La Huelva Cateta

Desde 2007 batallando por una Huelva mejor

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Cuando no es por unos, es por otros…

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en miércoles, 28 septiembre 2011

El patrimonio arquitectónico de Huelva, o lo poco que queda de él, está acostumbrado a vivir en constante peligro. Unas veces por culpa de los políticos ineptos en materia de conservación de los que disfrutamos por estas latitudes, y otras veces por la ignorancia de sus propietarios. Esta vez ha tocado la segunda de las opciones.

El aspirante a montaña de cascajos y escombros es el edificio de la calle Palacio número 2. Este edifico fue encargado por Claudio Saavedra y construido aproximadamente en 1906 por el arquitecto Francisco Monís y Morales.  La fachada es una muestra de la moda neomudéjar que se extendió por los edificios Huelva a principios del siglo XX tras el éxito de construcciones civiles como la estación de Sevilla o la Plaza de Toros.

Edificio en Peligro (Fuente: www.huelvainformación.es)

Edificio en Peligro (Fuente: http://www.huelvainformación.es)

Pues bien, los propietarios del edificio han solicitado el expediente de ruina para echarlo abajo puesto que no disponen de dinero para afrontar su rehabilitación, y aquí paz y después gloria. La Gerencia de Urbanismo tiene catalogado este edificio y no ha permitido que se aceptase el expediente. Sin embargo, los propietarios han recurrido la decisión y todo queda en manos de los tribunales. El veredicto final podría dilatarse en el tiempo y el edificio continuaría su deterioro hasta que su ruina sea totalmente real y su derribo obligado por motivos de seguridad.

Para una vez que desde el ayuntamiento parece que se quiere conservar un edificio…

Fuentes:

Mª Asunción Díaz Zamorano, “Huelva, la construcción de una ciudad”.

http://www.huelvainformacion.es/article/huelva/1074532/pulso/judicial/por/derribo/edificio/historico/la/calle/palacio.html

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Ruta turística del mondongo choqueril. Parte II

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en martes, 22 junio 2010

Volvemos con nuestras rutas turísticas para visitar los maravillosos mondongos que pueblan nuestro centro histórico. Esta vez, la ruta se centrará especialmente en aquellos edificios que adornan nuestras escasas y coquetas plazas, aunque debido al amplio catálogo mondonguístico del que disponemos, también mostraremos otros ejemplares que encontraremos por el camino.

Mapa ruta 2

Mapa ruta 2

Nuestro paseo comienza en la plaza Isabel la Católica, más conocida como Plaza Niña. En esta plaza disponemos de un mondongo internacional en forma de academia de idiomas. Este mondongo se carateriza por disponer de unos palitroques en su parte superior que le dan un aspecto de… bueno, de algo. De todas formas, no es un ejemplo purista del mondonguismo, ya que puede haber personas que le encuentren algún tipo de atractivo.

mondongo 7

mondongo 7

Comenzamos nuestro caminar por las calles del centro admirando mondongos variados hasta llegar a la plaza Alcalde Coto Mora. Esta plaza está rodeada por edificios viejos y sucios como el Gran Teatro, la Casa de las Conchas, el actual Colegio de Aparejadores y la casa del torreón esquina con Hernán Cortés. Por suerte, un arquitecto ha diseñado un estupendo mondongo para dar un toque monumental a esta plaza. Hablamos de el edificio del Portichuelo. Este ejemplo de mondongo comienza en su planta baja enladrillada con un cierto aire antiguo que puede desilusionarnos un poco, pero nada más lejos de la realidad. A medida que alzamos la vista contemplando los diferentes pisos vemos que aumentan sus caraterísticas mondongueras hasta llegar al clímax de su última planta. Son dignos de destacar la colocación del aparato de aire acondicionado como elemento embellecedor de la fachada, y las manchas de humedad que aportan un aire añejo al conjunto. Es una lástima que este edificio tenga adosado el Gran Teatro, ya que impide su correcta visualización. Esperemos que sea declarado B.I.C (el mondongo, no el teatro) y se derribe su entorno para ensalzar esta obra maestra.

mondongo 8

mondongo 8

Damos otro paseíto y entramos en la Placeta. Junto al edificio de la Unión y el Fénix, de pésimo gusto, encontramos otro monumento. El antiguo edificio de Arcos. En realidad este edificio es mondongo por los pelos, ya que la colocación de la escalera externa podía haberse realizado de una forma un poco más cutre. De hecho, hasta hace unos años podíamos ver un relieve de Prometeo sobre su entrada principal que podía ser considerado por algunos como “bello”. De todos modos lo pongo como homenaje a un amigo cuya expresión al ver el edificio fue “Hay que joderse, qué feo”.  Cuestión de gustos.

