La Huelva Cateta

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Sobre Huelva. Un proyecto de ensayo. Capítulo 2

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Jueves, 13 febrero 2014

Huelva es el olvido. Tiene que ser ese el motivo de la extraña maldición que perdura en esta tierra. Huelva siempre ha sido un rincón olvidado porque en ella habita el olvido. Lo sé.

No mucha gente recuerda hoy en día el origen del nombre del rio Guadalete y creo que es pertinente recordarlo pese a su aparente lejanía tanto en tiempo como en espacio, pues aunque desde la antigüedad clásica las localizaciones no nos llegaron exactas, creo que sí lo hicieron sus verdades intuitivas y ecos mitológicos.

Los fenicios y griegos asentados en Andalucía denominaron al Guadalete como el rio del olvido paradójicamente en memoria de una batalla entre ambos y a la vez para olvidar las ofensas que la causaron. Fue esa raíz Lete (el rio del olvido de la mitología griega o leteo en latín) la que los árabes reciclaron añadiéndole Guada- rio .

Puede que al igual que con localización exacta del mítico reino de Tartessos las fuentes no acertasen y dicho rio se encuentre también aquí, en estas tierras más allá de las columnas de Hércules. Porque pienso que el verdadero rio del olvido  tiene que estar en Huelva. Solo así se explica el olvido endémico que cubre la región desde tiempos inmemoriales acaso por una maldición de los antiguos dioses por extraer de la madre tierra tesoros que atrajeron a los distintos imperios desde que el hombre salió de las cuevas, como prueba el hecho de que Riotinto sea una de las explotaciones mineras más antiguas de la humanidad.

Eso explicaría el olvido y la enigmática (des)localización del reino de Tartessos mencionado incluso en la biblia. Maldición de la que ni siquiera el arqueólogo alemán Adolf Schulten pudo librarse y que se convirtió en una obsesión que se llevó a la tumba. Incluso con la mayor gesta ocurrida en nuestras tierras y de las pocas cosas que los onubenses reivindicamos con orgullo: el descubrimiento de América y la salida de las Carabelas de Palos de la Frontera no escapa al hecho de que solo sea recordado el Genovés Cristóbal Colon y pasaran al olvido de la historia los héroes onubenses Pinzones y la importantísima ayuda que recibió por parte del monasterio de la Rábida.

¿En que otro lugar si no es aquí se puede encontrar ánforas romanas semienterradas en pinares olvidados de la costa? El poder de evocación de esta tierra atrapara por siempre a los erráticos enamorados de los restos del naufragio de la historia. Únicamente hay que seguir las pistas que en esta casa de fantasmas nos dejaron sus anteriores ocupantes. Están ahí para el que quiera seguir el camino.

Solo en Huelva es posible recorrer sin guía ni control alguno las edades del hombre, sin que nada importe en el presente pues no hay futuro, solo olvido, lento y destructor, con la belleza de lo efímero.

Por eso recuerdo la fascinación infantil de ver la piedra de los sacrificios de los pueblos iberos que ocuparon la peña de Arias Montano y sus laberínticas grutas, recuerdo el hueco tallado en la pila tallada donde imaginaba debía situarse el corazón palpitante de la víctima.

¿Fantasía o verdad?

No lejos de aquellas cimas calizas unos aficionados al submarinismo encontraron en una gruta sumergida cientos de lámparas romanas (lucernas) durmiendo en el sedimento que  los milenios dejan al fondo de cristalinas aguas subterráneas. ¿Restos de mineros o un pozo de los deseos pagano?

Todo ello se perdió en Flandes.

Como bien saben los amantes de los minerales, en olvidados parajes del Andevalo se hallan minas en donde la tierra muestra sus cicatrices entre jara y silencio. Junto con elementos extraños y restos de la vida de mineros que dejaron sus herramientas y vidas casi como si fueran a volver de un momento a otro para continuar con su eterno picar.

Pueblos con arrogante carácter ingles que fueron abandonados en la desolación, restos de la casa del gobernador y su chimenea de lord, sus jardines, sus raros árboles de otros climas asilvestrados…todo semiderruido y alrededor : las casas de sus esclavos nativos.

Aldeas fantasmas que siguen ahí para el que quiera ver los restos del Titanic desde tierra, junto con perlas que la tierra aun guarda para coleccionistas intrépidos.

