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La Boda de Juan Ramón y Zenobia

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Viernes, 2 marzo 2012

Entre nuestros lectores habituales tenemos a una estadounidense enamorada de Huelva y de todo lo que representa nuestra tierra; una newyorquina que, para más señas, nos asombró hace un año con una carta que publicamos en este blog, y que dice sentirse más choquera que de la cosmopolita ciudad de los rascacielos. Recientemente le hemos realizado una pregunta: ¿tiene Huelva alguna vinculación con Nueva York? ni corta ni perezosa ha estado indagando y quiere compartir con vosotros al menos dos cosas que nos unen, aunque probablemente haya más, pero que dejamos a los que quieran seguir investigando. Este es el artículo que ha escrito para todos vosotros LAC:

Muchos onubenses conocen (quiero decir “conocemos”, aunque por el propósito de este artículo, no incluiré a los onubenses por amor como yo, sino solamente a los ciudadanos) a Miss Gertrude Vanderbilt Whitney, tal vez no por su nombre completo, pero sí como Miss Whitney, la escultora de Nueva York responsable del Monumento a la Fe Descubridora (Colón) en la Punta del Sebo. Pero hay otro vínculo entre Nueva York y Huelva.

Nueva York fue la ciudad en la que se formalizó el vínculo entre dos personas que unieron sus vidas para siempre. De ese vínculo nació para nuestra tierra uno de nuestros mayores orgullos: un premio Nobel. Y para el mundo de las letras una fuente de riquezas y hallazgos que todavía sigue dando sus frutos. No se podría entender la figura literaria de Juan Ramón sin la presencia de Zenobia. ¿Habría sido la misma la historia de la literatura sin aquella boda en Nueva York?

Hoy, 2 de marzo, es el 96 aniversario de la boda de Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí.

Juan y Zenobia se conocieron en 1913 y se dice que era la risa de Zenobia la que llamó la atención del poeta moguereño. Durante sus años de juventud, Zenobia ya había vivido y estudiado entre Nueva York y España, por eso Nueva York ya era una ciudad conocida para ella.

Pese a la oposición de la madre de Zenobia, a quien el poeta no le pareció adecuado como marido para su hija, en 1916 Juan Ramón siguió a Zenobia a NY. Llegó en febrero y, en presencia de unas familiares de Zenobia, se casó con ella el 2 de marzo del año 1916 en la newyorquina iglesia de San Esteban (St. Stephen’s Church).

Viajaron juntos por Estados Unidos durante los siguientes cuatro meses y cuando regresaron a España, Juan, Zenobia y la madre de Zenobia, ésta ya le había cogido mucho cariño a su yerno poeta, de quien al principio se había opuesto a que se casara con su hija. Durante el resto de sus vidas, Juan y Zenobia colaboraron en muchos proyectos literarios, traduciendo las obras de Juan además de otras. Vivieron entre España, los Estados Unidos, Cuba y Puerto Rico. Era un amor profundísimo que duró hasta la muerte de Zenobia en Puerto Rico en 1956 de cáncer. Tres días después, Juan Ramón Jiménez ganó el Premio de Nobel de Literatura. Sin embargo, nunca pudo recuperarse de la muerte de Zenobia y dos años después de la muerte de ella, él la siguió y murió en la misma clínica en que ella falleció.

En la actualidad se conserva una copia del certificado de matrimonio de Juan Ramón y Zenobia en el Ayuntamiento de Nueva York, ubicado cerca del Distrito Financiero, el puente Brooklyn y el World Trade Center.

La iglesia en la que se casaron, la St. Stephen’s Church (la Iglesia de San Esteban), está ubicada en la calle 29, entre las Avenidas Tercera y Lexington en Manhattan, aunque su puerta principal da a la calle 28.


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Esta espaciosa y sobria iglesia de estilo románico, se construyó entre los años 1853 y 1865 por el arquitecto James Renwick, el mismo que diseñó la catedral de San Patricio, en la Quinta Avenida, y durante los años 1948-1949 se realizó una reconstrucción de la misma. Alberga obras del pintor Constantino Brumidi. El párroco que oficiaba en dicha iglesia durante el año en que se casaron Zenobia y Juan Ramón era Patrick Joseph Hayes, que llegó a ser Cardenal y Arzobispo de Nueva York.

