvidados parajes del Andevalo se hallan minas en donde la tierra muestra sus cicatrices entre jara y silencio. Junto con elementos extraños y restos de la vida de mineros que dejaron sus herramientas y vidas casi como si fueran a volver de un momento a otro para continuar con su eterno picar.

Pueblos con arrogante carácter ingles que fueron abandonados en la desolación, restos de la casa del gobernador y su chimenea de lord, sus jardines, sus raros árboles de otros climas asilvestrados…todo semiderruido y alrededor : las casas de sus esclavos nativos.

Aldeas fantasmas que siguen ahí para el que quiera ver los restos del Titanic desde tierra, junto con perlas que la tierra aun guarda para coleccionistas intrépidos.

¿Encontrar tumbas hechas con laja cerca de riberas de ensueño? Busca los legendarios gurumelos en ciertos lugares y hallaras maravillas dolménicas despreciadas.

Escala montañas de Cuarcitas del paleolítico y descubrirás restos metálicos de las primeras fundiciones de razas que ya no existen.

Y ballenas enterradas en el Conquero… y casas árabes con mármol en islas marismeñas…Y fósiles tirados entre olivos…

Pero nada de esto importa al onubense de a pie. Y al no dársele valor al pasado y su  legado lo mejor que puede ocurrir es que continúe oculto, enterrado, abandonado, en la niebla protectora de la ignorancia y el disfrute de los iniciados.

El olvido fluye por las marismas de Onuba Aestuaria, fluye en el eterno ir y venir de mareas lunáticas que van borrando la memoria y el paso del tiempo con el limo y los ocasos rojizos, venas por las que sangra la tierra y por las que subieron y bajaron todos los imperios mediterráneos y nórdicos que llegaron para comerciar, para saquear, para conquistar, para vivir y morir cerca del corazón palpitante de la tierra sin que de ellos quedara aquí nada más que  mucho olvido y algunos restos sepultados por la marea de la historia. Fenicios, Griegos, Romanos, árabes, Vikingos, Castellanos, ingleses… todos bebieron del agua de leteo y navegaron sus marismas en algún fugaz momento.

A.S.Torres.

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Sobre Huelva. Un proyecto de ensayo

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Lunes, 27 enero 2014

Los fandago de mi tierra,

son cuarenta diferente,

La historia de Huelva encierra

con su fandango valiente:

El mar, el llano y la sierra

Paco toronjo.

Para mí, la última línea de este fandango de Paco Toronjo destila la definición más perfecta y pura que se ha escrito nunca sobre Huelva superando incluso la definición quintaesenciada que se da de toda Andalucía en el poema de Manuel Machado:

Cádiz, salada claridad. Granada,
agua oculta que llora.
Romana y mora, Córdoba callada.
Málaga, cantaora.
Almería, dorada.
Plateado, Jaén. Huelva, la orilla
de las tres carabelas.
Y Sevilla.

Hace unos días volví a leerme La Ciudad de Manuel Chaves Nogales. Recordaba que la primera vez que leí aquel ensayo sobre su ciudad natal  me sorprendió mucho pues no esperaba que un libro que  escribió con solo 23 años y que versaba únicamente sobre Sevilla pudiera impactarme de aquella manera. Tras una segunda lectura me quede con un raro regusto en mi interior y pasado un tiempo seguía dándole vueltas a ciertas líneas que me provocaban sentimientos que no podía explicar ni comprender.

Párrafos que provocaban extrañeza ante una genialidad aparentemente sencilla, una simpleza poética que dice más y más cosas tras una maduración interior, con la fermentación, porque es un libro que poco a poco va mostrando verdades ocultas entre sus líneas de una belleza puramente andaluzas. En él se da una visión muy personal sobre la ciudad donde nació, sobre la particular idiosincrasia de sus habitantes y sobre el Sevillanismo como género literario en sí mismo. Y debo confesar que al terminar de leerlo sentí muchísima envidia. Y casi la misma ración de tristeza.

Pero no me entiendan mal, no siento pena de no haber nacido en Sevilla, ni de no poder escribir si acaso algo parecido a lo que escribió ese monstruo olvidado de nuestra tierra, sino porque pensé que los hijos de Huelva nunca le habían escrito con tanto amor y arte a su ciudad. No al menos de esa manera. Así no.

Porque Chaves Nogales le escribe a su ciudad como se le escribe a un amor perdido, con devoción pero también como se recuerdan desde la distancia del tiempo ciertos amores no olvidados, con inocencia pero desde la sabiduría que da la distancia sobre la belleza y lo cruel de su figura, sobre el desprecio y su dolor, sobre una historia y un difícil futuro en el que ella nunca piensa debido a su carácter cambiante y a la vez sólido.