¿Encontrar tumbas hechas con laja cerca de riberas de ensueño? Busca los legendarios gurumelos en ciertos lugares y hallaras maravillas dolménicas despreciadas.

Escala montañas de Cuarcitas del paleolítico y descubrirás restos metálicos de las primeras fundiciones de razas que ya no existen.

Y ballenas enterradas en el Conquero… y casas árabes con mármol en islas marismeñas…Y fósiles tirados entre olivos…

Pero nada de esto importa al onubense de a pie. Y al no dársele valor al pasado y su  legado lo mejor que puede ocurrir es que continúe oculto, enterrado, abandonado, en la niebla protectora de la ignorancia y el disfrute de los iniciados.

El olvido fluye por las marismas de Onuba Aestuaria, fluye en el eterno ir y venir de mareas lunáticas que van borrando la memoria y el paso del tiempo con el limo y los ocasos rojizos, venas por las que sangra la tierra y por las que subieron y bajaron todos los imperios mediterráneos y nórdicos que llegaron para comerciar, para saquear, para conquistar, para vivir y morir cerca del corazón palpitante de la tierra sin que de ellos quedara aquí nada más que  mucho olvido y algunos restos sepultados por la marea de la historia. Fenicios, Griegos, Romanos, árabes, Vikingos, Castellanos, ingleses… todos bebieron del agua de leteo y navegaron sus marismas en algún fugaz momento.

A.S.Torres.

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ONOBA AESTUARIA: Charlas de octubre y noviembre en el “CVHPA”

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Domingo, 28 octubre 2012

Sabemos con seguridad que es mucho lo que se ha perdido de la ciudad romana de Onoba. Sin embargo también es mucho lo que se ha averiguado en las numerosas excavaciones que han tenido lugar en los últimos años, antes de que la desaparición de la construcción pusiera freno a las investigaciones arqueológicas. Es cierto además que la nueva información obtenida constituye un corpus de datos en bruto que se encuentra necesitado de un tratamiento en profundidad y una visión de conjunto que venga a ofrecer hipótesis de caracterización del  enclave onubense en sus diferentes etapas históricas.

Desde la Universidad de Huelva son varias las tesis doctorales que están trabajando en esta línea, dividida en diversos periodos cronológicos y temáticas, con lo que gracias al trabajo de estos investigadores, formados para estar al tanto de las nuevas corrientes, hallazgos e interpretaciones a nivel internacional, se está generando una versión actualizada del conocimiento histórico que tenemos de la antigua ciudad de Huelva.

El ciclo de charlas “Jóvenes Historiadores Onubenses”, en el centro de visitantes “Huelva, Puerta del Atlántico”, se adentra ahora en la etapa romana dando oportunidad de exponer para el gran público, a algunos de los integrantes del grupo de investigación “Vrbanitas. Arqueología y Patrimonio”, dirigido por el catedrático Juan Manuel Campos Carrasco.

Charla del pasado martes en el centro de visitantes Huelva, Puerta del Atlántico.

El martes 16, la arqueóloga Clara María Toscano Pérez, Licenciada en Historia y becaria FPU, nos hablaba  del “Periodo turdetano en Huelva”, ese momento intermedio entre la etapa tartésica y la dominación romana, aclarando cuestiones que la investigación daba por sentadas con escaso fundamento y que los nuevos datos están ayudando a desmentir.

Restos interpretados como pertenecientes a la muralla de Onoba, encontrados en Plaza de San Pedro esquina con calle San Andrés (Archivo D. P. Huelva Consejería E.C.D).

Poniendo como ejemplo los hallazgos en distintos puntos de la ciudad para este periodo, entre los siglos V al II a.C., Clara nos ha demostrado que es posible descartar la existencia de una drástica crisis que hiciera sucumbir a la civilización tartésica, pues se produjo una continuidad en el poblamiento y la actividad económica, aunque adaptados a los cambios que se iban produciendo en el entorno mediterráneo.

Terracota hallada en el cabezo de San Pedro en el año 1969 que los arqueólogos fechan entre el siglo IV y II a.C. (M. P. Huelva).