Os dejo con algunas fotos de la iglesia en la actualidad, en la que, por cierto, fue presentada en 2008 la reedición ilustrada de la que Juan Ramón consideró su mejor obra, “Diario de un Poeta Recién Casado”, una obra innovadora por la combinación de verso y prosa que inició un nuevo modo en su composición poética. Como explicó en su día el premio nobel, “en realidad el Diario es mi mejor libro. Me lo trajeron unidos el amor, el alta mar, el alto cielo, el verso libre… Es un punto de partida”.

Entrada por la Calle 28

Entrada por la Calle 29, hoy cerrada

Interior Iglesia San Esteban

Vidrieras Iglesia San Esteban

Interior Iglesia San Esteban

LAC.

Madrid, 18 de enero

III

Mientras trabajo en el anillo de oro

puro me abrazas en la sangre

de mi dedo, que luego sigue, en gozo,

contigo, por toda mi carne.

(…) fragmento del diario de un poeta recién casado

Conchi nos ha echado una mano y nos avisa del programa de actos que ha organizado la Fundación Juan Ramón Jiménez, con motivo del 96 aniversario de la boda de Juan Ramón y Zenobia. Se celebrarán hoy viernes desde las 18:00 en la Casa Natal del Nobel moguereño, ubicada en la calle Ribera nº 2, de Moguer:

1. Recital de poemas de JRJ a Zenobia, por adultos y niños.

2. Interpretación de canciones de amor por parte del Coro de Mujeres Zenobia.

3. Entrega de Premios del III Certamen de Relatos Cortos y Poesía de la Asociación de Mujeres de Moguer Zenobia, por parte de su Presidenta, Mercedes Garrido Pinzón y representantes del Ayuntamiento de Moguer y la Diputación Provincial de Huelva.

4. Actuación musical de Nicolás Capelo.

5. Lectura seleccionada del primer discurso público de Zenobia Camprubí en el Club de Mujeres de la Facultad de la Universidad de Puerto Rico en 1936, por parte de Antonio Ramírez Almansa, Director de la Casa Museo Zenobia Juan Ramón Jiménez.

Fuentes:

Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes,

Fundación Zenobia Juan Ramón Jiménez Moguer

Centro Virtual Cervantes

www.churchofststephen.com

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Entrevista a Eduardo Garrocho: El otro patrimonio cultural

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Sábado, 3 abril 2010

Eduardo Garrocho

A menudo hablamos de  edificios que formaban parte de nuestro pasado histórico y que, por dejadez o falta de iniciativa pública y privada, han acabado en el suelo, olvidados y derruidos, o en una semi-ruina manifiesta que da más asco que pena. Pero no dejan de ser piedras que se pierden y se van al olvido con la misma facilidad que se quitan las malas yerbas que nacen de forma espontánea en los jardines.

Peor es que nos olvidemos de las personas. A veces parece que hace falta que un onubense desaparezca o sea víctima de una desgracia para que se le reconozca y se le haga un homenaje.

Espero que no sea este el caso. Eduardo Garrocho es un flamenco de hoy y de ayer; por su trayectoria y por su presente. Una pulsión, un sentimiento, un poso de sabiduría que dice mucho y todavía tiene mucho que decir. Decir contando, decir cantando.

Qué ganas tengo de tener un monumento al fandango…Estamos en la cuna del fandango y algo más tendríamos que tener: no sé… por ejemplo, cabinas con el mapa de la provincia de Huelva, donde los turistas y los onubenses puedan escuchar el fandango propio de cada lugar, esta es su forma de empezar la entrevista para la que lo he citado.

Eduardo es natural de Palos de la Frontera, hijo de un guardia civil que se lo llevó a nacer a León, pero volvió de chiquetillo y no recuerda desde cuándo es aficionado al fandango.

Quizás comencé a escucharlo en la Romería de Palos… yo era un niño y la gente me animaba a cantar, tantas veces canté aquel fandango que dice “Que se llama Pepi Mora, Salvaor tiene una niña…, que me pusieron el Pepi Mora”. Luego dejé el cante, con la edad del pavo me dediqué al niñateo y se me olvidó el cante, salvo en las romerías. Yo cantaba sin saber hasta que a los veinte años entré en la Peña, cuando ya estaba casao y asentao, y empecé a conocer los distintos tipos de cantes, entré con el número de socio 53… y ahora tengo el número 8.