semi-mondongo

semi-mondongo

Cerquísima (dos portales al lado como quien dice), tenemos un mondongo de un tipo hasta ahora no contemplado en nuestras rutas. El mondongo-mamotreto (del latín mondongus-mamotretus). Este tipo de estilo arquitectónico consiste básicamente en mazacotes de hormigón con ventanas. Son muy típicos en zonas de costa, pero en Huelva lo tenemos también en pleno casco histórico para el disfrute general. En este caso somos doblemente afortunados, puesto que el arquitecto dispuso el edificio como dos bloques separados por… algo o… no sé en verdad están así como girados… una cosa muy rara oíga.  Los vecinos han puesto su granito de arena colocando unos cierres de color blanco y unos toldillos anaranjados que le dan a la fachada cierto aire hotelero.

mondongo mamotreto

mondongo mamotreto

Para finalizar, vamos a visitar una joya de la arquitectura: el mondongo tapia. Candidatao no sólo a BIC, sino a Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Vayamos a la plaza de las Monjas para visitarlo.

mondongo máximo

mondongo tapia

¡Aquí sí que hay que joderse! no se confundan, no es una tapia, es un edificio completo. ¿En qué estaría pensando el arquitecto para regalarnos semejante mierda tan magnífica edificación? Este mondongo es el culmen de la construcción mondonguera de nuestra ciudad y máxima expresión del minimalismo. El arquitecto no puso ventanas para permitirnos contemplar la belleza del ladrillo pintado de blanco, o para ahorrar tinta en los planos. Fue el primer mondongo que adornó la plaza de las Monjas. Con los años vendrían muchos más, pero ninguno de ellos ha superado la belleza y simplicidad de éste.  Además, con su construcción se consiguieron dos hitos importantes: embellecer la plaza, y eliminar sucias y viejas casas del siglo XVIII y XIX que estropeaban el lugar. Por cierto, observen en la foto un ejemplo más de nuestra archienemiga la farola de forja. Por esta vez han tenido el detalle de no colocarla sobre la fachada del mondongo, respetando así la construcción original.

Hasta aquí las rutas del mondongo choqueril. Espero que las hayan disfrutado y que aprovechen para pasear por el centro de la ciudad y contemplar las maravillas que lo adornan. Cuando los estén contemplando espero que hagan como yo y se acuerden de todos y cada uno de los culpables que fomentaron su construcción.

Un saludo y hasta la próxima.

Northman.

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MANIFIESTO POR LA DEFENSA DEL PATRIMONIO HISTÓRICO QUE REPRESENTA EL MERCADO DEL CARMEN Y SU ENTORNO

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en domingo, 7 febrero 2010

No me gustan los decálogos, pero (a petición de los lectores que se sienten comprometidos con su tierra) intentaré resumir en uno, como colofón al artículo ayer publicado (que ojala no sea una esquela) la opinión y el sentimiento de una gran parte de onubenses que no quieren más que lo que les pertenece: su Historia.

MANIFIESTO POR LA DEFENSA DEL PATRIMONIO HISTÓRICO QUE REPRESENTA EL MERCADO DEL CARMEN Y SU ENTORNO.

Ante el inminente derribo de nuestro singular Mercado del Carmen y de todas las casas que lo rodean, representando en su conjunto de forma indisoluble el único reducto de Huelva que ha aguantado a lo largo de un siglo y medio de historia; y ante el proyecto que incluye la creación de una plaza mayor porticada en su lugar que no casa con la fisionomía e idiosincrasia de la zona, los usuarios del blog onubense “La Huelva Cateta” manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos lo siguiente:

1.- El edificio del mercado del Carmen cumple, al menos, con una de las instancias fundamentales para la conservación de un edificio patrimonial, la histórica. No sólo por su construcción hace 142 años (1868), sino por su significación en la sociedad onubense. Igualmente, al margen de criterios estéticos, el edificio del mercado del Carmen conserva una unidad estilística real con el resto del entorno, dada la complementariedad que se produce en espacio y tiempo, algo imposible de lograr una vez eliminado.

