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El Museo de América y la deuda histórica del Estado con Huelva

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en miércoles, 19 febrero 2014

            En estos últimos días, a raíz de la petición realizada por el Alcalde de Huelva al Ministro de Cultura del Gobierno de España para que se produzca el traslado del Museo de América a la capital de la provincia, ha surgido nuevamente el debate sobre la necesidad de disponer en Huelva de un museo iberoamericano. Desde luego, las vinculaciones de estas tierras descubridoras con los países americanos justifican sobradamente la puesta en marcha de un proyecto museográfico de la historia, el arte y la cultura iberoamericana que integre a los diferentes espacios y monumentos que constituyen los Lugares Colombinos.

            Ciertamente, esta solicitud debería fundamentarse, entre otras cuestiones, en la “deuda histórica” contraída por el Estado Español con la provincia de Huelva, que se estructuró formalmente en un acuerdo unánime firmado por todas las fuerzas políticas en el Senado de España hace tres años, aproximadamente, mediante una moción aprobada el 24 de febrero de 2011 que fue el resultado del manifiesto presentado por la Asociación de Estudios Iberoamericanos y Colombinos Rábida y del conjunto de gestiones realizadas con el correspondiente apoyo y firma de todos los líderes políticos de la provincia de Huelva y de Andalucía, y de numerosas instituciones y colectivos sociales (ayuntamientos, Diputación Provincial, Universidad de Huelva, sindicatos, asociaciones empresariales, colegios profesionales, Diócesis de Huelva, asociaciones de vecinos y culturales, academias, medios de comunicación, entre otros muchos). Precisamente, el fruto de ello fue el compromiso adquirido por el Senado de España, en su condición de cámara representativa de la soberanía nacional, de crear en La Rábida -citamos textual- “una sede de carácter cultural (…) con representación de todos los países iberoamericanos, para ocuparse preferentemente de promover los vínculos culturales existentes entre ellos, y proyectarlos también en el espacio de la Unión Europea mediante la gestión de proyectos históricos culturales que reconozcan y valoren la diversidad de los pueblos que integran la Comunidad Iberoamericana de Naciones”. Evidentemente, la creación de un museo de la historia, del arte y de la cultura iberoamericana se ajusta perfectamente a las posibilidades que ofrece la Sede Cultural prometida en el año 1999 por el Secretario General de las Cumbres Iberoamericanas de Jefes de Estado y de Presidentes de Gobierno, así como con este compromiso adquirido por el Senado de España en el año 2011 en cuanto que se trataría de un proyecto histórico-cultural que reconocería y pondría en valor la diversidad de la cultura de los pueblos iberoamericanos.

Con estos precedentes, unidos al protagonismo de estas tierras del triángulo del Tinto-Odiel en el Descubrimiento de América, parece lógico que pidamos nuevamente en esta coyuntura, como hemos venido haciendo los integrantes de la Asociación de Estudios Iberoamericanos desde hace años junto a la sociedad onubense, y tal como recogimos en el manifiesto elaborado en el año 2009, -citamos textual- “la realización de un proyecto histórico-cultural-museográfico del conjunto de los lugares de la provincia de Huelva vinculados al Descubrimiento de América que contribuya a revalorizar su patrimonio, preservarlo y a potenciar su proyección internacional con el fin de que sirva para reforzar y avalar nuestra Candidatura a Patrimonio de la Humanidad”. De este modo, se saldaría igualmente una parte de la deuda contraída por el Gobierno de España y de los demás jefes de Estado y presidentes de gobiernos iberoamericanos que designaron a La Rábida y su entorno como “Lugar de Encuentro de la Comunidad Iberoamericana de Naciones” en la Declaración de la IX Cumbre Iberoamericana celebrada en La Habana en el año 1999.

