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¿Podremos ver el documental de Gonzalo Guerrero?

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Martes, 19 noviembre 2013

De momento parece que no.

El esperado documental sobre la vida del ilustre palermo, Gonzalo Guerrero, todavía no podrá ser visto en Huelva, al menos por el gran público. La película documental que ya ha sido estrenada en América en televisión con motivo del día de la Hispanidad y que con tanto bombo y platillo se anunció sería estrenada en exclusiva en Huelva durante el Festival, al final se ha quedado en estreno privado, con aforo limitado, de una sólo proyección y bajo invitación, todo por decisión de la productora.

Nosotros, así como varios lectores que se han puesto en contacto con nosotros a través del correo electrónico, estábamos (y estamos) muy interesados en poder ver por fin este documental de un personaje del que llevamos hablando desde hace 4 años, cuando nuestro amigo y colaborador, Enrique Carrillo, nos mandó aquel sensacional artículo sobre el palermo padre del mestizaje que llegó a ser rey maya, convirtiéndose en un personaje histórico muy reputado en América, pero desconocido por estos lares a pesar de ser paisano.

Ese interés nos ha hecho seguir con atención todas la noticias que iban surgiendo sobre su inminente estreno durante el Festival Iberoamericano de Cine de Huelva, como estas de huelvabuenasnoticias.com o de 20minutos.es, para así avisar a nuestros lectores y que pudieran acudir al estreno o a una de sus proyecciones. Pero ante la presentación de la programación del Festival y la no existencia de dicha proyección nos hemos puesto a buscar y rebuscar por la web www.festicinehuelva.es hasta dar con que se va a estrenar el próximo Jueves 21 a las 19:00 en una privilegiada ubicación, El Muelle de las Carabelas en La Rábida. En dicha información no figura nada sobre la adquisición de entradas, taquillas o similar, así que para salir de dudas y no plantarnos en La Rábida para nada nos hemos puesto en contacto con la organización del Festival. Éstos nos han dicho que “para obtener información sobre el documental tienen que contactar con la Diputación de Huelva”. Así que eso hemos hecho y la respuesta de Diputación ha sido que “La proyección de película de Gonzalo Guerrero ha sido organizada por la productora de la misma y no está destinada al público en general por problemas de aforo. La productora ha distribuido las invitaciones hasta completar el aforo.”

Así que nada, nos quedamos sin verla (al menos de momento) esperemos que la productora se anime a realizar más proyecciones, o que decida mostrarla como han hecho en América, en televisión, o si no a esperar que alguien la suba a Internet…

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Entre dos mundos, la historia de Gonzalo Guerrero

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Lunes, 14 octubre 2013

Si los vecinos de Gonzalo hubieran visto el cuerpo de aquel guerrero maya muerto por un disparo en una batalla sin nombre, jamás habrían reconocido al mozalbete que zarpó de Huelva dispuesto a comerse el mundo. Gonzalo lucía argollas en las orejas, tatuado su cuerpo, la piel tan tostada que parecía morisco y las barbas sucias y descuidadas. Nadie hubiera dicho que nació cristiano en Palos de la Frontera, que lo bautizaron como Gonzalo Guerrero y que en su otra vida fue arcabucero en la toma de Granada bajo las órdenes del Gran Capitán. Pero esa fue su primera existencia, la olvidada. La segunda vida de Gonzalo comenzó el 15 de agosto de 1511, cuando el barco en el que viajaba a descubrir y conquistar fue desbaratado por un huracán que sepultó bajo las aguas a ochocientos hombres y dejó a ocho más exangües, derrotados a merced de las olas, hartos de beber sus propios orines y, finalmente, escupidos a orillas del Yucatán.

Los Mundos de Hachero

Esa es la historia de un onubense no sólo olvidado, sino que desconocido para la inmensa mayoría de los habitantes de esta tierra choquera. Esa es la historia de Gonzalo Guerrero, el palermo del que ya hablamos con un genial artículo dividido en tres partes de nuestro amigo Enrique Carrillo allá por el año 2009 que dejó a nuestros lectores entusiasmados y con ganas de más.

El pasado sábado 12 de octubre, día de la Hispanidad, Antonio, un lector de este blog, nos ponía un enlace como comentario en dicho artículo en el que nos contaba que la fabulosa historia de Gonzalo Guerrero era narrada en forma documental de National Geographic.