Los autores clásicos nos hablan de la presencia en el sur peninsular de diferentes pueblos, no sólo turdetanos, substrato indígena heredero del mundo tartesio, sino también celtas, griegos, púnicos, más tarde, romanos. No es posible elegir a uno sólo de estos pueblos para definir a los habitantes de Onoba de este periodo. Las excavaciones aportan un registro material que indistintamente contiene elementos característicos de una u otra cultura, en una mezcolanza propia de un lugar donde conviven gentes que pudieron ser o no de diversa procedencia, pero que manejaba utensilios, manufacturas o materias primas que sin duda lo eran, demostrándose una activa economía que, a diferencia de lugares peor comunicados situados en el interior, generaba una cultura abierta a todo tipo de influencias. Pues sí, así de cosmopolita era Huelva ya desde la etapa tartésica, por eso es tan difícil dar una definición étnica de carácter excluyente para esta ciudad en aquellos momentos. Por eso los romanos no tuvieron que civilizar Onoba. No tuvieron que fundar aquí ninguna ciudad ni levantar ninguna muralla, pues ya había todo eso aquí cuando llegaron los primeros romanos allá por las Guerras Púnicas.

Para saber más, sólo tenéis que continuar esta andadura, los martes a las 19 horas, de la mano de estos jóvenes investigadores onubenses que, dicho sea de paso, están haciendo una encomiable labor. Las próximas ponencias:

– 30 de octubre, “Onoba Aestuaria. El pasado romano de Huelva”, a cargo de Salvador Delgado Aguilar, Arqueólogo Licenciado en Historia por la Universidad de Huelva, miembro del Grupo de Investigación “Vrbanitas: Arqueología y Patrimonio”.

Hallazgos en el Convento de las RRMM Agustinas (Imagen cedida por el Servicio de Arqueología, Diputación Provincial de Huelva)

El próximo martes, Salvador Delgado Aguilar, arqueólogo y profesor sustituto interino de la Universidad de Huelva, nos hablará sobre el pasado romano de la ciudad. Onoba Aestuaria es el nombre que dieron los romanos a la ciudad de Huelva y es el tema elegido por este investigador para la realización de su tesis doctoral. Desde hace unos años Salvador está trabajando en la revisión de los hallazgos de este periodo recuperados en distintos puntos de la capital, labor que viene compaginando con su participación en diversos proyectos de investigación nacionales e internacionales. Es nuestro experto en el análisis de las cerámicas de esta etapa, cuyo estudio es fundamental para establecer con precisión la cronología y funcionalidad de las diferentes construcciones detectadas. Esto a su vez permite establecer interesantes conclusiones acerca de la ubicación de diversas actividades económicas dentro de la ciudad y cómo esta evolucionó con el tiempo, según los cambios políticos que se fueron produciendo en el seno del Imperio Romano.

– 13 de noviembre, “El mundo funerario romano en la provincia de Huelva”, por Lucía Fernández Sutilo, Arqueóloga Licenciada en Historia por la Universidad de Huelva y participante en el Proyecto de I+D del Ministerio de Educación, “Funus Onobense: el mundo funerario romano en el occidente de la Baetica”.

Monumento funerario perteneciente a la necrópolis Norte de Onoba, descubierto en el solar del antiguo Colegio Francés.

– 27 de noviembre, “Arqueología de la producción en el entorno de Onoba. Los alfares”,  con Jessica O’Kelly Sendrós, Arqueóloga Licenciada en Historia por la Universidad de Huelva y directora del Centro de Interpretación Arqueológica Huelva Milenaria, Cabezo de la Almagra.

Restos romanos hallados en las excavaciones operadas en Plaza de La Soledad 1 (Archivo D. P. Huelva Consejería E.C.D).

Rocío Rodríguez.

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3000 años de historia en la Ría de Huelva

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Domingo, 29 mayo 2011

¿Quién no ha oído hablar de las espadas y otros objetos que aparecieron en la ría de Huelva? Creo que algunos más y otros menos hemos oído alguna referencia a este tema. Pero, ¿se valora a este hecho como es debido? Creo que no, y por eso intentaré desarrollar un poco el tema para darlo a conocer algo más.

La historia comenzó a finales de marzo de 1923, cuando realizando un dragado de la ría, la draga “Cinta” comenzó a extraer del fondo a unos 23 metros del muelle de la compañía minera de Tharsis y entre 7,5 y 9,5 m. de profundidad bajo el lodo, una serie de objetos metálicos, junto con algunos trozos de madera y el mismo lodo.