            Por todo ello, sobre la base de los compromisos políticos escritos que se han ido realizando desde el año 1999, en el Senado de España, en el Congreso de los Diputados, en la Cumbre Iberoamericana de La Habana, en el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía y en el Parlamento Andaluz, hacemos un llamamiento a todos los partidos y líderes políticos que firmaron el manifiesto que esta Asociación elaboró en el año 2009 y que tienen responsabilidades en el Gobierno de España, en las Cortes, en la Junta de Andalucía, en la Diputación Provincial de Huelva y en los ayuntamientos colombinos para que trabajen en una iniciativa conjunta que tenga como objetivo el cumplimiento de las promesas que se han ido ofreciendo a los onubenses durante las últimas dos décadas, incluido por supuesto el Museo Iberoamericano. Sin duda, es un asunto que podríamos denominar de “Estado” para el desarrollo y proyección internacional de la provincia de Huelva que requiere el esfuerzo de todos los grupos políticos con representación en Huelva dejándose a un lado, por una vez, los intereses partidistas.

            Fdo. La Asociación de Estudios Iberoamericanos y Colombinos Rábida

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Sobre Huelva. Un proyecto de ensayo. Capítulo 2

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en jueves, 13 febrero 2014

Huelva es el olvido. Tiene que ser ese el motivo de la extraña maldición que perdura en esta tierra. Huelva siempre ha sido un rincón olvidado porque en ella habita el olvido. Lo sé.

No mucha gente recuerda hoy en día el origen del nombre del rio Guadalete y creo que es pertinente recordarlo pese a su aparente lejanía tanto en tiempo como en espacio, pues aunque desde la antigüedad clásica las localizaciones no nos llegaron exactas, creo que sí lo hicieron sus verdades intuitivas y ecos mitológicos.

Los fenicios y griegos asentados en Andalucía denominaron al Guadalete como el rio del olvido paradójicamente en memoria de una batalla entre ambos y a la vez para olvidar las ofensas que la causaron. Fue esa raíz Lete (el rio del olvido de la mitología griega o leteo en latín) la que los árabes reciclaron añadiéndole Guada- rio .

Puede que al igual que con localización exacta del mítico reino de Tartessos las fuentes no acertasen y dicho rio se encuentre también aquí, en estas tierras más allá de las columnas de Hércules. Porque pienso que el verdadero rio del olvido  tiene que estar en Huelva. Solo así se explica el olvido endémico que cubre la región desde tiempos inmemoriales acaso por una maldición de los antiguos dioses por extraer de la madre tierra tesoros que atrajeron a los distintos imperios desde que el hombre salió de las cuevas, como prueba el hecho de que Riotinto sea una de las explotaciones mineras más antiguas de la humanidad.

Eso explicaría el olvido y la enigmática (des)localización del reino de Tartessos mencionado incluso en la biblia. Maldición de la que ni siquiera el arqueólogo alemán Adolf Schulten pudo librarse y que se convirtió en una obsesión que se llevó a la tumba. Incluso con la mayor gesta ocurrida en nuestras tierras y de las pocas cosas que los onubenses reivindicamos con orgullo: el descubrimiento de América y la salida de las Carabelas de Palos de la Frontera no escapa al hecho de que solo sea recordado el Genovés Cristóbal Colon y pasaran al olvido de la historia los héroes onubenses Pinzones y la importantísima ayuda que recibió por parte del monasterio de la Rábida.

¿En que otro lugar si no es aquí se puede encontrar ánforas romanas semienterradas en pinares olvidados de la costa? El poder de evocación de esta tierra atrapara por siempre a los erráticos enamorados de los restos del naufragio de la historia. Únicamente hay que seguir las pistas que en esta casa de fantasmas nos dejaron sus anteriores ocupantes. Están ahí para el que quiera seguir el camino.

Solo en Huelva es posible recorrer sin guía ni control alguno las edades del hombre, sin que nada importe en el presente pues no hay futuro, solo olvido, lento y destructor, con la belleza de lo efímero.

Por eso recuerdo la fascinación infantil de ver la piedra de los sacrificios de los pueblos iberos que ocuparon la peña de Arias Montano y sus laberínticas grutas, recuerdo el hueco tallado en la pila tallada donde imaginaba debía situarse el corazón palpitante de la víctima.

¿Fantasía o verdad?

No lejos de aquellas cimas calizas unos aficionados al submarinismo encontraron en una gruta sumergida cientos de lámparas romanas (lucernas) durmiendo en el sedimento que  los milenios dejan al fondo de cristalinas aguas subterráneas. ¿Restos de mineros o un pozo de los deseos pagano?

Todo ello se perdió en Flandes.

