La Huelva Cateta

Desde 2007 batallando por una Huelva mejor

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Epílogo a Huelva

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en sábado, 5 diciembre 2009

Hola a todos.

Como algunos saben, he colaborado esporádicamente en este blog con algún que otro artículo y comentario, intentando no abusar, pues en la moderación está la virtud y, sobretodo, no ofender o herir susceptibilidades (ya que sin conocimiento no hay sabiduría). A pesar de todo, hay quienes han tenido que sufrir la extensión de mis escritos, lo cual agradezco, ya que mi objetivo original era el desahogo, la denuncia y el alegato, pero sobretodo la sinceridad y la buena intención.

Era, además la primera vez que participaba en un blog, y lo hacía por la necesidad interior e imperiosa de defender aquello que me sorprendió encontrar y que nunca deberían perder, aquello por lo que pueden estar orgullosos y por lo que deben avergonzarse o avergonzar para mantener dicho orgullo, algo que intenté expresar con mi “Carta a Huelva”, y en lo que he insistido cuando ha sido oportuno.

Y comento esto porque quizás en Huelva es donde más sorprendido he quedado en cuanto a las expectativas que se tiene de un lugar.

Para bien y para mal es la gran desconocida, precedida por la mala imagen (ganada a pulso, todo hay que decirlo) que tanto los de fuera como, sorprendentemente, los de dentro se empeñan en dar.

Sólo después de vivir en Huelva he comprendido el alcance de un “sambenito” que, desgraciadamente, impide ver más allá en una ciudad que hace falta buscar para encontrar, y quizás su principal hándicap radique, precisamente, en la falta de confianza de sus habitantes que, en la mayoría de los casos, ignoran el valor de lo que tienen impidiendo a su vez que otros lo vean y provocando una cerrazón generalizada que, por otro lado (desde el egoísmo de un “esteta”) no deja de tener su aliciente en la sorpresa.

Es por esto que, en lugar de volver a la crítica (tenía en mente un ambicioso proyecto, con imágenes desconocidas para muchos, donde el antes y el después del urbanismo arquitectónico en Huelva no dejara lugar a réplica) he preferido despedirme con un simple elenco de imágenes que, circunstancialmente, fui captando durante mi estancia aquí (modestas en sus posibilidades y calidad pero ricas en su “contenido”) y con las que espero expresar mi mejor experiencia en una tierra que ya he adoptado, como muchas otras, sintiendo mía.

Ría de Huelva al atardecer

Y como tal, paisano de adopción que no elección, defiendo afuera con tanto empeño como critico dentro. Ustedes, conocen perfectamente esta dualidad propia de cualquier chovinismo, al igual que pueden imaginar la perplejidad en las caras de quienes, sin “conocer” esta ciudad, me escuchan describir sus virtudes. Pero también es verdad que para enseñar hay que sentir y, de esa manera, transmitir.

Punta del Sebo y puerto exterior al fondo. Confluencia entre las rías del Tinto y el Odiel

Siempre he mantenido que el mar es suficiente para aportar interés al lugar menos interesante, Rilke escribió de mi ciudad natal: “Si Ronda tuviera mar, que mar tan azul sería”. La capacidad hipnótica del agua, similar a la del fuego, su inmensidad, su movimiento es un valor añadido.

Ría del Odiel y marismas al fondo

Ría de Punta Umbría a su paso por las Marismas

Y Huelva no sólo tiene mar, algo común al resto de ciudades costeras, tiene una situación peculiar, exclusiva, que la diferencia y, por tanto, la caracteriza haciéndola singular y en consecuencia interesante. Dos ríos que, tras abrazarla,  se confunden con el mar y, cual hermafrodita confuso, cambian nominativamente de género aludiendo a la belleza femenina, al tiempo que el dulzor se vuelve sal y adquiere la madurez de un delta.

Uno de ellos tan singular que resucita a medida que su color rojo se torna azul y el otro dividido por una red de esteros, caños y brazos que, como venas, lo atraviesan sugiriendo una legendaria y mitológica civilización, de evocador nombre, que anticipa el grandioso Atlántico.

