La Huelva Cateta

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Posts Tagged ‘Cabezo de San Pedro’

Número 6 del Paseo Santa Fe

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Martes, 4 octubre 2011

El Paseo de Santa Fe ocupa lo que antaño fuera el Cabezo del Molino del Viento, hasta que la administración decidiera su desmonte. Es por tanto, uno de los lugares más singulares del centro de la capital onubense, uniendo al norte el histórico cabezo de San Pedro y al sur la calle Puerto, una de las más importantes, especialmente a finales del s.XIX y principios del XX, cuando en ella se aglomeraban algunas de las instituciones y personalidades más representativas de la ciudad. Sin embargo, la fisonomía actual del paseo por desgracia no acompaña su historia. En él se ubicaron el antiguo edificio del colegio de las Esclavas, el parque de bomberos municipal, y el mercado de Santa Fe; además de numerosas casas típicas de la arquitectura onubense.

Pero este no es un post sobre su historia. Lamentablemente hoy podemos apreciar que este paseo desprovisto de sus palmeras ya no es el mismo. Las casas han ido dando paso a edificios de hasta 6 alturas que además de restar al entorno su personalidad histórica han descontextualizado la estética de las supervivientes, y esto a su vez ha sido usado como justificación para derribar el resto. En la actualidad se conserva una casa de 3 plantas (con una 4ª añadida en tiempos más recientes), el citado mercado más conocido por haber albergado la sede de la Policía Nacional hasta su cierre (su situación actual y futuro también merecen un artículo propio) y, por último, dos humildes casas típicas.

Casa derribada. Fuente: http://members.fortunecity.com

Casa en pie, a escasos metros de la derribada. Fuente: http://members.fortunecity.com

Pues bien, al parecer, con la excusa de las intervenciones de tala de las palmeras muertas, de la noche a la mañana han creado una vía hormigonada sobre el paseo para la incursión de maquinaria de obra, y han derribado una de las casas que quedaban. Desgraciadamente, el final de esta casa no ha sido de extrañar, pero la rapidez y sigilo de la operación sí han sido de record. A partir de aquí, fácilmente podemos prever un edificio de altura igual al que lo sucede, mucho más jugoso y rentable económicamente que la poca historia que el ya desaparecido podía albergar por sí mismo. Igualmente, a tan sólo 2 números de este derribo nos es cauto empezar a apostar cuánto tiempo le queda a la otra casa, ya única superviviente y que efectivamente rompe la línea de la “modernidad” que el urbanismo onubense se ha esmerado en imponer a golpe de piqueta.

Fotos de las casas ya cerradas, con las ventanas cegadas.

A juzgar por la silueta en los muros contiguos, la casa, entendida en extensión y no en altura (que es de la única manera que Huelva entiende el “crecer” desde hace tiempo) tenía un tamaño muy considerable que a buen seguro hará las mieles de aquellos que dispongan del terreno.

Hace ya muchos años que el Paseo de Santa Fe ha dejado de presumir de muchas cosas, y probablemente la más ausente sea la propia fe, la fe en que la especulación y la insensatez no acaben con todo vestigio de su historia, pues poco queda en pie.

D8ni.

*Nota: Son el número 6 y 10. De la 6, derribada, deduzco el número por lógica y lo apreciable en una foto en que creo distinguir el número.

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La Muralla de Huelva

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Sábado, 10 septiembre 2011

¿Tuvo Huelva alguna vez muralla?