Como bien saben los amantes de los minerales, en olvidados parajes del Andevalo se hallan minas en donde la tierra muestra sus cicatrices entre jara y silencio. Junto con elementos extraños y restos de la vida de mineros que dejaron sus herramientas y vidas casi como si fueran a volver de un momento a otro para continuar con su eterno picar.

Pueblos con arrogante carácter ingles que fueron abandonados en la desolación, restos de la casa del gobernador y su chimenea de lord, sus jardines, sus raros árboles de otros climas asilvestrados…todo semiderruido y alrededor : las casas de sus esclavos nativos.

Aldeas fantasmas que siguen ahí para el que quiera ver los restos del Titanic desde tierra, junto con perlas que la tierra aun guarda para coleccionistas intrépidos.

¿Encontrar tumbas hechas con laja cerca de riberas de ensueño? Busca los legendarios gurumelos en ciertos lugares y hallaras maravillas dolménicas despreciadas.

Escala montañas de Cuarcitas del paleolítico y descubrirás restos metálicos de las primeras fundiciones de razas que ya no existen.

Y ballenas enterradas en el Conquero… y casas árabes con mármol en islas marismeñas…Y fósiles tirados entre olivos…

Pero nada de esto importa al onubense de a pie. Y al no dársele valor al pasado y su  legado lo mejor que puede ocurrir es que continúe oculto, enterrado, abandonado, en la niebla protectora de la ignorancia y el disfrute de los iniciados.

El olvido fluye por las marismas de Onuba Aestuaria, fluye en el eterno ir y venir de mareas lunáticas que van borrando la memoria y el paso del tiempo con el limo y los ocasos rojizos, venas por las que sangra la tierra y por las que subieron y bajaron todos los imperios mediterráneos y nórdicos que llegaron para comerciar, para saquear, para conquistar, para vivir y morir cerca del corazón palpitante de la tierra sin que de ellos quedara aquí nada más que  mucho olvido y algunos restos sepultados por la marea de la historia. Fenicios, Griegos, Romanos, árabes, Vikingos, Castellanos, ingleses… todos bebieron del agua de leteo y navegaron sus marismas en algún fugaz momento.

A.S.Torres.

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El Galeón Andalucía

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en sábado, 13 febrero 2010

Galeón Andalucía en la prueba de navegación. Imagen: http://www.guadalquivirriodehistoria.es

Tenemos con nosotros, aunque por muy poco tiempo, al Galeón Andalucía. Es una réplica de un Galeón del siglo XVI que ha sido construida integramente en la provincia de Huelva, más concretamente en un astillero de Punta Umbría. Su interior está decorado con muebles de Valverde del Camino. Y está previsto que viaje a Sevilla el próximo día 19, para zarpar posteriormente el día 28, día de Andalucía, con destino a la Exposición Universal de Shanghái, donde formará parte del pabellón de España.

Pabellón de España en la Exposición Universal de Shangai 2010. Imagen: http://www.plataformaarquitectura.cl

La encargada de su construcción ha sido la Fundación Nao Victoria, y pese a todos los días que lleva en Huelva, sólo se ha establecido dos días para su visita, el 13 y 14 de Febrero (hoy y mañana), por lo que vamos a publicarlo para que llegue a la mayor cantidad de oídos posibles. La nave se encuentra en el muelle de las canoas, y el horario establecido de visita es de 11:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:00 horas.

Tal y como figura en la página de la Fundación Nao Victoria:

El Galeón fue el navío que encabezó las relaciones comerciales y culturales que durante más de tres siglos (XVI- XIX) se produjeron entre España y China/Europa, América y Asia. Sus líneas, formas y dimensiones, fueron la respuesta de la construcción naval española a las necesidades de las travesías oceánicas que desde España alcanzaron los cuatro continentes.

Fue el absoluto protagonista de la llamada Carrera de Indias o sistema de flotas anuales que unían España con los puertos americanos, y que a su vez enlazaban con otra gran ruta comercial que extendía la navegación hacia el Pacífico: la del Galeón de Manila, significativamente también llamado Galeón de China, por ser las mercancías de este país las más importantes y demandadas de cuántas transportaba en sus bodegas.

Así, el Galeón realizó el mayor circuito comercial de la Historia Moderna- que comenzaba en China y terminaba en España-, y la ruta marítima más larga en duración y en recorrido que registra la historia de la navegación. Representa tres siglos de relaciones comerciales con unas dimensiones sociales y culturales cuyas huellas son latentes hasta nuestros días.