Localización del lugar en la actualidad

Estos objetos metálicos resultaron ser unas 400 piezas de bronce, entre las que se encontraban unas 40 espadas (28 completas) de entre 70 y 75 cm, puñales de entre 15 y 40 cm, puntas de lanza, de entre 15 y 49 cm y flechas, así como otro tipo de objetos como fíbulas, botones, broches de cinturón, agujas, anillas, remaches, pasadores, cilindros macizos, y los que podrían ser trozos de cascos. Una amplia muestra de estos objetos pueden verse en el Museo Provincial de Huelva. De este tipo de objetos ya habían aparecido algunos en España, pero la cantidad total de todos ellos era muy inferior a los aparecidos en nuestra ría, y algunos como las puntas de lanzas, flechas y botones eran muy escasas en España e incluso en Europa, y otros como las fíbulas eras las primeras que aparecían.

Rápidamente el mundo de la arqueología de la época volvió su mirada hacia Huelva. Hay que tener en cuenta que en aquella época la arqueología sobre la protohistoria española y el mundo tartesio estaba llena de conjeturas. Schulten buscaba, con escaso éxito, la ciudad de Tartessos en Doñana, escasas voces situaban el centro de esta civilización en Huelva capital, ya que aún no había sido localizado ningún otro yacimiento arqueológico de esta época en la ciudad. Éstos comenzarían a aparecer en los cabezos de la ciudad a partir de los años 50 y 60, con lo que comenzarían  a unirse las piezas del puzzle.

Lo primero sería intentar averiguar la procedencia y datar lo objetos, comprobándose que el diseño de éstos correspondía posiblemente a la zonas de oeste europeo celta o del Egeo, por ejemplo, el tipo de espadas, denominado “lengua de carpa”, era propio del oeste, aunque si bien el diseño era de esa zona, los objetos tenían alguna particularidad de esta zona, por lo que daba pie múltiples teorías. Parece que pudieran tratarse de objetos del norte u oeste europeo, pero procedente del comercio con el Mediterráneo central u oriental, con la posibilidad de que alguno hubiese sido reparado o refundido aquí. El análisis de los isótopos de plomo del cobre de estos objetos, indica que éste procede de dos yacimientos distintos y no coinciden con el cobre de esta zona, por lo que parece definitivo que su elaboración primera no se dio aquí, como muchos han pensado, aunque quizás sí una refundición posterior. No obstante, están elaborados con una notable técnica metalúrgica en aleaciones y formas,  con tasas de estaño ligeramente inferior a otros depósitos ingleses y franceses y muy superior a los del Mediterráneo.

Recreación y comparación paleogeográfica de la ría de Huelva en la época de los depósitos (Revista Complutum extra nº 5)

Otra cuestión es la datación, y en este punto vuelven a aparecer múltiples opiniones, pero casi todas ellas las sitúan antes incluso de la llegada de fenicios a comerciar con Tartessos, situándola entre los siglos XIII aC a IX aC. Pruebas del carbono 14 realizadas en restos de madera que se encontraban junto a estas piezas, la sitúan entre los años 880 a 850 aC. Estas dataciones indican la antigüedad del comercio del puerto de Huelva, anterior incluso al comercio con fenicios y por supuestos griegos, mostrando la importancia de este comercio, sobre todo, de metales, tanto procedentes de las zonas mineras de Riotinto y Tharsis como proveniente del exterior, durante cientos de años, y que con altos y bajos ha llegado, sin interrupción a lo que es el Puerto de hoy en día.

Interesa, además, intentar saber los motivos por los que estos objetos se encontraban depositados en el fondo de nuestra ría, lo que ha dado, nuevamente, pie a múltiples teorías. El hecho de que todas estas piezas apareciesen en poco espacio, indica que se trata de un único depósito. Las teorías más posibles son las que hacen referencia al posible hundimiento de un barco que iba dedicado al comercio o que tuviese un fin votivo, ya que al parecer era propio de esa época realizar ofrendas a los dioses sumergiendo en lagos y similares armas y objetos de este tipo.

Algunos objetos encontrados en la ría en 1923

Pero no se limita a este hallazgo las apariciones de este tipo en nuestra ría. Unos años después, en 1930, otro objeto de enorme valor arqueológico se localizó en ella. Se trataba del primer casco griego hallado en nuestro país. Es un casco de tipo corintio (el modelo griego más reconocible), fabricado en cobre puro, finamente trabajado en sus detalles, el cual presentaba una rotura en su parte posterior, que por el diseño del mismo se ha datado entre los años 550 y 525 ac, la época final del comercio con los griegos.