En el siglo XI Huelva fue capital de un reino Taifa, bajo la dinastía de los Bekríes. Esta capitalidad se compartía con la ciudad de Saltés. Tanto una como la otra estaban defendidas de forma natural. Huelva entre cabezos y Saltés en una isla. Estas defensas naturales no eran suficientes, por lo que se realizaron obras defensivas para reforzar estas poblaciones. Saltés no dispuso de muralla, sin embargo tuvo alcazaba y un foso de los cuáles todavía quedan restos. A pesar de ello, fue asaltada por los vikingos en sus correrías por el Golfo de Cádiz.  Huelva probablemente también tuvo alcazaba, que estaría situada en el cabezo de San Pedro ocupando el mismo espacio que el posterior y desaparecido Castillo de los Duques de Medina Sidonia. Además, la ciudad se encontraba protegida por los cabezos. La única forma de acceder a la misma era entre estrechos pasos entre las elevaciones, si bien, existían zonas más llanas y por lo tanto más vulnerables. ¿Existió algun tipo de muralla o fortificación que protegiese estas zonas? veamos que nos cuentan los autores antiguos:

… una de las ciudades de la zona de Gibraleón en el Al Andalus. Se trata de una villa bien defendida a la que es posible acceder por entre montes de angostos pasos. Ciudad antigua, cuenta con restos primitivos…

Al-Himyari

Madina Welba, poco considerable pero bien poblada, ceñida por muralla de piedra, provista de bazares en los que se hacen negocios y se ejercitan en diversos oficio

Al-Idrisi

… sencillas y toscas murallas, con fortaleza de argamasa, descendían hacia la orilla izquierda del Odiel, como brotando de Levante y de Poniente, para torcer ambas, buscándose, amparadoras, cerrando el contorno defensivo en bonita puerta llamada ‘Bad al Madina’ (Puerta de la Villa)…

Al-Qutiyya

Los autores y geógrafos medievales parece que dejan clara la existencia de una muralla, de mayor o menor envergadura y calidad, que protegía la ciudad. No sabemos la fecha de su construcción y tampoco si se apoyaba sobre restos romanos, algo muy común en la zona. Sin embargo, no han llegado hasta nuestros días ni un solo resto de esta cerca. Las destrucciones de cabezos y las grandes transformaciones que ha sufrido el casco antiguo de Huelva no nos permiten ni siquiera constatar de forma arqueológica estas afirmaciones. Sin embargo, en el siglo XVIII todavía existía una antigua puerta de esta muralla, situada en “la Cuesta”, una zona de cabezo situada en la zona baja de San Pedro, en dirección a la calle La Palma y calle Aragón.

…Allí estuvo una portada enhiesta en nuestros tiempos, oy arruinada, de obra mas antigua, que de Moros. Por esta se salía a un tajo bastantemente profundo, oy la Cruz de la Cuesta, que domina con bastante superioridad un dilatado Barrio de la Villa, que llaman la Vega…

Juan Agustín de Mora, Negro y Garrocho (1761)

Los autores del siglo XVIII consideraban esa puerta como de obra romana, al haberse encontrado “barro saguntino” en sus cimientos. Actualmente no podemos conocer nada sobre esa puerta puesto que toda la zona ha desaparecido al desmontarse completamente el cabezo que la sustentaba.

Escribiendo este artículo he recordado una excavación que se realizó no hace muchos años en el antiguo bar San Pedro en la época en la que cuando se excavaba te dejaban visitar las excavaciones y te explicaban lo que se había encontrado. En ella apareció un muro de grandes dimensiones que se anunció como restos de una muralla romana del siglo I asociados a una puerta de la ciudad y con reparaciones realizadas en los siglos siguientes…

Muro de piedra

Muro de piedra

Otra sección del mismo muro

Otra sección del mismo muro

Añadido posterior entre las dos secciones

Añadido posterior entre las dos secciones

Detalle del muro intermedio

Detalle del muro intermedioAltura de los restos

Años después he preguntado acerca de esos restos que de repente pasaron de ser una muralla romana a cimentación de un edificio público de finales de la Edad Media y principios de la Edad Moderna. ¡Vaya cambio!

Por cierto, en la misma excavación apareció también lo que según las explicaciones que nos dieron, era una construcción con forma cilindrica relacionada con el agua (algún tipo de depósito del acueducto) que posteriormente se había convertido en tumba (¿o era en basurero?)