Marismas del Odiel

Marismas del Odiel

Marismas del Odiel

Y entre ellos una lengua de tierra rodeada de agua cuyo vértice se prolonga artificialmente, adentrándose en el océano varios kilómetros, rematándose en un faro, simple en forma y tamaño, pero impresionante en su ubicación (¿sabían que se barajó la posibilidad de trasladar el monumento a Colón a esa situación?). Una obra de ingeniería aparentemente simple en su forma pero ambiciosa en su función. El espigón más largo y profundo, la playa más extraña. Mar y tierra a un lado, arena y mar al otro, y al final…. las olas que baten, los barcos que pasan cerca cuando están lejos…, otra vez la inmensidad del mar.

Playa del Espigón con el faro al fondo

Desde allí el azul de otra Punta, la de nombre oscuro. Un océano verde envuelve la arena y reta, con sus olas de coníferas, a el verdadero mar que sigue moviendo, en sus corrientes caprichosas, la tierra de sitio, formando flechas y rías que horadan de nuevo una costa dorada.

Flecha de El Rompido

Y como telón de fondo…el sol. Otra vez singular y diferente. Un sol de albas y ocasos. Una luz que, lejos de ser blanca, se descompone en su verdadera naturaleza, recorriendo todo su espectro. Imitando a las marismas en sus infinitas direcciones, dando lugar a los atardeceres más espectaculares, donde el astro rey no se esconde, se sumerge, robando destellos a el metal y el hierro de una herencia extranjera.

Cargadero de mineral de la Río Tinto & Co. Atardecer en la Ría

Atardecer en la Ría. Marismas y cargadero de Tharsis al fondo

De nuevo peculiar. Origen de un imperio arrebatado al mar: América, y víctima de otro llegado del mar: el británico.

La revolución industrial en contraste con el feudalismo moderno que cambia de nuevo la fisionomía del pueblo, el legado inglés. Ferrocarriles que parten del interior de la tierra (abismos babilónicos construidos por el hombre) con destino de nuevo al mar.

Corta Atalaya. Ríotinto

Cicatrices metálicas que cortan la Ría, adornando sin quererlo el agua que ocupan.

Cargadero

Una transición entre dos siglos que dejan ostentación y sufrimiento, pero también novedades en actividades reservadas para caballeros y cuyo rango de “decano” adquirirá la ciudad en todas sus variantes. La más antigua integración de razas, culturas y clases sociales: el deporte.

Y una isla antigua en el centro de la ciudad moderna, un reducto de otra época, de otro país y de otro clima. La Inglaterra victoriana en el suroeste de España, curiosos contrastes dignos de conservar.

Barrio “obrero” Reina Victoria.

Como curiosos y extraños son los personajes, locales, provinciales o extranjeros, pero todos relacionados con la Ciudad. Conquistadores, descubridores y renegados, piratas y aindiados, negros esclavos y blancas foráneas, espías locales e internacionales, bases aparentemente neutrales en época de guerra y hombres que nunca existieron pero que cambiaron destinos. Todos me han cautivado (y alguno absorbido).

Santuario Virgen de la Cinta.

Todo esto es Huelva, todo se conoce pero no se disfruta. Si algo hace interesante a una ciudad es aquello que no tienen otras. Obviaré algo esencial en mi caso por no romper la retórica: la buena gastronomía, pero, como las meigas, haberla haila (y de sobra) por lo que unido al clima y al carácter, tan benigno uno como otro, completan un indudable atractivo que el Monstruo Químico (a pesar de una perversa atracción estética en las iluminadas noches, propias de ciencia-ficción), no ha podido aún arrebatar.

Petroquímica Repsol. Luces y chimeneas

Cargadero de Mineral y muelle

Real Club de Mar. Al fondo el puente entre Saltes y la isla de Enmedio

Cargadero al anochecer

Hace algunos meses que abandoné Huelva. Mis paseos por el muelle en la pleamar, los atardeceres en la ribera de la Ría o a los pies de un coloso casi centenario, que abrazado a una cruz, mira sempiterno al nuevo continente, vienen de cuando en cuando a mi memoria.

Ocaso desde el Muelle del Río Tinto

“Fe Descubridora”

Y , a pesar de recalar  actualmente en una ciudad Patrimonio de la Humanidad (que no viene al caso nombrar), de haber cambiado el mar por la piedra…, la hecho de menos, pues pocas veces me he llegado a implicar tanto en tan poco tiempo.

Ahora, aquí, sigo lamentándome de cosas que no me gustan, cosas que no se hacen bien… Estoy habituado a andar entre obras de arte, me siento bien entre ellas, pero me acostumbré tanto a apreciar los pequeños detalles (en Huelva se hace imprescindible) que la cantidad de monumentos no logra tapar los desmanes, no los justifica… Es lo único que achaco a Huelva…, haberme hecho más sensible.