El madrileño Fernando González Sitges es el director de “Entre dos mundos, la historia de Gonzalo Guerrero”, una cinta que está protagonizada por el actor andaluz David Marín en el papel de Gonzalo Guerrero, y la mexicana Alejandra Toussaint como Zazil Ha (su esposa). La narración incluye ciertas dramatizaciones cinematográficas, pero se sustenta con entrevistas a expertos en el tema, como el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, la arqueóloga Adriana Velázquez Morlet, el historiador Salvador Campos Jara, de la Universidad de Huelva, el historiador mexicano Iván Vallado Fajardo; el escritor Eugenio Aguirre, autor de la novela Gonzalo Guerrero, así como el activista cultural Carlos Meade, cuyas voces van revelando las posibles razones que llevaron a este marinero español a convertirse en un héroe para los mayas y en un traidor para los españoles.

Según el diario mexicano “El Universal”, el documental ha contado con la financiación de 19 países y fue coproducido por TV UNAM (la Televisión de la Universidad Autónoma de México), el Ayuntamiento de Huelva (aunque nada se haya dicho de ello por estos lares) , el programa Ibermedia y la productora Minotauro.

El documental, que toma como escenarios lugares históricos de España y zonas arqueológicas del área maya, ofrece la oportunidad de acercarse a este episodio histórico poco conocido, la del considerado el “Padre del mestizaje” en México por ser el primer europeo que mestizó su sangre con la del pueblo maya.

De momento podemos mostraros un interesante Trailer del documental, que esperemos ver pronto por España.

Los más ansiosos pueden intentar ver el documental cuando sea reemitido en directo en la página web de TV UNAM, estando atentos a la programación y teniendo en cuenta la diferencia horaria. Además también será emitido por la National Geographic mexicana en varios días (Lunes 14 de octubre 2:40, viernes 18 de octubre 21:00 y Sábado 19 de octubre 4:00, hora mexicana), pero lamentaros deciros que a menos que alguno de vosotros encuentre la manera (legal) de verlo, la retransmisión está vetada bajo un mensaje que dice: “la retransmisión no se encuentra disponible para tu páis”.

Esperemos que nuestra Universidad y/o nuestro Ayuntamiento organicen un pase gratuito de dicho documental en algunos de los lugares dispuestos para ello en Huelva. Os seguiremos informando.

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Entrevista a Eduardo Garrocho: El otro patrimonio cultural

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Sábado, 3 abril 2010

Eduardo Garrocho

A menudo hablamos de  edificios que formaban parte de nuestro pasado histórico y que, por dejadez o falta de iniciativa pública y privada, han acabado en el suelo, olvidados y derruidos, o en una semi-ruina manifiesta que da más asco que pena. Pero no dejan de ser piedras que se pierden y se van al olvido con la misma facilidad que se quitan las malas yerbas que nacen de forma espontánea en los jardines.

Peor es que nos olvidemos de las personas. A veces parece que hace falta que un onubense desaparezca o sea víctima de una desgracia para que se le reconozca y se le haga un homenaje.

Espero que no sea este el caso. Eduardo Garrocho es un flamenco de hoy y de ayer; por su trayectoria y por su presente. Una pulsión, un sentimiento, un poso de sabiduría que dice mucho y todavía tiene mucho que decir. Decir contando, decir cantando.

Qué ganas tengo de tener un monumento al fandango…Estamos en la cuna del fandango y algo más tendríamos que tener: no sé… por ejemplo, cabinas con el mapa de la provincia de Huelva, donde los turistas y los onubenses puedan escuchar el fandango propio de cada lugar, esta es su forma de empezar la entrevista para la que lo he citado.

Eduardo es natural de Palos de la Frontera, hijo de un guardia civil que se lo llevó a nacer a León, pero volvió de chiquetillo y no recuerda desde cuándo es aficionado al fandango.

Quizás comencé a escucharlo en la Romería de Palos… yo era un niño y la gente me animaba a cantar, tantas veces canté aquel fandango que dice “Que se llama Pepi Mora, Salvaor tiene una niña…, que me pusieron el Pepi Mora”. Luego dejé el cante, con la edad del pavo me dediqué al niñateo y se me olvidó el cante, salvo en las romerías. Yo cantaba sin saber hasta que a los veinte años entré en la Peña, cuando ya estaba casao y asentao, y empecé a conocer los distintos tipos de cantes, entré con el número de socio 53… y ahora tengo el número 8.