Otros restos aparecidos

Otros restos aparecidos

¿Qué pasó con todo esto? pues lo de siempre. Con suerte los restos de la “muralla” se han conservado y duermen el sueño de los justos esperando a que se rehabilite y se le coloque una cristalera para que podamos contemplarlos.

Pero claro, eso es “con suerte”…

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Huelva Begins. Nativos, Fenicios, Tartessos y Griegos

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Domingo, 13 diciembre 2009

Al hilo de los diversos artículos en diarios locales que frecuentemente vienen publicándose, que incluso algún colaborador ha hecho llegar al blog (el último gracias a Fran Pazos), relacionados con los hallazgos arqueológicos que se vienen produciendo en la ciudad y siguiendo un poco en la línea de mi otro artículo sobre la ciudad de Tartessos en Huelva capital, me ha parecido interesante realizar una narración en la que contar cómo apareció nuestra ciudad y cómo llegó al momento en que entró en la historia, posiblemente la época en la que la actual Huelva obtuvo una mayor relevancia en el ámbito Mediterráneo, para llegar a ser tenida muy presente por los escritores clásicos.

Con todo ello, como ya dije en el anterior artículo, no pretendo entrar en si fue Tartessos una civilización propia o no, o si todos los fenicios eran realmente fenicios, sólo hacer un pequeño análisis de la historia más antigua de la ciudad, dar a conocer algunos detalles que muchos pueden que desconozcan e intentar animar a que se continúe investigando sobre esta historia.

Primero situémonos en el tiempo, y vamos a hacerlo en el III milenio a.C. En esta época Sumerios y Egipcios ya disfrutaban de civilizaciones organizadas, con escritura, leyes y ciudades. Sin embargo, en Europa Occidental aún no se atisbaba nada parecido, las personas que la habitaban seguían siendo nómadas, seminómadas o en algunos casos empezaban a crear asentamientos.

Pues uno de esos grupos de personas encontró, en lo que hoy es nuestra ciudad y sus proximidades, un lugar ideal para asentarse. La situación geográfica no era exactamente la actual ya que en aquellos tiempos se encontraba rodeada de agua casi en su totalidad, formando un istmo unido al resto de la península ibérica por una estrecha franja de tierra, correspondiendo esta zona con lo que ahora vendría a ser la carretera del cementerio hasta la Ribera. Por ahí llegaron y se encontraron unas condiciones excepcionales, un clima templado, amplias tierras para el cultivo y acceso a los innumerables recursos marinos, además de encontrarse protegidos de este mar por la altitud de los cabezos. Con estas circunstancias se inició el poblamiento de la zona que permanecerá hasta hoy.

En este punto, la Arqueología nos indica el afianzamiento de estos poblados, encontrándose en la zona del Seminario restos de esta época de enorme valor como ídolos cilíndricos o la localización de zonas de cultivo dedicadas a la vid, muy significativo ya que esto último sólo se había dado en Grecia (¿acaso se cultivaba la vid aquí antes de la llegada de los fenicios o griegos?). Con estos hallazgos puede decirse que se reescribe parte de la historia de Europa ya que demuestra que nuestra ciudad lleva habitada ininterrumpidamente mucho antes que ningún otro lugar de la zona occidental del continente.

No tardarían en comenzar a trabajar el gran recurso de la provincia, los minerales, que con el paso del tiempo serían decisivos en la evolución y crecimiento de la ciudad. Quizás estos primeros nativos de la zona, darían origen a lo que muchos consideran el Tartessos anterior a la época orientalizante.