2.- La eliminación del Mercado del Carmen, no sólo supondría la pérdida histórica de su presencia física, sino la ruptura del conglomerado que dicho edificio provoca en el resto, dando lugar una incongruencia gratuita (una más) en el entramado histórico del centro “antiguo” de Huelva. En un conjunto histórico el valor de los edificios que lo conforman es diverso, pues conservar sólo aquellos artísticamente representativos que daría lugar a su descontextualización, careciendo de sentido al privarlos de su entorno, Las obras menores, pues, son vitales para la cohesión de cualquier conjunto patrimonial ya que su eliminación y sustitución favorecería los anacronismos arbitrarios.

3.- El criterio de eliminar el edificio del Mercado del Carmen es absolutamente gratuito e innecesario ya que es compatible con cualquier iniciativa dirigida a renovar un espacio devaluado, siendo además imprescindible si lo que se quiere es mejorar desinteresadamente este entorno conservando su historia, algo nada despreciable dada la zona en cuestión (centro del casco “histórico”).

4.- La posibilidad y factibilidad en la consolidación y restauración del edificio del Mercado del Carmen, o al menos parte de él, es perfectamente asequible, dada la poca complejidad arquitectónica del mismo y su simplicidad estructural (una sola planta, interiores diáfanos, materiales ordinarios, paramento sencillo, etc.)

5.- Las alternativas para su nueva función son numerosas, variadas y productivas, desde su uso cultural: centro de interpretación, cine, sala de exposiciones, salas de usos múltiples (representaciones, conciertos, proyecciones….), museo alternativo (gastronómico, arte y costumbres populares, artesanía,…). Comercial: espacio para ferias diversas, tiendas, locales de productos autóctonos y provinciales, delicatessens, vinotecas, boutiques de alimentación, etc. Hasta de ocio y restauración: bares, “terrazas”, cafeterías, degustación, etc. Siendo un reclamo importante que revitalizaría el centro histórico de Huelva a nivel local y turístico.

6.- Igualmente, en el caso de que no se le diera una función específica, su estructura (total o parcial) encajaría perfectamente en la remodelación y renovación de un espacio que pusiera en valor su historia, formando parte de una plaza (o siendo la misma plaza), integrado en el diseño urbanístico y/o ambiental del espacio (jardines, galerías, calles cubiertas…) o, en el caso más extremo, funcionando como exterior o antesala de cualquier proyecto concreto (parking, etc.)

7.- El poco patrimonio relevante conservado en la ciudad justificaría la conservación física y estética del edificio y su entorno que, a pesar de no ser especialmente significativo estilísticamente, supondría un acicate y revulsivo a la hora de cambiar la mentalidad y el compromiso del onubense con su pueblo, su patrimonio y su historia, así como una demostración de sensibilidad por parte sus gestores, lo que no sólo sería un gesto de preocupación y protección sino que, además, tendría una función educativa.

8.- La perspectiva de un solar de muchísimos metros cuadrados en pleno centro histórico de Huelva, lleno de coches aparcados, buscavidas ocasionales, y todo tipo de oportunistas de dudable legitimidad, que este tipo de actividad conlleva, así como la mala imagen de descuido, dejadez e insalubridad (con toda probabilidad peor que la del actual mercado en activo) durante un tiempo indeterminado (por ser benévolo, dados los precedentes) sería contraproducente y perjudicial no sólo para los vecinos y barrios adyacentes, sino para la propia ciudad a efectos de turismo e imagen, tanto hacia el exterior como de puertas adentro.

9.- Así mismo, la realización de una “plaza mayor”, ajena a la cultura e idiosincrasia de Huelva, superflua e innecesaria a efectos prácticos (dada la existencia de espacios similares dentro y fuera del centro histórico) falla desde su concepción, pues imitar el estilo del entorno sería artificial, falso y extraño, además de un pastiche ridículo; y adaptar este espacio a una estética contemporánea, no sólo sería anacrónico sino que rompería el entorno mencionado, por no nombrar el rechazo de la mayoría de onubenses al exceso de este tipo de plazas duras, tan prolíficas en los últimos años.

10.- Por último, el derecho de todos los onubenses a conservar su historia y transmitir su legado (ya que el patrimonio, por definición, es de todos y no sólo del gobierno de turno), sin que éste desaparezca por decisiones interesadas.