Y con aquella edad, más o menos, gana en Gibraleón un Premio Nacional de Fandango de Huelva. Luego graba algunos discos, “Saetas antiguas de Huelva y las actuales”, que sirvió de referencia para los aficionados porque estaba todo perdido, y “Besana”, donde se recogen 31 tipos de fandangos y 5 tipos de tonás. (…) De la Peña me echaron por criticón, bueno, y por preguntar que dónde estaban los dineros. Y con el tiempo me invitaron a volver. (…) Una vez escuché a alguien decir que hay quien sabe lo que canta y quien canta lo que sabe, por eso yo me preocupé por conocer qué era lo que estaba cantando.

Eduardo trabajó de visitador médico en Huelva y provincia (¡¡¡???): Cuando terminaba el trabajo me iba a la taberna del pueblo y empezaba a preguntar por aquí y por allá, qué era lo que se cantaba por allí. Hasta tal punto que ya todo el mundo sabía mi afición al cante, y había médicos que me buscaban a los cantaores antiguos del lugar y los llevaban pa que yo los conociera.

También ha formado parte de la coral Santa María de la Rábida. Donde empezó a interesarse por las Tonás de la provincia. Y así, unas veces solo, otras con la Peña y otras con la Coral, tuve la oportunidad de conocer Sudamérica, Europa y España entera. Y he actuado en el Lope de Vega de Sevilla, en el Palau de la Música de Barcelona -donde apenas si cantan los flamencos- y en el Margarita Xirgú de Buenos Aires, y en Puerto Rico, y en México, y en la República Dominicana…

Cuando se pusieron de moda las óperas flamencas hicimos unas seis… y actuábamos en los teatros. Entre otras, Horizontes -que cuenta la historia de un emigrante andaluz en Cataluña- y, la más sonada, …Y después América, con motivo de la celebración del Quinto Centenario.

Eduardo Garrocho cantando una saeta a la Virgen de la Esperanza en el Hotel Tartessos durante la Semana Santa de 2010

Saeta a la Virgen de la Esperanza. Semana Santa 2010. Vídeo: El Niño de la Ría.

Pero la Saeta…, la Saeta me gusta mucho. He hecho algo, para que este cante continúe y no se pierda. Y el Fandango… hay quien piensa que es un cante chico, pero está en Córdoba, en Sevilla, en Badajoz. Tiene musicalidad, letra, lo entiende tor mundo y es una bocaná de aire fresco se cante donde se cante.

Hace cinco años, gracias a un convenio entre la Peña y la Universidad de Huelva, empezaron a darse cursos de flamenco en la Universidad, en los que Eduardo es organizador y profesor.

El flamenco no se está perdiendo, quizás no hayamos entendido qué es exactamente la pureza del cante. Hay unos cánones establecidos, y hay que saber interpretarlos. No se trata de repetir, repetir, lo que ya se ha hecho. Hoy hay gente muy prepará, pero los medios de comunicación tienen mucha culpa que el flamenco no evolucione como antes.

Antes se cantaba de oído, y el flamenco podía crecer con lo que aportaba el cantaor que no recordaba. La tradición flamenca es recoger e interpretar. El flamenco no es para el pentagrama, está aquí, en la mente, y en la honradez del cantaor con el Cante. De intentar meter una letra en unos compases salía una aportación, lo que se llaman los fandangos naturales o personales.

Eduardo Garrocho cantando fandangos

En Huelva tenemos fandangos de los dos tipos, los personales y los locales, de un lugar concreto. (…) Me interesa que la gente reconozca que el flamenco ha mamao del folcklore. Las tonás de trillas, el romance, son flamencos. (…) El flamenco es por encima de todo andaluz: los gitanos ya llevaban 400 años en Andalucía cuando surgió el flamenco.

En los cursos de la Universidad, Eduardo se emplea como si acabara de empezar: El flamenco necesita que se explique, hay que hacerlo más entendible. Para disfrutarlo hay que conocerlo, pararse y escuchar.

El flamenco no se está perdiendo, pero es un bien cultural que nos pertenece y que también hay que proteger: La administración deja de la mano de Dios a las peñas flamencas para que sean los que velen por la pureza del cante… y las ayudas son pocas, muchas las pegas, y muchos más los papeles. ¿para cuándo el fin de la burocracia? Las entidades necesitan apoyo financiero y acompañamiento. Lo pido a voces porque se trata del acervo cultural de todo un pueblo, y somos nosotros los que tenemos que mirar por él.

Conchi.

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