El tiempo sigue pasando. Ya desde mitad del II milenio a.C., o incluso antes, en el Mediterráneo oriental venían apareciendo civilizaciones que se lanzaron a la exploración de dicho mar, entre ellos los fenicios, que se lanzaron a la búsqueda de nuevos mercados donde comerciar y la fundación de diversas colonias. A esto fue ayudando las mejoras tecnológicas navales, como la invención de la quilla, lo que permitía un mejor manejo de las embarcaciones, lo que propició ampliar el margen para explorar, llegando a cruzar el Estrecho de Gibraltar alcanzando una zona desconocida, donde dejaban la embarcación a 10 m. de la playa, y horas después se encontraba a 100 m. y que prácticamente era el fin del mundo, ya que más al Oeste no había nada.

Nuevamente vamos a situar en el tiempo un acontecimiento fundamental para la ciudad, que no es otro que la llegada de estos fenicios, más concretamente “tirios”. Para ello vamos a tomar como referencia la fundación de Cádiz, hasta ahora considerada la ciudad más antigua de Europa Occidental. A ésta, el historiador romano Marco Veleyo Patérculo la sitúa en el año 1104 a.C. (dice 80 años después de la Guerra de Troya), fecha poco probable examinando los hallazgos arqueológicos de la ciudad que no lo sitúan antes del siglo IX a.C., y recurriremos a Estrabón en su geografía de Iberia III, 5, sobre esta fundación, que entre otras cosas dice lo siguiente:

“…Tiempo después, los enviados avanzaron más allá del estrecho en torno a los 1500 estadios, hacia una isla consagrada a Heracles (¿los restos del templo romano de la isla Saltés?), situada junto a la ciudad de Onuba de Iberia, consideraron que las columnas (de Heracles) se hallaban allí e hicieron un sacrificio al dios; pero como de nuevo las víctimas no resultaron favorables, regresaron a casa…” y al siguiente intento fundaron Gades en su ubicación actual.

Como vemos, los fenicios antes de fundar Gades venían “dando vueltas” y comerciando por la zona, y este comercio hizo que mereciese la pena fundar una ciudad donde gestionarlo.

Su llegada a nuestra ciudad fue fundamental. Rápidamente se dieron cuenta de la riqueza mineral de la zona y no tardaron en contactar con indígenas, iniciando un comercio que se convirtió en muy productivo para ambas partes. Pronto comenzó a verse los beneficios para esos nativos que por comodidad comenzaré a llamar Tartessos.

A los sistemas de tratamiento de los minerales -que ya usaban-, se unieron otros que enseñaron los fenicios y que ya hacía un tiempo que se venían utilizando en el Mediterráneo oriental y que mejoraría sustancialmente la producción, como por ejemplo, la copelación para la extracción de la plata, llegando a producir grandes cantidades de este metal, que daría fama a la ciudad en todo el Mediterráneo, llegando a dar nombre a un teórico rey, Argantonio, cuyo prefijo hace referencia a la gran cantidad de este metal.

La cultura de los Tartessos pronto comenzó a impregnarse de la fenicia. Joyas, utensilios, religión…, todo comenzó a tener un aspecto de Mediterráneo oriental. Esta intensa relación de dos siglos daría paso, muy posiblemente, a un mestizaje de culturas y personas que a su vez daría paso al Tartessos más conocido, ese que durante siglos ha alimentado la imaginación de numerosos escritores.

Como resto de esa relación, podemos ver en la ciudad el muro fenicio del cabezo de San Pedro, que aunque en terrenos privados (en vías de expropiación según creo), suelen surgir ocasiones en la que poder visitarlo. Quizás gracias a esta circunstancia y a la preocupación del propietario del terreno, que hizo una pequeña construcción que lo protege, se encuentra en bastante buen estado. Este muro hasta ahora se consideraba que se trataba de un muro de contención, pero en los últimos tiempos cada vez son más las voces que lo ponen en duda, considerando que pudiera tratarse de un muro con carácter defensivo. Particularidades, como que carezca de zanja de cimentación, parecen avalar esta teoría. Pero volveremos a este cabezo más adelante.