Y con aquella edad, más o menos, gana en Gibraleón un Premio Nacional de Fandango de Huelva. Luego graba algunos discos, “Saetas antiguas de Huelva y las actuales”, que sirvió de referencia para los aficionados porque estaba todo perdido, y “Besana”, donde se recogen 31 tipos de fandangos y 5 tipos de tonás. (…) De la Peña me echaron por criticón, bueno, y por preguntar que dónde estaban los dineros. Y con el tiempo me invitaron a volver. (…) Una vez escuché a alguien decir que hay quien sabe lo que canta y quien canta lo que sabe, por eso yo me preocupé por conocer qué era lo que estaba cantando.

Eduardo trabajó de visitador médico en Huelva y provincia (¡¡¡???): Cuando terminaba el trabajo me iba a la taberna del pueblo y empezaba a preguntar por aquí y por allá, qué era lo que se cantaba por allí. Hasta tal punto que ya todo el mundo sabía mi afición al cante, y había médicos que me buscaban a los cantaores antiguos del lugar y los llevaban pa que yo los conociera.

También ha formado parte de la coral Santa María de la Rábida. Donde empezó a interesarse por las Tonás de la provincia. Y así, unas veces solo, otras con la Peña y otras con la Coral, tuve la oportunidad de conocer Sudamérica, Europa y España entera. Y he actuado en el Lope de Vega de Sevilla, en el Palau de la Música de Barcelona -donde apenas si cantan los flamencos- y en el Margarita Xirgú de Buenos Aires, y en Puerto Rico, y en México, y en la República Dominicana…

Cuando se pusieron de moda las óperas flamencas hicimos unas seis… y actuábamos en los teatros. Entre otras, Horizontes -que cuenta la historia de un emigrante andaluz en Cataluña- y, la más sonada, …Y después América, con motivo de la celebración del Quinto Centenario.

Eduardo Garrocho cantando una saeta a la Virgen de la Esperanza en el Hotel Tartessos durante la Semana Santa de 2010

Saeta a la Virgen de la Esperanza. Semana Santa 2010. Vídeo: El Niño de la Ría.

Pero la Saeta…, la Saeta me gusta mucho. He hecho algo, para que este cante continúe y no se pierda. Y el Fandango… hay quien piensa que es un cante chico, pero está en Córdoba, en Sevilla, en Badajoz. Tiene musicalidad, letra, lo entiende tor mundo y es una bocaná de aire fresco se cante donde se cante.

Hace cinco años, gracias a un convenio entre la Peña y la Universidad de Huelva, empezaron a darse cursos de flamenco en la Universidad, en los que Eduardo es organizador y profesor.

El flamenco no se está perdiendo, quizás no hayamos entendido qué es exactamente la pureza del cante. Hay unos cánones establecidos, y hay que saber interpretarlos. No se trata de repetir, repetir, lo que ya se ha hecho. Hoy hay gente muy prepará, pero los medios de comunicación tienen mucha culpa que el flamenco no evolucione como antes.

Antes se cantaba de oído, y el flamenco podía crecer con lo que aportaba el cantaor que no recordaba. La tradición flamenca es recoger e interpretar. El flamenco no es para el pentagrama, está aquí, en la mente, y en la honradez del cantaor con el Cante. De intentar meter una letra en unos compases salía una aportación, lo que se llaman los fandangos naturales o personales.

Eduardo Garrocho cantando fandangos

En Huelva tenemos fandangos de los dos tipos, los personales y los locales, de un lugar concreto. (…) Me interesa que la gente reconozca que el flamenco ha mamao del folcklore. Las tonás de trillas, el romance, son flamencos. (…) El flamenco es por encima de todo andaluz: los gitanos ya llevaban 400 años en Andalucía cuando surgió el flamenco.

En los cursos de la Universidad, Eduardo se emplea como si acabara de empezar: El flamenco necesita que se explique, hay que hacerlo más entendible. Para disfrutarlo hay que conocerlo, pararse y escuchar.