Invitamos a que a todo aquel que esté de acuerdo con lo aquí expuesto,  difunda este Manifiesto de la manera que considere oportuna, por lo que en este enlace lo podéis encontrar en formato PDF. También informaros de que esta reivindicación ya tiene eco en las redes sociales, tenemos constancia de un evento creado en Tuenti, así como un grupo en Facebook, tan sólo habéis de buscar “No al derribo del Mercado del Carmen“. Finalmente ponemos a vuestra disposición la siguiente encuesta en la que podéis participar y aprovechamos para recordaros que en este blog se pueden hacer comentarios sin necesidad de registro y que nuestro correo electrónico es lahuelvacateta@gmail.com.

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No al Derribo del Mercado del Carmen

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en sábado, 6 febrero 2010

Hoy 6 de Febrero ha sido el último día que ha abierto sus puertas el Mercado del Carmen. El próximo martes 9 los onubenses podrán hacer uso de un nuevo Mercado de Abastos, más grande, espacioso y acorde con los tiempos que corren. El antiguo tiene, según oí ayer en la radio, fecha para su inminente derribo, el 22 de este mismo mes. Desde que dedicamos una entrada a la jornadas de puertas abiertas del nuevo mercado, hemos recibido tanto por correo electrónico como en forma de comentario, muchas solicitudes de onubenses para que “hagamos algo” e impidamos que derriben nuestro muy antiguo (que no viejo como decía Rodri en los panfletos del nuevo) Mercado del Carmen.

No somos ninguna agrupación ni plataforma dependiente de ningún partido ni de ninguna asociación vecinal, somos tan sólo un buen grupo de amigos que compartimos unos ideales de pasión hacia nuestra Huelva, hacia su historia y hacia su patrimonio, por eso queremos atender la solicitud de tantos lectores y amigos, que quieren trasladar al resto de la ciudadanía su sentimiento en contra del derribo del antiguo mercado. Como representante de ese espíritu, hemos elegido este correo electrónico que reúne a la perfección la demanda de nuestros lectores, escrito por un onubense de adopción, que se siente más choquero que cualquiera de aquí.

Este artículo se verá mañana completado con un Manifiesto eleborado también por él, y que esperamos sea capaz de aunar a los defensores del antiguo Mercado.

Hay quienes (entre los que me encuentro) cuando van a una ciudad con intención de conocerla -especialmente aquellas vinculadas al mar- no dudan en visitar su mercado histórico. No sólo por ver el buen y diverso material autóctono, sino para cogerle el pulso a un lugar hasta entonces extraño.

Los mercados, sobre todo cuando están suficientemente asentados por los años, son el fiel reflejo de los habitantes de un pueblo al que, en cierto modo, representan. Pura idiosincrasia de una sociedad cuya rutina pasa por los puestos de sus interiores, pasea bajo sus techos industriales y atraviesa las diferentes portadas que, como peculiares calles cubiertas, comunican el barrio que estructuran. Forman parte de los  centros históricos de las ciudades, dotándolos de vida durante décadas o centurias y, en ocasiones, son auténticos monumentos arquitectónicos, aunque no fuera esa su función original.

Toda ciudad que se precie tiene un mercado histórico, más o menos significativo, pero histórico. Algunas lo han perdido, quedando sólo en la memoria caduca de pocos, y entonces lo que se encuentra al respecto, a pesar de que el contenido sea el mismo, es (en el mejor de los casos) pura mediocridad carente de cualquier “atractivo”.

Un mercado con más de cien años es parte de la cultura de la ciudad a la que, día tras día, año tras año, abasteció de la mejor materia prima surgida de sus entrañas. Las Halles, en París (convertido desde años en un forum y enorme centro comercial) no formó parte de la historia de tan importante ciudad por su estética o tamaño, sino por ser el primer y más importante mercado organizado de sus habitantes, dándole nombre al céntrico distrito que ahora ocupa.

Cuando llegué a Huelva, uno de los muchos apartamentos que visité para alquilar, fue el de un moderno y reciente edificio vecino al mercado del Carmen. Recuerdo que su dueño, entre las virtudes que me vendía, comentaba la posibilidad de un aparcamiento (en cuanto tiraran, en breve, ese mercado antiguo y ruinoso) en el amplio solar que sustituiría su cochambrosa y multitudinaria presencia. Recuerdo que pensé que el mayor atractivo que aquel piso me proporcionaba se lo acababa de llevar su dueño de un grosero y sincero plumazo verbal. Evidentemente no alquilé aquel apartamento, aunque, por suerte, encontré otro en una céntrica calle de la capital, y por tanto, igualmente cerca del mercado del Carmen.