Según el profesor Juan Pedro Garrido Roiz (cuyas ideas usaré en adelante), el producto del mestizaje tartesso-fenicio fue lo que más adelante se encontraron los primeros griegos que llegaron a la zona, que a la vista de la ya mencionada riqueza en metales eligieron el nombre para denominarla, Tartessos, que, sin profundizar mucho en su etimología, viene a significar “lugar de los metales”. Interesa identificar el origen de esos griegos, al igual que hicimos con los Tirios, ya que será de interés al final del artículo, y que no era otro que las ciudades griegas de Focea y Samos. Esta última ciudad fue también origen del que dicen que fue el primer griego que cruzó el estrecho, Kolaios de Samos que entabló amistad con el rey tartesio Argantonio, origen de las leyendas que le siguieron.

Este hecho ya fue el despegue definitivo. El inicio del comercio con el mundo griego hizo entrar definitivamente a nuestra ciudad en la historia, y digo nuestra ciudad porque considero que se trata de la renombrada ciudad de Tartessos, basándome en los hechos que ya menciono en el artículo al respecto que publiqué en este blog, además de la entidad, calidad y cantidad de restos arqueológicos hallados, y no igualados por ningún otro yacimiento de la época. Como dice el profesor Garrido “en la Joya se encontraron más bronces que en Cartago”, y él lo sabe mejor que nadie, ya que fue quien realizó la excavación. Además, hablar de la relación greco-tartesia, es hablar de metales, y los metales de Tartessos estaban en Huelva.

Pero el mundo griego en Huelva, cada vez da más sorpresas y lo que en principio parecía un asentamiento comercial, los hallazgos arqueológicos dejan ver la existencia de una colonia griega en nuestra ciudad, que pudiera tratarse de Olbia (nuevamente cito al profesor Garrido).

Para ello no hay más que fijarse en la cantidad de restos griegos que salen en los últimos hallazgos, vislumbrándose la situación de la misma en las calles Concepción, Puerto y Méndez Núñez, donde se han hallado gran cantidad de cerámicas, muchas de ellas de gran calidad, las últimas en Concepción, nº 3. Además, para reforzar la teoría de la ciudad griega, entre otros, se han hallado restos de culto a una diosa griega muy particular, Hestia, que suele identificarse con la Vesta romana, aunque a ésta se le había dado alguna atribución más. Para quienes no la conozcan, diré que se trata de una diosa de culto muy extendido en Grecia, que según la mitología es hermana de Zeus, Poseidón, Hades, Demeter y Hera, y formaba parte del panteón olímpico, hasta que -según algunos autores-, cedió el lugar a Dionisos. Pero esta diosa tenía una particularidad, era la única que no aparecía interviniendo en ningún mito griego y tiene su explicación. A muchos dioses se le rendían culto para viajar, comerciar, guerrear, explorar, etc., pero a Hestia sólo se le rendía culto en el hogar, única y exclusivamente (se le representaba con el fuego del hogar), lo que deja ver la existencia de que muchos griegos tenían su hogar en la calle Puerto, por ejemplo.

Todas estas circunstancias llevaron a la ciudad a su máximo esplendor, alcanzando una dimensión mayor que la Huelva de principios del siglo XX.

Estos foceos y samios, prácticamente monopolizan el comercio de Tartessos, hasta que éstos entre los años 540 y 535 a.C., sufrieron una estrepitosa derrota marítima en la batalla de Alalia contra cartagineses y etruscos, destruyendo gran parte de su flota, desapareciendo el comercio con los tartesios, y en definitiva, provocando la disipación de esta civilización como tal, ya que los cartagineses tenían orientado su comercio hacia otros lugares (esta es la hipótesis más probable de la desaparición del mundo tartesio). Esto daría paso los turdetanos, considerados herederos de los Tartessos, pero la huella permanecería, y signo de ello es lo que dice Estrabón sobre estos turdetanos: “…Los turdetanos están considerados como los más cultos de todos los iberos. Conocen la escritura y poseen, incluso, testimonios de su antiguo pasado: crónicas históricas, poemas y leyes en verso, que dicen ser de una antigüedad de seis mil años…” lo que deja ver lo evolucionada que estaba la civilización anterior a estos iberos.