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El Indio de Palos (3/3)

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en sábado, 13 junio 2009

(Viene de aquí)

A partir de entonces Gonzalo Guerrero fue una mancha para el Imperio y para España, un traidor, un hereje. No había palabras para definir a aquel hombre que no sólo traicionó a su pueblo, sino a su fe y a sus creencias. Un hombre que era capaz de matar a los suyos y entorpecer la voluntad real y divina. Alguien a quien Cortés jamás nombró en sus cartas salvo como “el otro”. A partir de ese momento Gonzalo Guerrero pasó a la historia con el sobrenombre de “el renegado”.

Jerónimo Aguilar, por su parte, jamás pudo volver a su tierra. Muy a su pesar, no pudo encontrar la paz anhelada, perdida durante tanto tiempo, que le hiciera reencontrarse con su Dios en algún monasterio de las montañas andaluzas. El destino le tenía reservado otro papel. El destino y Hernán Cortés claro. La posibilidad de hacerse con un traductor de confianza, de su propia sangre y que comulgara con sus intenciones, era algo tan valioso como el oro de aquel lugar. Aguilar era el primer castellano en conocer la lengua maya por lo que, cuando más adelante Cortés pudo contar con los servicios de una hermosa e inteligente mujer del otro lado de aquellas tierras, una indígena conocida por la Malinche y que más tarde se rebautizaría como Doña Marina (la otra cara de la moneda de Gonzalo Guerrero), se crearía un original y curioso sistema de traducción a tres. Jerónimo traducía del español al maya y Malinche, a su vez, del maya al azteca, de modo que Cortés tenía controlado todo el cotarro de lo que más tarde sería su conquista de México.

Y no hace falta llegar al final de este relato (aunque tendrán la oportunidad de comprobar que se adapta perfectamente) para citar la tercera película que, a pesar de alguna alusión fotográfica previa, aún tenía en el tintero: “La Misión” de Roland Joffé. Genial espectáculo de emociones, desde los paisajes de ensueño, hasta el guión y la música de Morricone. Los personajes de Robert de Niro y Jeremy Irons, aunque salvando las distancias en el caso del religioso, recuerdan de alguna manera a los dos españoles. El soldado y el cura. Ambos, extraños, al principio, en una cultura ajena. El jesuita que no cree en la violencia y se pone en manos de Dios, y el soldado renegado que lucha contra los suyos para salvar a los que ahora le acogen, atacando para defenderse, sacrificándose por su nuevo pueblo, el verdadero.

De nuevo pido un inciso. Hagamos una elipsis y enlacemos el final de esta historia con el principio de ella. Recuperemos a aquel jefe maya encima de la atalaya que, mirando al mar, rememoró esta historia. Aquel orgulloso cacique cuyos rasgos diferentes serían ahora difíciles de apreciar. Imaginemos como, de un plano general en el que la silueta alta y robusta de aquel hombre se recorta al contraluz de un sol que, como personal metáfora, esta a punto de sumergirse en aguas teñidas de sangre y oro, se pasa a un primer plano, en un zoom que acaba en sus ojos claros y marcados por la fatiga. Unos ojos que miran más allá del horizonte, hacia el pasado, y que ahora debe mirar de nuevo a el futuro, aunque éste sea tan incierto como su propia vida. Aquel guerrero debe marchar. Sus soldados lo están esperando.

La última batalla pondrá fin a la historia de Gonzalo Guerrero.

A partir de entonces los mayas desaparecerán como reino para convertirse en esclavos o conversos, y dará comienzo El Indio de Palosla conquista de México. Como Boabdil en otros tiempos que, Gonzalo, a pesar de su contribución, apenas recuerda, será Moctezuma, tras la caída de los mayas, el último bastión (azteca en este caso) para que, de nuevo, el glorioso Imperio donde nunca se pone el sol expanda su poder y su religión. Ahora sólo quedarán Perú y Pizarro para que aquella conquista, evangelizadora para los Reyes Católicos pero interesada para los lejanos súbditos de un emperador extranjero que nunca los conoció (Carlos V), quede consolidada. La conquista de América, el Nuevo Mundo forjado a fuego y golpe de cruz y espada.

