La Huelva Cateta

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1920, el año de las tristes despedidas

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en lunes, 21 septiembre 2009

Hoy te acercas a las minas de Riotinto y escuchas un silencio triste. Y no son las preocupantes voces calladas de hoy las que me ocupan ahora, si no los susurros de un pasado cada vez más lejano. Sonidos de máquinas envidiables y verdaderas chatarras, gritos de hombres admirables y también de auténticos maleantes. Todos forman parte de esta historia que no podemos perder.

En ese ruido, sobresale el del sufrimiento, físico y mental, sobre todo en momentos especialmente tensos como los de 1920. A partir del 2 de julio de ese año se inicia una huelga general que perduró en nuestro recuerdo minero. Un movimiento localista, dirigida por y para los trabajadores de la poderosa Riotinto Company. En ella, como muestra Arenas Posadas en su obra “Empresa, Mercados, Mina y Mineros. Río Tinto (1873-1936), los huelguistas “abominan de aquellos que, erigiéndose en directores de derechas o de izquierdas, quieren hacer de esta huelga un instrumento político”. Ideas que no podemos permitir caer en el olvido, frases de un pasado que nos ayuda a estar alerta y, por ello, debemos recordar y extender continuamente.

En ese año se intentaron derribar los cimientos del poder empresarial, entre los que se encontraban las jubilaciones, los traslados, la asistencia médica o la jornada laboral. Se luchaba contra el hambre: el hambre pasado, el hambre presente y el hambre futuro. Y es que a partir del 2 de julio, esa sensación era el Kalashnikov de la empresa.

Mi objetivo hoy no es detallar las características de dicha huelga, básicamente porque no estoy preparado, si no mostrar, aunque sea levemente, el poder y el sudor, el cinismo y el sufrimiento. Para ello, son de gran utilidad dos artículos publicados en el diario “La Provincia” en septiembre de 1920. En el primero, titulado “Huelva la Buena” de 25 de septiembre, Manuel Siurot reflexiona:

“Don Salvador Moreno, culto y simpático miembro del comité de la huelga de Río Tinto en nuestra capital, me invita (…) a poner en acción el propósito de dar de comer a los niños de los huelguistas de Huelva.(…).

Estos empleados y obreros de Huelva han dado un ejemplo de admirable fraternidad, preocupándose antes que nada de los niños de Río Tinto y Nerva.

Y ahora, (…), este trabajador onubense vuelve los ojos hacia su propio hogar, y al ver el hambre y la miseria retratadas en la pálida frente de sus hijitos, le nace en el alma un gesto, que tiene los divinos relieves de la razón herida por la desgracia, fundamento de su derecho a pedir que demos de comer a las pobres criaturitas.

(…) No me dejará sólo, por que no me dejó nunca, cuando le pedí para las grandes necesidades y esta de ahora es la más horrible que azotó nuestro pueblo.

Día llegará, no muy lejano, en que un viento de paz sustituya al huracán de la soberbia y entonces Huelva la buena, la trabajadora, la honrada, respirará a pulmón lleno la satisfacción de haber cumplido su deber.(…)”

Cuatro días más tarde, se publica un carta de Walter Browning, Director General de la Riotinto Company:

“Hecho cargo de su artículo (…), tengo el gusto, como particular, de remitir a usted la cantidad de 2000 pesetas, rogándole atentamente las reciba como donativo para la suscripción a que se dirige el antes mencionado artículo, cuya eficacia más completa deseo muy de veras (…)”

Esos niños a los que se refiere M. Siurot son los hijos de los obreros de la Cuenca Minera que, debido a la presión ejercida por la empresa, con el apoyo que recibe del gobierno de Dato (casualmente accionista de la compañía británica), se ven obligados a emigrar temporalmente a Madrid, Sevilla o Huelva y ser acogidos por compañeros y asociaciones. Y esa es la personalidad del conocido Mr. Browning, la forma de actuar del lobby económico más poderoso de su tiempo: la Riotinto Company Limited. Huelga decir que esas hipócritas dos mil pesetas no fueron aceptadas y que esta batalla se perdió.

Gritos rabiosos de muchos y caudalosos de algunos son los que aún colean. Cobos Wilkins comentó en una ocasión que de un pasado de dolor, nace un futuro de esperanza. La esperanza permanece, pero sólo respetando nuestro pasado y recordando nuestros sonidos podremos alzar la voz por lo que dimos, por lo que fuimos y por lo que somos y daremos, evitando así, un silencio sepulcral.

Juanma Gemio.

Este amable colaborador es un historiador nacido en Huelva y residente en Riotinto. Ya hemos  publicado otro interesante artículo que también nos ha mandado sobre Walter Browning, aunque si queréis saber más de Juanma Gemio os invitamos a que visitéis su blog y otros blogs de Ríotinto en los que participa:

http://elminerodigital.blogspot.com

http://catedraldelosesfuerzos.blogspot.com

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Walter Browning

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en sábado, 5 septiembre 2009

Los años que transcurren de 1908 a 1927 es el tiempo del Virrey de Huelva. Soberano sin corona, pero con todo su poder. Un auténtico monarca déspota, autoritario y que gustaba de trabajar sin ayuda. Con fama de jinete experto y protegido por su rifle Winchester, su guardaespaldas, el revólver mexicano y, casualidades, por una automática con su apellido.