Su aparición nuevamente hizo girar las miradas arqueológicas a la ría, e hizo volar la imaginación de los arqueólogos de la época. El mismo Schulten, publicó un artículo tratando el tema, y se comenzó a pensar que procedía de algún conflicto belicoso, y que la rotura trasera era producto de un golpe que provocaría la muerte del portador del mismo. Con el paso del tiempo y una vez más frío los ánimos, fueron surgiendo nuevas teorías. Aún no se sabe a ciencia cierta el por qué de la aparición del casco en ese lugar, pero nuevamente pudiera tratarse de motivos votivos,  ya que otro casco griego, que apareció con posterioridad en Jerez, lo hizo en circunstancias parecidas y como ya hice referencia antes, era habitual este tipo de prácticas. No obstante, este tipo de casco es muy escaso en Europa Occidental. El casco, lamentablemente, no puede ser apreciado en Huelva, ya que desde un principio se traslado para su estudio al Museo de Historia de Madrid, y si no me equivoco, ahora se encuentra en el Museo Arqueológico de Madrid.

Casco encontrado en la ría en 1930

Pero en esta época, la arqueología tenía un escaso control y después han ido surgiendo en poder de distintas personas, diversos objetos que al parecer han aparecido en distintos lugares de la ría. Dos espadas, en 1943 y 1963 y diversos objetos más de bronce, de los que en algunos casos se desconoce el lugar exacto de su localización, por lo que se puede pensar que alguno más puede haber, y lo que parece más probable es que aún quede más en el fondo, pero que sólo nuevos dragados sacarían a la luz.

Todo esto daría forma, a lo que unido a los hallazgos arqueológicos que desde los años 50 y 60 vienen localizándose en la ciudad y sobre todo en los cabezos, a la fase previa de lo que luego se convertiría en el mundo tartesio del que hablan los clásicos.

Estos objetos de la ría de Huelva tienen un extraordinario valor arqueológico, por la cantidad y calidad de los mismos, no sólo muy abundantes en Huelva, sino escasos en el resto de España y Europa, y unidos a los yacimientos en la ciudad, sitúan a nuestra ciudad como el lugar más importante de la península y unos de los mas importantes de la Europa Occidental en la época del Bronce final, lo que ha llevado a numerosos estudios sobre el asunto, tanto a nivel nacional como internacional, quedando constancia en numerosas y prestigiosas publicaciones sobre arqueología.

Pese a todo, la importancia de estos hallazgos parece que es inversamente proporcional al conocimiento que los onubenses tenemos de ello y al interés que hasta ahora despierta en las administraciones, ya que bajo mi punto de vista, hay mucho qué saber y son muchas sus posibilidades de explotación e investigación y, aparte del Museo Provincial, es difícil encontrar información al respecto y muy especializada, a no ser que te lo tomes muy a conciencia. Aunque en esta ultima campaña para las municipales he visto alguna pequeña referencia a la historia más antigua de la ciudad y a la puesta en valor de hallazgos arqueológicos en los programas electorales. Quién sabe, a lo mejor algún día se deciden a tratarlo en serio.

Neoptolemo.

Bibliografía:

– Revista Complutum (Universidad Complutense de Madrid) Extra nº 5

– El casco griego de Huelva (Reeditado por la Diputación de Huelva)

– Armas y Objetos de bronce extraídos en los dragados del Puerto de Huelva. (Editado por Diputación de Huelva).

– Isótopos de plomo aplicados al registro arqueológico prehistórico y protohistórico: El caso del depósito de armas de la Ría de Huelva. Dr. Mark A. Hunt Ortiz

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Huelva Begins. Nativos, Fenicios, Tartessos y Griegos

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Domingo, 13 diciembre 2009

Al hilo de los diversos artículos en diarios locales que frecuentemente vienen publicándose, que incluso algún colaborador ha hecho llegar al blog (el último gracias a Fran Pazos), relacionados con los hallazgos arqueológicos que se vienen produciendo en la ciudad y siguiendo un poco en la línea de mi otro artículo sobre la ciudad de Tartessos en Huelva capital, me ha parecido interesante realizar una narración en la que contar cómo apareció nuestra ciudad y cómo llegó al momento en que entró en la historia, posiblemente la época en la que la actual Huelva obtuvo una mayor relevancia en el ámbito Mediterráneo, para llegar a ser tenida muy presente por los escritores clásicos.