El flamenco no se está perdiendo, pero es un bien cultural que nos pertenece y que también hay que proteger: La administración deja de la mano de Dios a las peñas flamencas para que sean los que velen por la pureza del cante… y las ayudas son pocas, muchas las pegas, y muchos más los papeles. ¿para cuándo el fin de la burocracia? Las entidades necesitan apoyo financiero y acompañamiento. Lo pido a voces porque se trata del acervo cultural de todo un pueblo, y somos nosotros los que tenemos que mirar por él.

Conchi.

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El Indio de Palos (3/3)

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Sábado, 13 junio 2009

(Viene de aquí)

A partir de entonces Gonzalo Guerrero fue una mancha para el Imperio y para España, un traidor, un hereje. No había palabras para definir a aquel hombre que no sólo traicionó a su pueblo, sino a su fe y a sus creencias. Un hombre que era capaz de matar a los suyos y entorpecer la voluntad real y divina. Alguien a quien Cortés jamás nombró en sus cartas salvo como “el otro”. A partir de ese momento Gonzalo Guerrero pasó a la historia con el sobrenombre de “el renegado”.

Jerónimo Aguilar, por su parte, jamás pudo volver a su tierra. Muy a su pesar, no pudo encontrar la paz anhelada, perdida durante tanto tiempo, que le hiciera reencontrarse con su Dios en algún monasterio de las montañas andaluzas. El destino le tenía reservado otro papel. El destino y Hernán Cortés claro. La posibilidad de hacerse con un traductor de confianza, de su propia sangre y que comulgara con sus intenciones, era algo tan valioso como el oro de aquel lugar. Aguilar era el primer castellano en conocer la lengua maya por lo que, cuando más adelante Cortés pudo contar con los servicios de una hermosa e inteligente mujer del otro lado de aquellas tierras, una indígena conocida por la Malinche y que más tarde se rebautizaría como Doña Marina (la otra cara de la moneda de Gonzalo Guerrero), se crearía un original y curioso sistema de traducción a tres. Jerónimo traducía del español al maya y Malinche, a su vez, del maya al azteca, de modo que Cortés tenía controlado todo el cotarro de lo que más tarde sería su conquista de México.

Y no hace falta llegar al final de este relato (aunque tendrán la oportunidad de comprobar que se adapta perfectamente) para citar la tercera película que, a pesar de alguna alusión fotográfica previa, aún tenía en el tintero: “La Misión” de Roland Joffé. Genial espectáculo de emociones, desde los paisajes de ensueño, hasta el guión y la música de Morricone. Los personajes de Robert de Niro y Jeremy Irons, aunque salvando las distancias en el caso del religioso, recuerdan de alguna manera a los dos españoles. El soldado y el cura. Ambos, extraños, al principio, en una cultura ajena. El jesuita que no cree en la violencia y se pone en manos de Dios, y el soldado renegado que lucha contra los suyos para salvar a los que ahora le acogen, atacando para defenderse, sacrificándose por su nuevo pueblo, el verdadero.

De nuevo pido un inciso. Hagamos una elipsis y enlacemos el final de esta historia con el principio de ella. Recuperemos a aquel jefe maya encima de la atalaya que, mirando al mar, rememoró esta historia. Aquel orgulloso cacique cuyos rasgos diferentes serían ahora difíciles de apreciar. Imaginemos como, de un plano general en el que la silueta alta y robusta de aquel hombre se recorta al contraluz de un sol que, como personal metáfora, esta a punto de sumergirse en aguas teñidas de sangre y oro, se pasa a un primer plano, en un zoom que acaba en sus ojos claros y marcados por la fatiga. Unos ojos que miran más allá del horizonte, hacia el pasado, y que ahora debe mirar de nuevo a el futuro, aunque éste sea tan incierto como su propia vida. Aquel guerrero debe marchar. Sus soldados lo están esperando.

La última batalla pondrá fin a la historia de Gonzalo Guerrero.

A partir de entonces los mayas desaparecerán como reino para convertirse en esclavos o conversos, y dará comienzo El Indio de Palosla conquista de México. Como Boabdil en otros tiempos que, Gonzalo, a pesar de su contribución, apenas recuerda, será Moctezuma, tras la caída de los mayas, el último bastión (azteca en este caso) para que, de nuevo, el glorioso Imperio donde nunca se pone el sol expanda su poder y su religión. Ahora sólo quedarán Perú y Pizarro para que aquella conquista, evangelizadora para los Reyes Católicos pero interesada para los lejanos súbditos de un emperador extranjero que nunca los conoció (Carlos V), quede consolidada. La conquista de América, el Nuevo Mundo forjado a fuego y golpe de cruz y espada.