Los desastres de Cabo Catoche y Champotón, conocido desde entonces como el cabo de la “mala pelea” no dejarán indiferentes a los gobernadores y comandantes de los importantes sitios de Indias. Cortés no tuvo oportunidad de vengar el orgullo militar y tomar aquella península, pues debía seguir ruta hacia la mítica Tenochtitlán, pero en 1536 otra expedición, mejor dotada en número y armas, con Lorenzo de Godoy al frente, intentará tomar de nuevo aquellas tierras, ahora cerca de la actual Honduras, en Puerto de Caballos.

La llegada fue rápida y por sorpresa. Varios navíos colmados de cañones, con cientos de soldados, caballos y artillería, se adentraron por los anchos esteros de aquellas lenguas de mar, hacia el río Ulúa. Los indios del cacique Cozumba advertidos con poco tiempo, pues los “hombres de hierro” avanzaban con presteza, apenas habían tenido tiempo de organizarse.

A pesar de todo el gran Nacom blanco, el jefe barbado, nuestro “indio de Palos”, venía de camino, con cincuenta canoas, a reforzar el Ticamaya y entrar en aquella decisiva batalla. Gonzalo había creado un básico sistema de espionaje entre los indios capturados por los españoles que conseguían escapar y los esporádicos soldados castellanos presos en diferentes tribus vecinas, de los que obtenía información a cambio de perdonarles la vida, muy estimadas por los hechiceros para sus sacrificios, pues no había mejor ofrenda a los dioses mayas que el coraje y valentía de un guerrero, y esos “castillan” demostraron tenerla. De esta forma supo de la llegada de los barcos al Valle del Sula, en las costas hondureñas.

El Indio de Palos (2)El desenlace era inevitable. Los españoles estaban prevenidos y escarmentados y venían dispuestos a terminar lo que tantas veces habían empezado.

No habría cuartel.

Las barcas ligeras de los soldados de Godoy cargaban con ballesteros y arcabuces, adentrándose en zona pantanosa. Las naves empezaron a disparar andanadas de cañón para despejar el terreno. Los jinetes, tan nerviosos como sus caballos, sujetaban firmes las riendas y la infantería de alabarderos, impaciente por saltar a tierra, apretaban los dientes ante el sonido de tambores y cánticos de guerra.

Entre tanto, los indios se iban situando, apostados entre las rocas, subidos a los árboles, parapetados en manglares. De repente comenzaron a escupir una lluvia de flechas cubriendo el contraataque de sus canoas. Los castellanos dispararon. Comenzó la lucha.

Algunos caballos desembarcaron otros no tuvieron tiempo. Las flechas y lanzas atravesaban la carne, la pólvora quemaba y agujereaba, las macanas rompían huesos y las espadas y machetes, junto con la metralla de los cañones, mutilaban y despedazaban. El río Ulúa empezó a cambiar de color con la sangre de la historia.

El Indio de Palos (3)

Cuando los españoles, confiados por su superioridad numérica y armamentística, decidieron que no sería necesario desembarcar más efectivos, pues la victoria se inclinaba de su parte (no en vano el verdadero Dios estaba con ellos), empezaron a llegar las canoas de Gonzalo. Aquel meandro del río, de repente, se cubrió de piraguas repletas de indios que, esperando la orden de su jefe, mantenían las cuerdas de los arcos tensas sin disparar aún sus proyectiles. Godoy, desde el castillo de su barco, frunció el ceño y, antes de que le diera tiempo a pensar, cientos de flechas ardiendo volaron hacia sus navíos.

El Indio de Palos (4)Las canoas se separaron. Unas fueron a ayudar a sus compañeros que luchaban en tierra y en la ribera del río, las otras se dirigieron a los barcos, algunos de los cuales tenían el velamen y la cubierta en llamas. Los arcabuceros se prepararon para rechazar a aquellos salvajes. El combate se intensificó.

Los mayas, con los cuerpos pintados de negro y rojo, las caras y las manos blancas, sus atuendos de rústico algodón y penachos de plumas, armados hasta los dientes y aullando como demonios, causaban en sus enemigos el efecto deseado. Miedo, desconcierto, nerviosismo. Algunos pudieron abordar los barcos y el combate cuerpo a cuerpo fue brutal, cuellos degollados, cabezas aplastadas…, algunos de esos indios robaban las armas de sus contrincantes y, ante el asombro y temor de los soldados españoles, las usaban con soltura y efectividad. Hasta Lorenzo de Godoy tuvo que desenvainar su espada.