Con todo ello, como ya dije en el anterior artículo, no pretendo entrar en si fue Tartessos una civilización propia o no, o si todos los fenicios eran realmente fenicios, sólo hacer un pequeño análisis de la historia más antigua de la ciudad, dar a conocer algunos detalles que muchos pueden que desconozcan e intentar animar a que se continúe investigando sobre esta historia.

Primero situémonos en el tiempo, y vamos a hacerlo en el III milenio a.C. En esta época Sumerios y Egipcios ya disfrutaban de civilizaciones organizadas, con escritura, leyes y ciudades. Sin embargo, en Europa Occidental aún no se atisbaba nada parecido, las personas que la habitaban seguían siendo nómadas, seminómadas o en algunos casos empezaban a crear asentamientos.

Pues uno de esos grupos de personas encontró, en lo que hoy es nuestra ciudad y sus proximidades, un lugar ideal para asentarse. La situación geográfica no era exactamente la actual ya que en aquellos tiempos se encontraba rodeada de agua casi en su totalidad, formando un istmo unido al resto de la península ibérica por una estrecha franja de tierra, correspondiendo esta zona con lo que ahora vendría a ser la carretera del cementerio hasta la Ribera. Por ahí llegaron y se encontraron unas condiciones excepcionales, un clima templado, amplias tierras para el cultivo y acceso a los innumerables recursos marinos, además de encontrarse protegidos de este mar por la altitud de los cabezos. Con estas circunstancias se inició el poblamiento de la zona que permanecerá hasta hoy.

En este punto, la Arqueología nos indica el afianzamiento de estos poblados, encontrándose en la zona del Seminario restos de esta época de enorme valor como ídolos cilíndricos o la localización de zonas de cultivo dedicadas a la vid, muy significativo ya que esto último sólo se había dado en Grecia (¿acaso se cultivaba la vid aquí antes de la llegada de los fenicios o griegos?). Con estos hallazgos puede decirse que se reescribe parte de la historia de Europa ya que demuestra que nuestra ciudad lleva habitada ininterrumpidamente mucho antes que ningún otro lugar de la zona occidental del continente.

No tardarían en comenzar a trabajar el gran recurso de la provincia, los minerales, que con el paso del tiempo serían decisivos en la evolución y crecimiento de la ciudad. Quizás estos primeros nativos de la zona, darían origen a lo que muchos consideran el Tartessos anterior a la época orientalizante.

El tiempo sigue pasando. Ya desde mitad del II milenio a.C., o incluso antes, en el Mediterráneo oriental venían apareciendo civilizaciones que se lanzaron a la exploración de dicho mar, entre ellos los fenicios, que se lanzaron a la búsqueda de nuevos mercados donde comerciar y la fundación de diversas colonias. A esto fue ayudando las mejoras tecnológicas navales, como la invención de la quilla, lo que permitía un mejor manejo de las embarcaciones, lo que propició ampliar el margen para explorar, llegando a cruzar el Estrecho de Gibraltar alcanzando una zona desconocida, donde dejaban la embarcación a 10 m. de la playa, y horas después se encontraba a 100 m. y que prácticamente era el fin del mundo, ya que más al Oeste no había nada.

Nuevamente vamos a situar en el tiempo un acontecimiento fundamental para la ciudad, que no es otro que la llegada de estos fenicios, más concretamente “tirios”. Para ello vamos a tomar como referencia la fundación de Cádiz, hasta ahora considerada la ciudad más antigua de Europa Occidental. A ésta, el historiador romano Marco Veleyo Patérculo la sitúa en el año 1104 a.C. (dice 80 años después de la Guerra de Troya), fecha poco probable examinando los hallazgos arqueológicos de la ciudad que no lo sitúan antes del siglo IX a.C., y recurriremos a Estrabón en su geografía de Iberia III, 5, sobre esta fundación, que entre otras cosas dice lo siguiente:

“…Tiempo después, los enviados avanzaron más allá del estrecho en torno a los 1500 estadios, hacia una isla consagrada a Heracles (¿los restos del templo romano de la isla Saltés?), situada junto a la ciudad de Onuba de Iberia, consideraron que las columnas (de Heracles) se hallaban allí e hicieron un sacrificio al dios; pero como de nuevo las víctimas no resultaron favorables, regresaron a casa…” y al siguiente intento fundaron Gades en su ubicación actual.

Como vemos, los fenicios antes de fundar Gades venían “dando vueltas” y comerciando por la zona, y este comercio hizo que mereciese la pena fundar una ciudad donde gestionarlo.