Los desastres de Cabo Catoche y Champotón, conocido desde entonces como el cabo de la “mala pelea” no dejarán indiferentes a los gobernadores y comandantes de los importantes sitios de Indias. Cortés no tuvo oportunidad de vengar el orgullo militar y tomar aquella península, pues debía seguir ruta hacia la mítica Tenochtitlán, pero en 1536 otra expedición, mejor dotada en número y armas, con Lorenzo de Godoy al frente, intentará tomar de nuevo aquellas tierras, ahora cerca de la actual Honduras, en Puerto de Caballos.

La llegada fue rápida y por sorpresa. Varios navíos colmados de cañones, con cientos de soldados, caballos y artillería, se adentraron por los anchos esteros de aquellas lenguas de mar, hacia el río Ulúa. Los indios del cacique Cozumba advertidos con poco tiempo, pues los “hombres de hierro” avanzaban con presteza, apenas habían tenido tiempo de organizarse.

A pesar de todo el gran Nacom blanco, el jefe barbado, nuestro “indio de Palos”, venía de camino, con cincuenta canoas, a reforzar el Ticamaya y entrar en aquella decisiva batalla. Gonzalo había creado un básico sistema de espionaje entre los indios capturados por los españoles que conseguían escapar y los esporádicos soldados castellanos presos en diferentes tribus vecinas, de los que obtenía información a cambio de perdonarles la vida, muy estimadas por los hechiceros para sus sacrificios, pues no había mejor ofrenda a los dioses mayas que el coraje y valentía de un guerrero, y esos “castillan” demostraron tenerla. De esta forma supo de la llegada de los barcos al Valle del Sula, en las costas hondureñas.

El Indio de Palos (2)El desenlace era inevitable. Los españoles estaban prevenidos y escarmentados y venían dispuestos a terminar lo que tantas veces habían empezado.

No habría cuartel.

Las barcas ligeras de los soldados de Godoy cargaban con ballesteros y arcabuces, adentrándose en zona pantanosa. Las naves empezaron a disparar andanadas de cañón para despejar el terreno. Los jinetes, tan nerviosos como sus caballos, sujetaban firmes las riendas y la infantería de alabarderos, impaciente por saltar a tierra, apretaban los dientes ante el sonido de tambores y cánticos de guerra.

Entre tanto, los indios se iban situando, apostados entre las rocas, subidos a los árboles, parapetados en manglares. De repente comenzaron a escupir una lluvia de flechas cubriendo el contraataque de sus canoas. Los castellanos dispararon. Comenzó la lucha.

Algunos caballos desembarcaron otros no tuvieron tiempo. Las flechas y lanzas atravesaban la carne, la pólvora quemaba y agujereaba, las macanas rompían huesos y las espadas y machetes, junto con la metralla de los cañones, mutilaban y despedazaban. El río Ulúa empezó a cambiar de color con la sangre de la historia.

El Indio de Palos (3)

Cuando los españoles, confiados por su superioridad numérica y armamentística, decidieron que no sería necesario desembarcar más efectivos, pues la victoria se inclinaba de su parte (no en vano el verdadero Dios estaba con ellos), empezaron a llegar las canoas de Gonzalo. Aquel meandro del río, de repente, se cubrió de piraguas repletas de indios que, esperando la orden de su jefe, mantenían las cuerdas de los arcos tensas sin disparar aún sus proyectiles. Godoy, desde el castillo de su barco, frunció el ceño y, antes de que le diera tiempo a pensar, cientos de flechas ardiendo volaron hacia sus navíos.

El Indio de Palos (4)Las canoas se separaron. Unas fueron a ayudar a sus compañeros que luchaban en tierra y en la ribera del río, las otras se dirigieron a los barcos, algunos de los cuales tenían el velamen y la cubierta en llamas. Los arcabuceros se prepararon para rechazar a aquellos salvajes. El combate se intensificó.