En medio de aquella vorágine Gonzalo, de pie en su canoa y dirigiendo los ataques con un sable en la mano, reconoció, en un momento dado de la batalla, a un soldado. Estaba apostado en la cubierta inferior de aquel barco, cebando uno de los cañones con la cara medio tiznada de pólvora. Un tal José Panyagua, creía recordar, natural de Burgos. Fue compañero suyo en la campaña de Nápoles y en más de una ocasión se cubrieron las espaldas. Aquel recuerdo pasó por la cabeza de Guerrero abstrayéndolo, por un segundo, de aquella matanza. De repente Panyagua lo miró. Gonzalo, ajeno por un instante a su actual aspecto, creyó ver reconocimiento y sonrió levemente. El soldado lo apuntó con su mosquete y disparó errando el tiro…, parecía asustado. En ese momento una flecha atravesó su cuello, y junto con la vida de su antiguo amigo desapareció aquel último recuerdo de Gonzalo Guerrero.

Los españoles empezaron a ganar terreno. Con sacrificio y numerosas pérdidas fueron acorralando a los indígenas, haciéndolos retroceder. Gonzalo, sin embargo, luchaba en el río yendo con su canoa de un sitio a otro, ayudando a sus nuevos hermanos, matando a los viejos. Parecía un demonio poseído al que los dioses protegían, pues erguido en su barca, los cañonazos levantaban el agua a su alrededor sin llegar a tocarlo. Pero los dioses son caprichosos y, mientras Gonzalo gritaba, ordenaba, lanzaba mandobles con su espada cortando carne y partiendo huesos, una flecha de ballesta se clavó por encima de su ombligo atravesándolo. Gonzalo sintió como le desgarraba el estómago y le dejaba sin respiración. Ese momento de reparo que le hizo bajar la defensa fue suficiente para que un certero tiro de arcabuz reventara el pecho del que, en otros tiempos, fuera gran arcabucero. Fue este disparo el que realmente le mató.

Gonzalo cayó al agua. Sus guerreros, tras presenciar la mortal descarga, acudieron en su ayuda recuperando el cuerpoEl Indio de Palos (5) moribundo de su jefe. Los españoles estaban ahora machacándolos. A pesar de todo, la piragua que transportaba al palermo pudo llegar a la orilla, y sus fieles cargaron con Gonzalo replegándose, junto con los demás, hacia el interior de la selva. Allí, a salvo por un momento, depositaron su cuerpo en el suelo, sin moverlo demasiado. Estaba agonizando. Nadie intentó sacarle la flecha, no había ya nada que hacer. El gran agujero en su pecho era mortal de necesidad. Incompatible con la vida.

Gonzalo Guerrero miró su herida y, con su último aliento, pidió que siguieran luchando. Luego tosió, escupió sangre, y antes de expirar aún tuvo tiempo de susurrar que cuidaran de su familia.

Gonzalo Guerrero, natural de Palos de la Frontera (Huelva), soldado y marino español…, cacique maya…, murió en 1536 en Puerto de Caballos.

Los mayas se retiraron dejando el cuerpo de Guerrero en aquella selva. Cuando los soldados castellanos, más tarde, hicieron recuento de bajas lo confundirían con un indio más de los allí yacentes. Sin embargo, en una carta conservada en el Archivo General de Indias de Sevilla, escrita, el 14 de agosto de aquel año, por de Andrés de Cereceda (quien fue gobernador de Honduras, y que lucho en aquella batalla contra Cozumba), se relata lo siguiente: …”Como en el combate dentro del albarrada el día antes que se diesen, con un tiro de arcabuz se abía muerto un cristiano español que se llamaba Gonzalo (Guerrero), que es el que andaba entre los yndios en la península del Yucatán veynte años ha y más que este el que dizen que destruyó al adelantado Montejo; y como lo de alla se despobló de cristianos vino a ayudar a los de aca con una flota de cinquenta canoas y a matar a los que aquí estabamos antes de la venida del adelantado abra cinco o seis meses cuando yo hize justicia de ciertos caciques de la tierra como atras he tocado porque fui avisado de la trayción y junta que sobre paces tenia urdida; y andaba este español que fue muerto desnudo y labrado el cuerpo y en abito yndio”…