Entonces pensé en escribir yo mismo algunas líneas sin más pretensiones que servir de declaración de intenciones y para honrar a esta tierra, o al menos como manifiesto que señalase lo que algún genial escritor en el futuro lograría, a la manera del regalo que el niño pequeño fabrica torpemente pero con infinita ilusión y que le envuelve a su madre para demostrarle su amor, aunque sean unos garabatos, por ternura y reconocimiento únicamente.

Pero… ¿Por qué escribir sobre Huelva? Se podría preguntar mucha gente, y tristemente no pocos onubenses. ¿A quién se le puede ocurrir hacer esto? ¿A qué se refiere este pseudohipster con Huelva? ¿Al recre? ¿A alguna hermandad? ¿A la capital o a toda la provincia?

Y más aún: ¿De qué va a escribir? Mi critico onubense interior me chillaba que no hay casi nada de lo que escribir que se salga de una mera descripción sentimentalista de ciertas particularidades que no pueden interesar a nadie que no sea de aquí y ni siquiera eso lo puede salvar del rancio costumbrismo.

Pero esos mismos argumentos se pueden usar para toda la literatura mundial sobre algún lugar en particular.

Porque se puede y se ha escrito mucho sobre Sevilla, sobre Córdoba, se ha escrito sobre Granada, sobre Cádiz,  pero no sobre Huelva. No al menos directamente (que yo sepa) y ya eso indica la difusión que dicha literatura ha tenido cuando ni siquiera a niveles locales es conocida.

¿Pero cómo alguien  pretende escribir sobre su amor a Huelva?

Para empezar: ¿Qué onubense leería algo así, o más aun compraría eso? ¿Qué onubense le comentaría a otro que está leyendo sobre su ciudad?

No. Eso no me lo puedo imaginar porque la triste realidad es que los onubenses nos avergonzamos de nuestro amor a Huelva, en el fondo es como si la ciudad no fuese digna de  una loa intelectual más larga que la letra de un fandango o de un viva.

Para muchos el amor por Huelva es como un  oscuro amor secreto, casi un pecado  o una pasión prohibida que en el mundo de hoy es tachado de sentimiento cateto e infantil.

¿De dónde procede  nuestro tan arraigado complejo de inferioridad?

¿Se debe a la proximidad de Sevilla? ¿Hasta qué punto la cercanía de la indudable grandeza de la hermana mayor impide a los onubenses la autoaceptación sin comparaciones?

No lo sé y es algo que debiéramos pensar y superar porque a Huelva se le ha cantado sin ningún tipo de complejos por todo el mundo con su fandango por bandera, la han llorado los emigrantes y la han reído, la ha recordado en todos los rincones del mundo y más aún en la triste actualidad de los nuevos emigrantes de mi generación. Se la ha comido y bebido en las mejores mesas del planeta, pero aun creo que hace falta que se la escriba como merece.

Puede que pase lo mismo que con el fandango, al que por su origen arcaico y diferente del resto de palos del flamenco siempre ha sido menospreciado por los otros palos “Mayores”, por su extrañeza, por ser una rara avis dentro del circo de emociones descarnadas del flamenco.

Al hilo de esto ¿Es que acaso son los onubenses los andaluces menos creativos literariamente? Contando con el único premio Nobel de literatura de la región lo dudo.

¿Es que el duende del que hablaba Lorca en su genial conferencia no se da  cerca de Portugal? No es eso.

Lo que pasa es que el onubense no puede (por lo general) explicar Huelva. Puede sentirla hondamente, pero solo para sí mismo. Hace falta muchas veces el exilio para que surja esa fuerza que siempre estuvo ahí, de una manera muchas veces ilógica y depurada, intuitiva y profunda y  solo mediante el recuerdo alcanza a romper con todos los complejos y vergüenzas. En esta tierra muchos extraños llegaron, muchos conquistadores y emigrantes vinieron para quedarse, además de viajeros atrapados y gente de otros lugares a los que la búsqueda de un destino mejor les llevo a vivir entre estas orillas, sin tal vez ver que la belleza de lo fugaz se ve a veces desde el conquero, sin comprender que también la sangre de sus antepasados sigue subiendo y bajando por las marismas, que en algún solitario bosque de encinas de la sierra aún resuenan ecos de olvidadas  romerías ancestrales.

Y que el Mar muere en luz al oeste del non plus ultra…

Hay en la puerta del santuario de la Cinta un cartel que dice que el que no sepa rezar que vaya por esos mares y vera que pronto aprende. ¿Un bello poema? ¿O una advertencia?

El que no ama Huelva que salga por esos mundos de fuera y vera como aprende.

Por A.S. Torres

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