Los mayas, con los cuerpos pintados de negro y rojo, las caras y las manos blancas, sus atuendos de rústico algodón y penachos de plumas, armados hasta los dientes y aullando como demonios, causaban en sus enemigos el efecto deseado. Miedo, desconcierto, nerviosismo. Algunos pudieron abordar los barcos y el combate cuerpo a cuerpo fue brutal, cuellos degollados, cabezas aplastadas…, algunos de esos indios robaban las armas de sus contrincantes y, ante el asombro y temor de los soldados españoles, las usaban con soltura y efectividad. Hasta Lorenzo de Godoy tuvo que desenvainar su espada.

En medio de aquella vorágine Gonzalo, de pie en su canoa y dirigiendo los ataques con un sable en la mano, reconoció, en un momento dado de la batalla, a un soldado. Estaba apostado en la cubierta inferior de aquel barco, cebando uno de los cañones con la cara medio tiznada de pólvora. Un tal José Panyagua, creía recordar, natural de Burgos. Fue compañero suyo en la campaña de Nápoles y en más de una ocasión se cubrieron las espaldas. Aquel recuerdo pasó por la cabeza de Guerrero abstrayéndolo, por un segundo, de aquella matanza. De repente Panyagua lo miró. Gonzalo, ajeno por un instante a su actual aspecto, creyó ver reconocimiento y sonrió levemente. El soldado lo apuntó con su mosquete y disparó errando el tiro…, parecía asustado. En ese momento una flecha atravesó su cuello, y junto con la vida de su antiguo amigo desapareció aquel último recuerdo de Gonzalo Guerrero.

Los españoles empezaron a ganar terreno. Con sacrificio y numerosas pérdidas fueron acorralando a los indígenas, haciéndolos retroceder. Gonzalo, sin embargo, luchaba en el río yendo con su canoa de un sitio a otro, ayudando a sus nuevos hermanos, matando a los viejos. Parecía un demonio poseído al que los dioses protegían, pues erguido en su barca, los cañonazos levantaban el agua a su alrededor sin llegar a tocarlo. Pero los dioses son caprichosos y, mientras Gonzalo gritaba, ordenaba, lanzaba mandobles con su espada cortando carne y partiendo huesos, una flecha de ballesta se clavó por encima de su ombligo atravesándolo. Gonzalo sintió como le desgarraba el estómago y le dejaba sin respiración. Ese momento de reparo que le hizo bajar la defensa fue suficiente para que un certero tiro de arcabuz reventara el pecho del que, en otros tiempos, fuera gran arcabucero. Fue este disparo el que realmente le mató.

Gonzalo cayó al agua. Sus guerreros, tras presenciar la mortal descarga, acudieron en su ayuda recuperando el cuerpoEl Indio de Palos (5) moribundo de su jefe. Los españoles estaban ahora machacándolos. A pesar de todo, la piragua que transportaba al palermo pudo llegar a la orilla, y sus fieles cargaron con Gonzalo replegándose, junto con los demás, hacia el interior de la selva. Allí, a salvo por un momento, depositaron su cuerpo en el suelo, sin moverlo demasiado. Estaba agonizando. Nadie intentó sacarle la flecha, no había ya nada que hacer. El gran agujero en su pecho era mortal de necesidad. Incompatible con la vida.

Gonzalo Guerrero miró su herida y, con su último aliento, pidió que siguieran luchando. Luego tosió, escupió sangre, y antes de expirar aún tuvo tiempo de susurrar que cuidaran de su familia.

Gonzalo Guerrero, natural de Palos de la Frontera (Huelva), soldado y marino español…, cacique maya…, murió en 1536 en Puerto de Caballos.

Los mayas se retiraron dejando el cuerpo de Guerrero en aquella selva. Cuando los soldados castellanos, más tarde, hicieron recuento de bajas lo confundirían con un indio más de los allí yacentes. Sin embargo, en una carta conservada en el Archivo General de Indias de Sevilla, escrita, el 14 de agosto de aquel año, por de Andrés de Cereceda (quien fue gobernador de Honduras, y que lucho en aquella batalla contra Cozumba), se relata lo siguiente: …”Como en el combate dentro del albarrada el día antes que se diesen, con un tiro de arcabuz se abía muerto un cristiano español que se llamaba Gonzalo (Guerrero), que es el que andaba entre los yndios en la península del Yucatán veynte años ha y más que este el que dizen que destruyó al adelantado Montejo; y como lo de alla se despobló de cristianos vino a ayudar a los de aca con una flota de cinquenta canoas y a matar a los que aquí estabamos antes de la venida del adelantado abra cinco o seis meses cuando yo hize justicia de ciertos caciques de la tierra como atras he tocado porque fui avisado de la trayción y junta que sobre paces tenia urdida; y andaba este español que fue muerto desnudo y labrado el cuerpo y en abito yndio”…