Retrato que se encontraba en la Sala de Juntas de la antigua Casa Consejo. Fuente: http://catedraldelosesfuerzos.blogspot.com

Mucho se ha hablado de Walter Browning, hombre enérgico, apodado “El Terremoto” por los españoles y británicos que convivieron con él. Amigo de Fielding, presidente de la Rio Tinto Company, ocupó el cargo de director general de la Mazapil Copper Company, antes de aterrizar con su arrolladora personalidad, moldeada en su pasado como buscador de oro en México, en las minas de Riotinto. Allí, indica David Avery en “Nunca en el cumpleaños de la Reina Victoria” en la página 254: “…en los montes mexicanos probó a Walter Browning su capacidad de resistir hasta el límite, soportando con éxito una existencia solitaria con sus dificultades y peligros (…) Este proceso desarrolló en él una capacidad para pensar y actuar simultáneamente, así como un alto grado de confianza en sí mismo; características éstas que le acompañarían durante el resto de su vida”.

Esta característica se reflejó inmediatamente con la dirección de las operaciones de rescate de los primeros accidentes y derrumbes. Esa misma actitud mostró en “la catástrofe más espantosa…que jamás ocurriera en la historia de las minas” (Op. Cit. Pág. 257) en el accidente del pozo Alicia, estudiado por Pedro Real Valdés en su recomendada obra “Desastre del Pozo Alicia, 80 años después”, Diputación de Huelva, 1995.

Browning (con el círculo rojo) con el Staff de la Compañía. (Foto tomada del libro “Nunca en el cumpleaños de la Reina Victoria”, de David Avery) Fuente: http://catedraldelosesfuerzos.blogspot.com

Pero este hecho nos habla no sólo de su arrojo, de su fortaleza, sino, sobre todo del odio que despertaba en los mineros por ser un arrogante autócrata. No quedaban ya en Riotinto campesinos adscritos a la tierra manejados por ricos terratenientes, pero los obreros soportaban las órdenes del director general como si de su cacique se tratara. En momentos de “elecciones” publicaba un ORDENO Y MANDO con el listado de las personas que debían ser elegidas. Varios atentados sufrió, saliendo de todos ellos ileso y por supuesto, en un centro de movimiento obrero como eran las minas de Riotinto, algunas manifestaciones y huelgas, superadas con mano dura y sometidas por el hambre. Especialmente duras fueron las de 1913, para la que aconsejamos la obra de Juan Manuel Pérez López “La huelga de 1913 en Rio Tinto. Como paradigma de acción colectiva desde los órganos de representación obrera”, ADR Cuenca Minera de Riotinto, 2007 y la de 1920, en la cuál cientos de niños se vieron obligados a “exiliarse” y refugiarse en hogares obreros de Huelva, Sevilla o Madrid para poder alimentarse.

Poco importaba. Como muestra Cobos Wilkins en “La Huelva Británica”, Mr. Browning: “Estaba dispuesto a hacer rentable la mina para la Rio Tinto Company Limited a costa de lo que fuese”. De esa manera, cierto es también que bajo su “reinado” aumentó la productividad de las minas, corta Atalaya se convirtió en una de las más importantes del mundo (las palas de vapor que la excavaron se compraron a los constructores del canal de Panamá) y se introdujo la electricidad a gran escala.

Walter Browning, ya mayor, en su caballo. Fuente: http://elminerodigital.blogspot.com

Pero todo tiene su fin. El jacobino de este monarca fue Auckland Geddes, nuevo presidente de la empresa británica, que en 1927 descubrió que su vida palaciega lo había sido a costa de la Compañía. En agosto de ese año, encontrándose en Cornualles,  se le pide que dimita y que no vuelva a las minas. Además, se le informaba que la casa de Los Frailes regalada a su segunda esposa, pasaba a manos de la RTCL, siendo prontamente arrasada. Aunque volvió a Andalucía para crear una empresa de cultivos de arroz cerca de Sevilla que fracasó, nunca volvió a pisar las minas que adoró y dominó. Finalmente murió en Kent en 1943.

David Avery, (quizás por su profesión) comenta que se le recuerda en Riotinto con admiración y respeto. Con los estudios más recientes, se le deben añadir, además, los conceptos de miedo y dolor.

Juanma Gemio.

Este amable colaborador es un historiador nacido en Huelva y residente en Riotinto. En unos días publicaremos otro interesante artículo que también nos ha mandado, aunque si queréis saber más de Juanma Gemio os invitamos a que visitéis su blog y otros blogs de Ríotinto en los que participa:

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