Su llegada a nuestra ciudad fue fundamental. Rápidamente se dieron cuenta de la riqueza mineral de la zona y no tardaron en contactar con indígenas, iniciando un comercio que se convirtió en muy productivo para ambas partes. Pronto comenzó a verse los beneficios para esos nativos que por comodidad comenzaré a llamar Tartessos.

A los sistemas de tratamiento de los minerales -que ya usaban-, se unieron otros que enseñaron los fenicios y que ya hacía un tiempo que se venían utilizando en el Mediterráneo oriental y que mejoraría sustancialmente la producción, como por ejemplo, la copelación para la extracción de la plata, llegando a producir grandes cantidades de este metal, que daría fama a la ciudad en todo el Mediterráneo, llegando a dar nombre a un teórico rey, Argantonio, cuyo prefijo hace referencia a la gran cantidad de este metal.

La cultura de los Tartessos pronto comenzó a impregnarse de la fenicia. Joyas, utensilios, religión…, todo comenzó a tener un aspecto de Mediterráneo oriental. Esta intensa relación de dos siglos daría paso, muy posiblemente, a un mestizaje de culturas y personas que a su vez daría paso al Tartessos más conocido, ese que durante siglos ha alimentado la imaginación de numerosos escritores.

Como resto de esa relación, podemos ver en la ciudad el muro fenicio del cabezo de San Pedro, que aunque en terrenos privados (en vías de expropiación según creo), suelen surgir ocasiones en la que poder visitarlo. Quizás gracias a esta circunstancia y a la preocupación del propietario del terreno, que hizo una pequeña construcción que lo protege, se encuentra en bastante buen estado. Este muro hasta ahora se consideraba que se trataba de un muro de contención, pero en los últimos tiempos cada vez son más las voces que lo ponen en duda, considerando que pudiera tratarse de un muro con carácter defensivo. Particularidades, como que carezca de zanja de cimentación, parecen avalar esta teoría. Pero volveremos a este cabezo más adelante.

Según el profesor Juan Pedro Garrido Roiz (cuyas ideas usaré en adelante), el producto del mestizaje tartesso-fenicio fue lo que más adelante se encontraron los primeros griegos que llegaron a la zona, que a la vista de la ya mencionada riqueza en metales eligieron el nombre para denominarla, Tartessos, que, sin profundizar mucho en su etimología, viene a significar “lugar de los metales”. Interesa identificar el origen de esos griegos, al igual que hicimos con los Tirios, ya que será de interés al final del artículo, y que no era otro que las ciudades griegas de Focea y Samos. Esta última ciudad fue también origen del que dicen que fue el primer griego que cruzó el estrecho, Kolaios de Samos que entabló amistad con el rey tartesio Argantonio, origen de las leyendas que le siguieron.

Este hecho ya fue el despegue definitivo. El inicio del comercio con el mundo griego hizo entrar definitivamente a nuestra ciudad en la historia, y digo nuestra ciudad porque considero que se trata de la renombrada ciudad de Tartessos, basándome en los hechos que ya menciono en el artículo al respecto que publiqué en este blog, además de la entidad, calidad y cantidad de restos arqueológicos hallados, y no igualados por ningún otro yacimiento de la época. Como dice el profesor Garrido “en la Joya se encontraron más bronces que en Cartago”, y él lo sabe mejor que nadie, ya que fue quien realizó la excavación. Además, hablar de la relación greco-tartesia, es hablar de metales, y los metales de Tartessos estaban en Huelva.

Pero el mundo griego en Huelva, cada vez da más sorpresas y lo que en principio parecía un asentamiento comercial, los hallazgos arqueológicos dejan ver la existencia de una colonia griega en nuestra ciudad, que pudiera tratarse de Olbia (nuevamente cito al profesor Garrido).

Para ello no hay más que fijarse en la cantidad de restos griegos que salen en los últimos hallazgos, vislumbrándose la situación de la misma en las calles Concepción, Puerto y Méndez Núñez, donde se han hallado gran cantidad de cerámicas, muchas de ellas de gran calidad, las últimas en Concepción, nº 3. Además, para reforzar la teoría de la ciudad griega, entre otros, se han hallado restos de culto a una diosa griega muy particular, Hestia, que suele identificarse con la Vesta romana, aunque a ésta se le había dado alguna atribución más. Para quienes no la conozcan, diré que se trata de una diosa de culto muy extendido en Grecia, que según la mitología es hermana de Zeus, Poseidón, Hades, Demeter y Hera, y formaba parte del panteón olímpico, hasta que -según algunos autores-, cedió el lugar a Dionisos. Pero esta diosa tenía una particularidad, era la única que no aparecía interviniendo en ningún mito griego y tiene su explicación. A muchos dioses se le rendían culto para viajar, comerciar, guerrear, explorar, etc., pero a Hestia sólo se le rendía culto en el hogar, única y exclusivamente (se le representaba con el fuego del hogar), lo que deja ver la existencia de que muchos griegos tenían su hogar en la calle Puerto, por ejemplo.