Pero es interesante volver a hablar del Cabezo de San Pedro, como ya indiqué antes, ya que el Profesor Garrido Roiz defiende una interesante teoría, que no tiene nada de descabellada. Este cabezo reúne todas las condiciones para que en él se encontrase una acrópolis que dominase la ciudad tartesia. En su dominante posición albergaría los centros de poder y religiosos, que normalmente se van sustituyendo, con el paso del tiempo, con nuevas edificaciones con el mismo carácter, como por ejemplo el Castillo de los duques de Medina-Sidonia junto a la iglesia de San Pedro.

Pero como siempre, en estos casos sólo hay una forma de averiguarlo, y no es otra que excavando. Quizás sería una buena oportunidad, hacerlo cuando esos terrenos vuelvan a ser propiedad de la ciudad en lo que presumiblemente resultase un estudio muy fructífero, que quizás vuelva a rescribir la historia de la ciudad y de Europa Occidental. Mas como es habitual, dudo mucho que la administración local tenga interés en un estudio realmente serio del lugar, y mucho menos profundizando en los distintos estratos del subsuelo (que son muchos en Huelva) y quedándose, como siempre, en la primera piedra que se encuentren. Además, parecen más interesados, no sé con qué justificación, en la reconstrucción del castillo, cuando, quizás bajo tierra se encuentren restos suficientes para una posible utilización turística del lugar.

Esta idea podría trasladarse a otros lugares de la ciudad, como por ejemplo, la plaza situada en la unión de las calles Méndez Núñez y Puerto, considerada una reserva arqueológica, ya que nunca se ha construido nada en ese lugar, por lo que los restos, que a buen seguro se encuentran bajo ella, estarán intactos para su estudio, y deben ser numerosos e importantes a tenor del lugar en que se encuentra. Pero como siempre, parece destinado a ser una eterna reserva arqueológica, y encima le colocan unos jardines encima que hay que regar con la consiguiente filtración del agua, dañando posiblemente estos restos. En definitiva, sería de agradecer el profundizar más en los lugares donde se encuentran restos arqueológicos y dejar de poner excusas para no seguir excavando (esto también lo opina el profesor Garrido Roiz), que a buen seguro daría grandes sorpresas sobre la antigua ciudad de Tartessos y su repercusión. Recordar que, por ejemplo, del muro fenicio sólo hay descubierto unos 6 m. y en la necrópolis de la Joya aún hay tumbas por descubrir.

Neoptolemo.

Fuentes:

– Geografía de Iberia. Estrabón.

– Revista Historia de Nacional Geographic nº 50.

– Apuntes de las XII Jornadas de Arqueología y Territorio de Aljaraque.

www.huelvainformacion.es

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La Piedra del Moro

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Lunes, 22 diciembre 2008

Al igual que otros pueblos y ciudades con una larga Historia a sus espaldas, la ciudad de Huelva ha sido un lugar cargado de leyendas y tradiciones que por desgracia hemos ido perdiendo. Muchas leyendas nacen de un intento de explicar el origen de lugares o edificios de tanta antigüedad que ni los más mayores recuerdan, y si hay un período lejano y oscuro, pero a la vez mágico e idealizado en la Historia de Andalucía, ese es el de la dominación musulmana. Si reunimos todos estos ingredientes tenemos la leyenda de la Piedra del Moro.