Al caer la noche, los hombres de Gonzalo fueron en busca del cuerpo de su jefe, que yacía tal y como lo habían dejado. Los mayas lo cogieron con respeto, el que se merece un gran nacom que ha partido finalmente hacia el Sol, y lo llevaron, casi en procesión, hasta la orilla del río. Allí lo dejaron flotar, con suma delicadeza, mientras la corriente lo arrastraba hacia la embocadura del mar. No hubo piras incendiarias ni enterramientos. Fue su último homenaje a aquel hombre que el océano trajo y que al océano devolvían.

Gonzalo Guerrero fue desterrado de la gloriosa historia de España. A pesar de ello, su existencia se conoce gracias a el relato de su compañero, Jerónimo Aguilar, y por las crónicas de algunos contemporáneos, especialmente Bernal Díaz del Castillo.

Durante mucho tiempo su nombre fue sinónimo de traición y se evitaba nombrarlo. Posteriormente, su tierra adoptiva, la verdadera para él, lo rescató considerándolo el padre del mestizaje mexicano. Siendo sus hijos los primeros mestizos de América fruto del amor por sus gentes y su tierra, y no de la violencia, el odio y la prepotencia de los invasores.

El Indio de Palos (6)Con el tiempo, Gonzalo Guerrero ha sido recuperado por unos y por otros. En México (Yucatán) tiene varios monumentos conmemorativos y plazas, en el Paseo de Montejo de la ciudad de Mérida, en Chetumal y en Cozumel (Quintana Roo). En España, para la mayoría aún sigue siendo un desconocido. Ni un vestigio en Huelva. En Palos un retrato perdido entre varios otros, en la antigua Casa Museo de Martín Alonso Pinzón y apenas una línea en la información publicada por la ciudad natal.

El Indio de Palos (7)A pesar de todo, cuando empecé a documentarme me sorprendí de lo que encontré. No sólo la variedad de textos clásicos sino la cantidad de estudios, publicaciones y escritos al respecto, alguna que otra novela e incluso un par de cómics. No es de extrañar, pues pocas historias de ficción tienen tantos componentes literarios como esta “True Story”. Lo raro es que aún no se haya llevado al cine, aunque tiempo al tiempo…, basta con que Hollywood se entere, y no precisamente la hermanada con Huelva.

En cuanto a la bibliografía consultada, aparte de lo apuntado en una de mis tantas “interrupciones” debo decir que ha sido un verdadero placer sumergirme en toda esa literatura, antigua y moderna, que ha absorbido por completo mi último mes, hurtando tiempo mientras trabajaba y apurándolo cuando no lo hacía. La experiencia, no obstante, ha sido gratificante y espero que para ustedes también lo sea, pues este relato ha ido creciendo solo, como si tuviera vida propia y, con la modestia y respeto que debo a cualquier otro que antes que yo (más o menos profesionalmente) se haya sumergido en el océano en busca de los restos de este personaje para estudiarlo, novelarlo, colocarlo en la historia o, simplemente, tenerlo como amigo durante un tiempo, mi intención ha sido que ustedes se emocionen tanto como yo, imaginando la vida de un hombre en un tiempo tan duro como fascinante.

Por esto, en vez de aburrirles con una extensa bibliografía de tipo académica (tampoco esto es ninguna tesis doctoral) creo más acertado comentársela un poco, especialmente aquella que he manejado y consultado.