Todas estas circunstancias llevaron a la ciudad a su máximo esplendor, alcanzando una dimensión mayor que la Huelva de principios del siglo XX.

Estos foceos y samios, prácticamente monopolizan el comercio de Tartessos, hasta que éstos entre los años 540 y 535 a.C., sufrieron una estrepitosa derrota marítima en la batalla de Alalia contra cartagineses y etruscos, destruyendo gran parte de su flota, desapareciendo el comercio con los tartesios, y en definitiva, provocando la disipación de esta civilización como tal, ya que los cartagineses tenían orientado su comercio hacia otros lugares (esta es la hipótesis más probable de la desaparición del mundo tartesio). Esto daría paso los turdetanos, considerados herederos de los Tartessos, pero la huella permanecería, y signo de ello es lo que dice Estrabón sobre estos turdetanos: “…Los turdetanos están considerados como los más cultos de todos los iberos. Conocen la escritura y poseen, incluso, testimonios de su antiguo pasado: crónicas históricas, poemas y leyes en verso, que dicen ser de una antigüedad de seis mil años…” lo que deja ver lo evolucionada que estaba la civilización anterior a estos iberos.

Pero es interesante volver a hablar del Cabezo de San Pedro, como ya indiqué antes, ya que el Profesor Garrido Roiz defiende una interesante teoría, que no tiene nada de descabellada. Este cabezo reúne todas las condiciones para que en él se encontrase una acrópolis que dominase la ciudad tartesia. En su dominante posición albergaría los centros de poder y religiosos, que normalmente se van sustituyendo, con el paso del tiempo, con nuevas edificaciones con el mismo carácter, como por ejemplo el Castillo de los duques de Medina-Sidonia junto a la iglesia de San Pedro.

Pero como siempre, en estos casos sólo hay una forma de averiguarlo, y no es otra que excavando. Quizás sería una buena oportunidad, hacerlo cuando esos terrenos vuelvan a ser propiedad de la ciudad en lo que presumiblemente resultase un estudio muy fructífero, que quizás vuelva a rescribir la historia de la ciudad y de Europa Occidental. Mas como es habitual, dudo mucho que la administración local tenga interés en un estudio realmente serio del lugar, y mucho menos profundizando en los distintos estratos del subsuelo (que son muchos en Huelva) y quedándose, como siempre, en la primera piedra que se encuentren. Además, parecen más interesados, no sé con qué justificación, en la reconstrucción del castillo, cuando, quizás bajo tierra se encuentren restos suficientes para una posible utilización turística del lugar.

Esta idea podría trasladarse a otros lugares de la ciudad, como por ejemplo, la plaza situada en la unión de las calles Méndez Núñez y Puerto, considerada una reserva arqueológica, ya que nunca se ha construido nada en ese lugar, por lo que los restos, que a buen seguro se encuentran bajo ella, estarán intactos para su estudio, y deben ser numerosos e importantes a tenor del lugar en que se encuentra. Pero como siempre, parece destinado a ser una eterna reserva arqueológica, y encima le colocan unos jardines encima que hay que regar con la consiguiente filtración del agua, dañando posiblemente estos restos. En definitiva, sería de agradecer el profundizar más en los lugares donde se encuentran restos arqueológicos y dejar de poner excusas para no seguir excavando (esto también lo opina el profesor Garrido Roiz), que a buen seguro daría grandes sorpresas sobre la antigua ciudad de Tartessos y su repercusión. Recordar que, por ejemplo, del muro fenicio sólo hay descubierto unos 6 m. y en la necrópolis de la Joya aún hay tumbas por descubrir.

Neoptolemo.

Fuentes:

– Geografía de Iberia. Estrabón.

– Revista Historia de Nacional Geographic nº 50.

– Apuntes de las XII Jornadas de Arqueología y Territorio de Aljaraque.

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