Las primeras noticias sobre un gran peñasco en las cercanías de la iglesia de San Pedro las tenemos en algunos textos y citas de los siglos XIX y principios del XX. A continuación mostramos algunas de estas referencias:

“Los marineros que se acercaban de noche en las fiesta de la Cinta, para atracar sus barcos…, tomaban como referencia y guía la luz de aceite de un farol colgado en la Cruz que se alzaba en el cabezo de San Pedro junto a un gran peñasco, ya desaparecido, conocido por “la piedra del Moro”, junto a esa Cruz”.

Montero Escalera 1946

“Situado (se refiere al castillo) en el Cabezo que hay en la calle Aragón, Matadero, Buenos Aires. Hasta los comienzos de este siglo quedaba un paredón que se conoció con el pintoresco nombre de la Piedra del Moro”

José Marchena Colombo 1940

Estos textos, escritos cuando ya la piedra había desaparecido, hacen referencia a un paredón, posiblemente un resto de una torre o de la muralla del castillo, que estaba cercano a la cruz situada en la cuesta empedrada. Los onubenses, en un intento de explicar la existencia de esa piedra en un cabezo de barro cuando ya el castillo hacía siglos que había desaparecido de su memoria, inventaron una leyenda sobre este peñasco. Según esta leyenda, la piedra era el observatorio de un astrólogo musulmán que lo utilizaba para contemplar las estrellas allá por el siglo XII. Hacia 1885, un anónimo personaje se convirtió en una especie de meteorólogo/profeta local y le dio por subirse a la peña o piedra para hacer sus predicciones, al igual que había ocurrido hace siglos con el astrólogo musulmán.

La historia de esta piedra termina como casi todo en esta Huelva, en un vertedero de escombros.

“Así mismo acordó S.E. el abono de otra cuenta del propio Ayudante, Sr Robles, para acreditar que en la reparación del empedrado de la calleja próxima a la calle Nueva y en el derribo de la piedra conocida por el sobrenombre del Moro, se habían invertido treinta y seis pesetas y cinco céntimos, que se pagarán del Capítulo respectivo”

Actas del Ayuntamiento 1887

Hasta aquí las referencias, obtenidas de los libros Historia Menuda de Huelva (Antonio José Martínez Navarro) y El Castillo de San Pedro Función Urbana y Social (José Luís Gozálvez Escobar). Pero me gustaría ir un poco más allá.

Plano del Castillo de San Pedro de 1768

Plano del Castillo de San Pedro de 1768

Esta es una imagen del plano del castillo de Huelva conservado en el archivo de MedinaSidonia. El plano está fechado en el siglo XVIII y se puede ver en rojo lo que ya estaba en ruinas en aquella época. ¿Podría ser la piedra del moro un resto del castillo? Por la situación de la piedra cercana a la Cruz de la Cuesta y porque se describe como un peñasco o piedra separada de cualquier otro resto, podría tratarse (es una opinión simplemente, no quiero jugar a historiador) de los restos de alguna de las atalayas que se encontraban en ese “brazo” que le sale al castillo y que posiblemente serían puestos de observación avanzada o servirían de protección a una de las entradas de la fortaleza. Pero hay algo más. El cabezo de San Pedro, por su situación privilegiada, ha sido seguramente el lugar elegido para construir las fortalezas por los distintos pueblos que ocuparon esta ciudad, por lo tanto podría tratarse de las ruinas de alguna otra edificación construida sobre el cabezo siglos atrás con alguna función de tipo defensivo. En la descripción de Huelva que aparece en el libro Huelva Ilustrada (escrito en el siglo XVIII) se nombran los restos del castillo pero no se habla de ninguna piedra, por lo que esta teoría pierde fuerza “en teoría”, ya que no hace mucho ha aparecido una nueva “piedra” en el cabezo y que no se corresponde con ningún elemento del castillo (que de momento conozcamos).

cabezo

Ese “cajón” de piedras incrustado en el cabezo parece formar parte de los cimientos de algún tipo de edificación defensiva, de vigilancia o de contención de arenas. El cabezo está lleno de restos de este tipo, muchos de ellos tapados por edificaciones o enterrados y de los cuales no tenemos conocimiento. Y es que los cabezos aún guardan muchas sorpresas que podrían ayudarnos a comprender el pasado de nuestra ciudad.