Y digo esto porque todo mercado histórico se encuentra, además, en el corazón de la ciudad, no porque se ubicara intencionadamente allí, sino porque parte importante de la ciudad creció en torno a él, por eso son “históricos”. Independientemente de su estética, estos edificios estructuran la trama de los barrios que ocupan, barrios que suelen ser los de más solera gracias a éstos, especialmente cuando llevan más de un siglo condicionándolos.

Los primeros años del mercado del Carmen, coinciden con una época de expansión demográfica en Huelva. El auge de la industria en las “desarrolladas” manos anglosajonas contribuyó al asentamiento de una acomodada burguesía hasta entonces inexistente en un humilde pueblo pesquero. Este mercado, incluso durante el tiempo de convivencia con los otros dos de la ciudad, Santa Fe y la Merced (igualmente en peligro de extinción) era el más importante y multitudinario de Huelva, sustituyendo a las mercaderías que en sus alrededores cumplían hasta entonces esa función, de ahí el nombre de algunas calles próximas (tendaleras, bocas, etc.).

Yo he tenido la suerte (relativa si se quiere, ya que seguramente el “nuevo” sea más cómodo y eficiente) de conocer el “Mercado de Huelva”. Quizás el único edificio civil de la capital que ha mantenido la misma función desde hace un siglo y medio. La mayoría hemos paseado por las mismas “calles” y “puestos” que otros hace 142 años, repitiendo los mismos gestos y actos. Cuando este edificio desaparezca nadie podrá, no ya sólo vivir un cotidiano acto histórico, sino recrearlo, porque en su lugar encontrará un solar (que, por cierto, comparte raíz con soledad) tan desolador, valga la “redundancia”, como la futura y ajena plaza que, algún día lo reemplazará.

No estamos hablando aquí de la procedencia de trasladar esta actividad a un nuevo y mejor edificio -para fortuna de trabajadores y comodidad de clientes-, que probablemente sea lo más sensato. Estamos hablando de no seguir exterminando la historia de nuestra ciudad.

El antiguo mercado del Carmen, construido en 1868, es un edificio histórico, eso nadie lo discute, pero ¿es un edificio importante desde el punto de vista de su conservación? Teniendo en cuenta la cantidad de edificios arquitectónicamente interesantes que han ido pasando por la piqueta, sin más criterio ni consideración que el interés económico de unos pocos, muchos opinarían que no, sobretodo cuando éste, en particular, no ahonda precisamente en inquietudes artísticas o arquitectónicas. Pero si lo piensan, ¿Qué interés estético tiene una ruina arqueológica más que la conservación de la memoria y la recreación de la historia? Por otro lado, el edificio en sí, más o menos agraciado, es un modelo de una arquitectura popular, funcional y tradicional, reflejo en su sencillez de una estética costumbrista que se repite, con sus particularidades, en otros sitios de Andalucía occidental: horizontalidad, cornisas molduradas, frontones, remates prismáticos, colores cálidos (alberos, almagras), etc., lo que lo dota de ciertas características propias de su función (éste además presenta una curiosa cubierta de naves, tres longitudinales –la central más ancha-, una doble transversal y una perimetral, imperceptibles desde el interior) que, unidos a su antigüedad e historia, lo hacen peculiar. Además, y no menos importante, es su capacidad aglutinadora y estructuradora del espacio que ocupa, unificando cierto estilo local (los austeros recercados coloreados de los vanos en las casas de alrededor es un ejemplo de la arquitectura popular vinculada al mar). Como se ha dicho, la plaza se forma en torno al mercado y no al revés, por lo que ésta sin él no tendría sentido. Los edificios colindantes forman las calles históricas cuya linde es la masa poligonal (irregular pero simétrica) del Carmen. Las calles Duque de Ahumada y, sobretodo, Carmen y Barcelona no existirían sin el mercado, por lo que no es éste lo único que va a desaparecer.

Alguien me dijo una vez que el verdadero casco histórico de Huelva era los alrededores del mercado del Carmen y, ciertamente, a pesar de lo deteriorado e intencionadamente mal conservado, se puede aún respirar esa atmósfera como en ningún sitio del centro. El sistemático e interesado abandono de esta plaza, cuya intención no se le escapa a nadie, ha conseguido que su propia gente le de la espalda, pero no nos engañemos, no es irreversible. Cuando derriben el Carmen y las casas de alrededor ese “centro” dejará de existir, nos lo habrán quitado, y una plaza extraña a él no lo va a devolver, sólo lo va a transformar, despojándolo de toda su historia.