Atentamente.

Enrique D. Carrillo

Especialista en Arte y Conservación/Restauración de BB.CC.

Fotos: Enrique D. Carrillo.

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Hoy he visto guapa a Huelva (o Mandelbrot)

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en sábado, 25 abril 2009

Hoy tenía que hacer una compra en la Plaza de las Monjas y, como lo que me sobra últimamente es tiempo, aproveché para visitar la exposición titulada “Armonía fractal de Doñana y las marismas” que se expone hasta el próximo 26 de abril en la Sala de Exposiciones de la Diputación Provincial, sita en el nuevo edificio que está sobre el antiguo Hotel París.

En su momento me quedé con las ganas de verla en Sevilla. Aquel día iba con un compañero con el que realicé un trabajo sobre compresión de imágenes digitales utilizando la geometría fractal, y de golpe nos vimos con una enorme fotografía sobre el tema en el pabellón de Perú de la exposición del 29, sede del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas).

Tal y como define la Wikipedia, un fractal es un objeto semi geométrico cuya estructura básica, fragmentada o irregular, se repite a diferentes escalas. El término fue propuesto por el matemático Benoît Mandelbrot en 1975 y deriva del Latín fractus, que significa quebrado o fracturado. Muchas estructuras naturales son de tipo fractal.

En el píe de unas de las fotografías había una nota de Juan Varela Simó que reproduzco a continuación:

“Siempre me ha resultado extraño el rechazo
de cierto público por el arte moderno, como si
la abstracción no formara parte de un proceso
creativo inconsciente. Pienso ahora, a la vista
de estas increíbles imágenes, que lo verdaderamente
extraño es el empeño de algunos en
reproducir única y fielmente la realidad convencional.
¿Sabe la Tierra que hace arte?
No deja de ser llamativo el parecido entre lo
inmenso visto desde la altura, y lo minúsculo
ampliado mil veces. La respuesta a unas mismas
fuerzas a distinta escala. Ese aparente
caos de los flujos al abrirse camino, en la marisma
o en los tejidos corporales, es un cierto
arte gestual, el “action painting” de la Naturaleza
y el “fluxus” de Beuys y Vostell.
El arte integrado en lo cotidiano.”

En resumen, lo novedoso que se realiza en muchas tendencias es simplemente una recreación de lo que ya existe en la naturaleza, la cual la geometría fractal ha intentado modelizar matemáticamente.

La exposición es recomendable aunque peque de poco didáctica desde el punto de vista de los fractales, ya que al visitante profano en el tema no le resultará dura pues la estética de las fotografías le eclipsará el transfondo matemático. La pena es que ya le queda poco tiempo en Huelva. Pero, no se preocupen pues en la página www.armoniafractal.com se encuentran gran parte de los contenidos de la misma.

Tras la visita decidí volver a casa a pie. El soleado día invitaba a ello. Me dirigí hacía la Alameda Sundheim bajo los soportales de la avenida Martín Alonso Pinzón. Había bullicio de gentes. Políticos, algún “Friqui” conocido y ciudadanos en general. Intenté empaparme de todo el ambiente, de los edificios, de la luz. No tenía sentidos suficientes para captar todo lo que deseaba. Me percate de lo bonita que estaba “La Casona”, con la gente sentada en su jardín tomándose un refrigerio. Un día de estos me paro a tomar un café, el lugar lo merece.

A la altura del Museo Provincial era inevitable fijarse en el barrio Reina Victoria. Siempre he tenido la sensación que tras dejarlo atrás en el bar Guanahani y adentrarse en la Isla Chica por la Avenida Federico Molina, la ciudad pierde encanto, ya que pasamos de una avenida curvada en la que los edificios altos quedan disimulados y  hay zonas donde el cielo toma más protagonismo sobre el paisaje a otra totalmente recta y enconsertada en edificios altos a ambos lados. Pero hoy había algo distinto, desde el Guanahani se podían ver con toda claridad las palmeras de la antigua carcel. Hoy Huelva estaba guapa, no sé qué sería, pero aunque sepa a tópico pienso que era La Luz y el aprender a ver las cosas cotidianas con otros ojos.

Criptonito.

Enlaces: Wikipedia, www.armoniafractal.com, http://alojamientos.us.es/gtocoma/

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