Con esta particular “piedra del moro” termino el artículo con la esperanza de que algún día se pueda proceder al estudio y excavación de este cabezo, y con la pena de que lugares y leyendas como el que he querido contar aquí los hemos perdido para siempre.

Northman.

Fuentes:

GOZÁLVEZ ESCOBAR, Jose Luis: El Castillo de San Pedro (Huelva), Función Urbana y Social.

MARTÍNEZ NAVARRO, Antonio José: Historia Menuda de Huelva.

NEGRO Y GARROCHO, Juan de Mora: Huelva Ilustrada.

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La Cuesta Empedrada

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Domingo, 7 diciembre 2008

Hay algunos lugares de Huelva que han desaparecido sin remedio y que nunca podremos conocer, pero gracias a algunos textos antiguos podemos evocarlos con nuestra imaginación. Hoy en concreto hablaremos de la Cuesta Empedrada, Cuesta del Castillo o Cuesta de la Cruz.

Esta cuesta era la antigua subida a la zona alta de la ciudad desde el barrio de la vega, en concreto al Castillo y la Iglesia de San Pedro. Se correspondería en la actualidad con zonas de la calle Daoiz y la parte de cabezo que había en la calle Aragón. En el libro Huelva Ilustrada se describe la cuesta en el año 1762 con estas palabras:

…Allí estuvo una portada enhiesta en nuestros tiempos (se refiere a la zona baja del cabezo de San Pedro), oy arruinada, de obra mas antigua, que de Moros. Por esta se salía á un tajo bastantemente profundo, oy la Cruz de la Cuesta, que domina con bastante superioridad un dilatado Barrio de la Villa, que llaman la Vega….

Huelva en el Siglo XIX

Por lo tanto, parece que su pendiente se extendía desde la antigua puerta de la muralla, situada aproximadamente al final de las calle de La Palma o de Jacobo del Barco, hasta una cruz situada en la zona alta, en un lugar cercano a la puerta de la iglesia de San Pedro, situándose la cuesta entre los cabezos de San Pedro y el desaparecido del Molino del Viento, en lo que ahora es el paseo de Santa Fe.

Google Earth

Localización de la "Cuesta Empedrada". Imagen: Google Earth

Esta cuesta es nombrada en las visitas de los Condes a la ciudad, ya que era la subida natural al castillo desde la zona de la ría, donde desembarcarían en el caso de viajar en barco. También se hace referencia a dicho desnivel en una serie de arreglos para adecentar la ciudad, en concreto en la colocación de piedras nuevas en el pavimento ya que estaba en mal estado.

La protagonista de este artículo desaparece a mediados del siglo XIX cuando comienzan a desmontarse secciones del cabezo de San Pedro y con el desmonte total del cabezo del Molino del Viento. En su lugar se construye la actual calle Aragón, en una zona rebajada del cabezo. Esta calle es ocupada por grupos marginales de población, horadando el cabezo con la construcción de cuevas, lo que junto a la falta de muros de contención, produjo derrumbes con consecuencias trágicas incluso bien entrado el siglo XX.

Esta cuesta era una de las zonas más antiguas de la ciudad y su desaparición impide conocer más detalles de la Historia de Huelva. Con ella desaparece la Cruz de la Cuesta, los restos de la puerta de la muralla (el único resto de la muralla de Huelva que podría haber corroborado su existencia) y la llamada “piedra del Moro”, a la que dedicaremos un artículo próximamente.

Northman.

Fuentes:

GOZÁLVEZ ESCOBAR, Jose Luis: El Castillo de San Pedro (Huelva), Función Urbana y Social.

NEGRO Y GARROCHO, Juan de Mora: Huelva Ilustrada.

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