Para empezar, citaré los autores contemporáneos a nuestro héroe, dos de los cuales tuvieron información de primera mano como son Hernán Cortés en sus “Cartas de Relación” y Bernal Díaz del Castillo, con su maravillosa “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”, totalmente recomendable incluso para deleitarse leyendo por puro placer. También de la misma época están López de Gómara, (aunque criticado por Bernal por escribir de oídas sin salir de España), que escribió “Historia General de las Indias y la Conquista de Mexico” y, por otro lado, la “Relación de las cosas del Yucatán” donde Diego de Landa, más tarde obispo del Yucatán, hará una crítica de las costumbres y creencias indígenas que, salvando su carácter apológico contra ellas, tienen un punto de vista antropológicamente interesante. Todo lo contrario en su exposición es Fray Bartolomé de las Casas con su fiel pero algo tediosa “Bellísima relación de la destrucción de las Indias” y, algo más tarde, Diego López de Cogolludo, se basaría en los escritos desaparecidos de Landa para escribir “Historia de Yucatán” e, igualmente, Fernández de Salazar se valió de las Cartas de Cortés y los escritos de Gómara para redactar un valioso tratado “Crónica de la Nueva España”.

Y no quiero acabar esta lista de textos clásicos (entre muchos otros, se entiende) sin citar la bella obra dramática en verso “La conquista de México” de Fernando de Zárate (ó Antonio Enríquez Gómez), una de las pocas epopeyas épicas escrita sobre el tema.

Hasta aquí, para no aburrirles, los textos clásicos, nombrándoles a continuación algunos más recientes como “Perfil de Indoamérica de nuestro tiempo” de Lipschutz (1968), “Gonzalo Guerrero, (apuntes para su biografía)” de José Armando Ceballos. Quintana Roo (1980) o “Lenguas, traducción y metáfora: relatos de la alteridad en tres crónicas de la conquista de México” de Valeria Añón, Universidad de Buenos Aires CNICT (2006). Y entre la novela y la historia está “Gonzalo Guerrero, Memoria olvidada. Trauma de México” de Carlos Villa Roiz (1995), original crítica al sometimiento conquistador desde la perspectiva de la supuesta hija de Gonzalo Guerrero, convertida ahora en doncella del obispo Diego de Landa.

El Indio de Palos (8)Ya en el terreno de la novela histórica pura y dura me topé, al menos, con cuatro obras (que no he tenido oportunidad de leer). “El futuro fue ayer” de Luca de Tena (1987), que da el protagonismo a Jerónimo Aguilar, “Gonzalo Guerrero” de Eugenio Aguirre (1991) y “Huracán Corazón del Cielo”, de Francis Pisani (1992), ambas basadas en la vida del Palermo. Y la más reciente y ficcionada “La última Profecía” de Álvaro Ancona (2008).

Para acabar, uno de los últimos hallazgos, entre el estudio y la novela, fue el de un paisano suyo, Salvador Campos Jara, que en 1995 parece ser que (al igual que yo ahora) se topó con Gonzalo Guerrero por casualidad. La diferencia es que el onubense citado convirtió la vida de nuestro personaje en motivo de su estudio, tesis doctoral y beca para un futuro libro, que desconozco si vio la luz, cuyo acertadísimo nombre sería “El hijo de los alacranes” (como lo envidio). Su trabajo se llama “Gonzalo Guerrero: elementos para la creación de un mito”. Universidad de Huelva (1995).

Por último solo citar, como curiosidad la existencia, al menos de dos cómics, uno de ellos “Conquistadores de El Indio de Palos (9)Yucatán” de Miguel Calatayud y Fernando Savater (1992), el otro creo que es francés “Guerrero l’etranger” de Maranzano y Camille le Gendre.

Y finalmente, como sorpresa para todos, una ONG de Huelva (única referencia que he encontrado en la capital) llamada “Gonzalo Guerrero”, parece ser que desde 1992 relacionada con Iberoamérica y no se si aún en activo.

No quiero acabar sin hacer algún apunte a las imágenes que he utilizado (al menos para que no me empapelen), las cuales también han tenido su curre. Varias tardes me ha sorprendido mi mujer frente al ordenador con los ojos enrojecidos en plan zombie y moviendo los dedos como un autómata, guardando imágenes como el que guarda dólares y que, ya imaginarán, para que sean más o menos acordes a la narración, han necesitado acumularse en una buena base de datos. Aprovecho, por tanto, para pedir permiso a los autores de las mismas, (pues cada vez que grababa una se me cortaba el cuerpo con la dichosa “protección”) ya que, aunque no se muy bien como funciona esto de los derechos y el copyright, mis intenciones son totalmente altruistas y, como pueden comprobar, no persigo ningún fin lucrativo más que el propio goce de la escritura y la lectura, por lo tanto espero que sea suficiente.

Enrique Carrillo.

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