Al caer la noche, los hombres de Gonzalo fueron en busca del cuerpo de su jefe, que yacía tal y como lo habían dejado. Los mayas lo cogieron con respeto, el que se merece un gran nacom que ha partido finalmente hacia el Sol, y lo llevaron, casi en procesión, hasta la orilla del río. Allí lo dejaron flotar, con suma delicadeza, mientras la corriente lo arrastraba hacia la embocadura del mar. No hubo piras incendiarias ni enterramientos. Fue su último homenaje a aquel hombre que el océano trajo y que al océano devolvían.

Gonzalo Guerrero fue desterrado de la gloriosa historia de España. A pesar de ello, su existencia se conoce gracias a el relato de su compañero, Jerónimo Aguilar, y por las crónicas de algunos contemporáneos, especialmente Bernal Díaz del Castillo.

Durante mucho tiempo su nombre fue sinónimo de traición y se evitaba nombrarlo. Posteriormente, su tierra adoptiva, la verdadera para él, lo rescató considerándolo el padre del mestizaje mexicano. Siendo sus hijos los primeros mestizos de América fruto del amor por sus gentes y su tierra, y no de la violencia, el odio y la prepotencia de los invasores.

El Indio de Palos (6)Con el tiempo, Gonzalo Guerrero ha sido recuperado por unos y por otros. En México (Yucatán) tiene varios monumentos conmemorativos y plazas, en el Paseo de Montejo de la ciudad de Mérida, en Chetumal y en Cozumel (Quintana Roo). En España, para la mayoría aún sigue siendo un desconocido. Ni un vestigio en Huelva. En Palos un retrato perdido entre varios otros, en la antigua Casa Museo de Martín Alonso Pinzón y apenas una línea en la información publicada por la ciudad natal.

El Indio de Palos (7)A pesar de todo, cuando empecé a documentarme me sorprendí de lo que encontré. No sólo la variedad de textos clásicos sino la cantidad de estudios, publicaciones y escritos al respecto, alguna que otra novela e incluso un par de cómics. No es de extrañar, pues pocas historias de ficción tienen tantos componentes literarios como esta “True Story”. Lo raro es que aún no se haya llevado al cine, aunque tiempo al tiempo…, basta con que Hollywood se entere, y no precisamente la hermanada con Huelva.

En cuanto a la bibliografía consultada, aparte de lo apuntado en una de mis tantas “interrupciones” debo decir que ha sido un verdadero placer sumergirme en toda esa literatura, antigua y moderna, que ha absorbido por completo mi último mes, hurtando tiempo mientras trabajaba y apurándolo cuando no lo hacía. La experiencia, no obstante, ha sido gratificante y espero que para ustedes también lo sea, pues este relato ha ido creciendo solo, como si tuviera vida propia y, con la modestia y respeto que debo a cualquier otro que antes que yo (más o menos profesionalmente) se haya sumergido en el océano en busca de los restos de este personaje para estudiarlo, novelarlo, colocarlo en la historia o, simplemente, tenerlo como amigo durante un tiempo, mi intención ha sido que ustedes se emocionen tanto como yo, imaginando la vida de un hombre en un tiempo tan duro como fascinante.

Por esto, en vez de aburrirles con una extensa bibliografía de tipo académica (tampoco esto es ninguna tesis doctoral) creo más acertado comentársela un poco, especialmente aquella que he manejado y consultado.

Para empezar, citaré los autores contemporáneos a nuestro héroe, dos de los cuales tuvieron información de primera mano como son Hernán Cortés en sus “Cartas de Relación” y Bernal Díaz del Castillo, con su maravillosa “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”, totalmente recomendable incluso para deleitarse leyendo por puro placer. También de la misma época están López de Gómara, (aunque criticado por Bernal por escribir de oídas sin salir de España), que escribió “Historia General de las Indias y la Conquista de Mexico” y, por otro lado, la “Relación de las cosas del Yucatán” donde Diego de Landa, más tarde obispo del Yucatán, hará una crítica de las costumbres y creencias indígenas que, salvando su carácter apológico contra ellas, tienen un punto de vista antropológicamente interesante. Todo lo contrario en su exposición es Fray Bartolomé de las Casas con su fiel pero algo tediosa “Bellísima relación de la destrucción de las Indias” y, algo más tarde, Diego López de Cogolludo, se basaría en los escritos desaparecidos de Landa para escribir “Historia de Yucatán” e, igualmente, Fernández de Salazar se valió de las Cartas de Cortés y los escritos de Gómara para redactar un valioso tratado “Crónica de la Nueva España”.