La afición de los políticos de Huelva al “pastiche” (o como también se dice en este blog, “mondongo”) y su poco apego al patrimonio histórico se hace patente una vez más en la realización de una “plaza mayor” que nunca ha existido. Se puede entender, independientemente del mal gusto, la construcción de plazas, más o menos acertadas, en zonas de expansión o urbanísticamente reformadas, pero la ambición de dotar a Huelva de una plaza mayor (es decir, un espacio cerrado, amplio y diáfano en pleno centro histórico) es tan cateta como el nombre de este blog, por no decir patética y acomplejada, ya que esta ciudad nunca la ha tenido, y eso forma parte de su propia idiosincrasia.

Por otro lado, la realización de un parking (de dudosa necesidad, pues no he visto mayor cantidad de parkings privados en tan poco espacio) no es incompatible con la conservación del edificio. Pero cuando se tiene la costumbre de derribar cosas/casas para poder trabajar más cómodamente (en Huelva es el único sitio donde “restauración” es sinónimo de derribo y, en el mejor de los casos, reconstrucción) parece que es la única forma de hacerlo, pero no lo es, señores, no lo es.

Sr. Alcalde, me consta que lee este blog y, al parecer, hasta ha participado en él. Son varios los artículos y comentarios interesantes sobre el patrimonio histórico y arquitectónico onubense (entre ellos el del mercado) y su particular dejadez y falta de aprecio. Le aconsejaría que repasara alguno para que entendiera la profundidad de lo expuesto.

Todos somos conscientes de los intereses que debe haber de por medio (lo cual no es precisamente positivo), pero la aniquilación del poco patrimonio histórico que queda en Huelva (debido a los sistemáticos atentados que -durante décadas y diferentes mandatos hasta la actualidad- se han venido haciendo con el beneplácito o la negligencia de quienes debían defenderlo) no es la mejor forma de demostrar la querencia por una ciudad.

El derribo integral y desaparición del edificio del mercado del Carmen (el Mercado de Huelva) es absolutamente innecesario. La restauración, reforma o rehabilitación de las fincas adyacentes es completamente factible, y la puesta en valor de un espacio histórico (y esto no es la modificación caprichosa o el “pasticheo”) es lo mejor que les puede pasar a sus vecinos.

Son muchas las alternativas que se pueden barajar. En este blog se han propuesto infinidad de ellas, y todas pasan por conservar, al menos, el exterior del edificio. Esto lo han sabido entender otras ciudades, donde el final del ciclo de un mercado histórico no coincide con el final de su existencia física. En Valencia, el antiguo mercado de Colón se ha convertido en un centro de restauración, tiendas y establecimientos hosteleros que respeta su conjunto global, en Madrid el mercado de San Miguel es uno de los lugares más visitados por gente local y turistas tras su rehabilitación y conversión en zona Gourmet y comercios de calidad… En todos los casos los grandes beneficiados han sido los vecinos en particular y la ciudad en general. ¿Estamos condenados a no poder compartir nunca la misma mentalidad de las ciudades importantes?

Incluso, en el peor de los casos, también podría tener cabida en el perseverante y obcecado proyecto de plaza (no repitamos el error del antiguo Colombino, símbolo de gran parte de onubenses), o hasta como “carcasa” del nefasto y obtuso parking. Cualquier arquitecto creativo y respetuoso (términos no siempre opuestos) podría ser capaz de integrarlo en un proyecto serio y con futuro.

Sr. Alcalde, ¿de verdad cree que una plaza, ¡una más!, impersonal, anacrónica y desvinculada puede ser mejor que revitalizar una zona histórica, dotarla de la vida que en su momento le otorgó el mercado, contribuir cultural y económicamente a desarrollar todo el barrio, potenciando al mismo tiempo el entorno y, en definitiva, apostar más y mejor por el corazón de una ciudad que, a la postre, es el motor de ella?

Sólo le diré una cosa. Las generaciones cambian, y cada vez son más los onubenses que se sienten como tales, que conocen, viajan y tienen criterios, que gracias a eso sienten más sus raíces, y que, cuando por fin reconocen los errores, cuando comparan y se dan cuenta de lo que es y lo que pudo ser…,  se sienten profundamente decepcionados.

Enlace al Manifiesto.

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