Y no quiero acabar esta lista de textos clásicos (entre muchos otros, se entiende) sin citar la bella obra dramática en verso “La conquista de México” de Fernando de Zárate (ó Antonio Enríquez Gómez), una de las pocas epopeyas épicas escrita sobre el tema.

Hasta aquí, para no aburrirles, los textos clásicos, nombrándoles a continuación algunos más recientes como “Perfil de Indoamérica de nuestro tiempo” de Lipschutz (1968), “Gonzalo Guerrero, (apuntes para su biografía)” de José Armando Ceballos. Quintana Roo (1980) o “Lenguas, traducción y metáfora: relatos de la alteridad en tres crónicas de la conquista de México” de Valeria Añón, Universidad de Buenos Aires CNICT (2006). Y entre la novela y la historia está “Gonzalo Guerrero, Memoria olvidada. Trauma de México” de Carlos Villa Roiz (1995), original crítica al sometimiento conquistador desde la perspectiva de la supuesta hija de Gonzalo Guerrero, convertida ahora en doncella del obispo Diego de Landa.

El Indio de Palos (8)Ya en el terreno de la novela histórica pura y dura me topé, al menos, con cuatro obras (que no he tenido oportunidad de leer). “El futuro fue ayer” de Luca de Tena (1987), que da el protagonismo a Jerónimo Aguilar, “Gonzalo Guerrero” de Eugenio Aguirre (1991) y “Huracán Corazón del Cielo”, de Francis Pisani (1992), ambas basadas en la vida del Palermo. Y la más reciente y ficcionada “La última Profecía” de Álvaro Ancona (2008).

Para acabar, uno de los últimos hallazgos, entre el estudio y la novela, fue el de un paisano suyo, Salvador Campos Jara, que en 1995 parece ser que (al igual que yo ahora) se topó con Gonzalo Guerrero por casualidad. La diferencia es que el onubense citado convirtió la vida de nuestro personaje en motivo de su estudio, tesis doctoral y beca para un futuro libro, que desconozco si vio la luz, cuyo acertadísimo nombre sería “El hijo de los alacranes” (como lo envidio). Su trabajo se llama “Gonzalo Guerrero: elementos para la creación de un mito”. Universidad de Huelva (1995).

Por último solo citar, como curiosidad la existencia, al menos de dos cómics, uno de ellos “Conquistadores de El Indio de Palos (9)Yucatán” de Miguel Calatayud y Fernando Savater (1992), el otro creo que es francés “Guerrero l’etranger” de Maranzano y Camille le Gendre.

Y finalmente, como sorpresa para todos, una ONG de Huelva (única referencia que he encontrado en la capital) llamada “Gonzalo Guerrero”, parece ser que desde 1992 relacionada con Iberoamérica y no se si aún en activo.

No quiero acabar sin hacer algún apunte a las imágenes que he utilizado (al menos para que no me empapelen), las cuales también han tenido su curre. Varias tardes me ha sorprendido mi mujer frente al ordenador con los ojos enrojecidos en plan zombie y moviendo los dedos como un autómata, guardando imágenes como el que guarda dólares y que, ya imaginarán, para que sean más o menos acordes a la narración, han necesitado acumularse en una buena base de datos. Aprovecho, por tanto, para pedir permiso a los autores de las mismas, (pues cada vez que grababa una se me cortaba el cuerpo con la dichosa “protección”) ya que, aunque no se muy bien como funciona esto de los derechos y el copyright, mis intenciones son totalmente altruistas y, como pueden comprobar, no persigo ningún fin lucrativo más que el propio goce de la escritura y la lectura, por lo tanto espero que sea suficiente.

Enrique Carrillo.

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