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Los marinos de Huelva y el Descubrimiento

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Miércoles, 12 octubre 2011

De todos es conocida la historia de Cristóbal Colón y su llegada a estas tierras para preparar lo que acabaría siendo el Descubrimiento de América. Según cuenta la Historia (con mayúsculas) más o menos oficial, Colón llega junto con su hijo Diego al Monasterio de La Rábida hacia 1485, procedente de Portugal, donde no había tenido éxito planteando su expedición.  Pero ¿llegó Colón por casualidad a La Rábida? ¿venía buscando algo o a alguien en concreto? ¿sabían los marinos de las actuales costas de Huelva algo que Colón necesitaba conocer?

La villa de Palos había sufrido un importante crecimiento demográfico desde mediados del siglo XV gracias a la actividad comercial de sus marinos. Los palermos comerciaban con el Norte de Europa y el Mediterráneo, intercambiando bienes y pescado obtenidos en la zona de Guinea, y rivalizando con los portuguese del Algarve tanto en este comercio, como en el de esclavos. Los pilotos y marinos de estas costas eran expertos navegantes, no sólo de la costa atlántica europea, sino que se aventuraban en mares a priori menos conocidos.

…porque sólo los de Palos conocían de antiguo el mar de Guinea, como acostumbrados [estaban] desde el principio de la guerra a combatir con los portugueses y a quitarles los esclavos adquiridos a cambio de viles mercancías.

Alfonso de Palencia, Crónica de Enrique IV

Parece claro que, tanto la posición geográfica de Palos, como sus navegantes y los de los pueblos cercanos eran ideales para realizar una expedición como la que Colón planteaba. De hecho, el Padre Las Casas nos lo confirma cuando con referencia natural a Palos dice: «para donde pidió á sus altezas que le diesen recaudo para el viaje.» Los marineros que formaban las tripulaciones de las carabelas descubridoras no eran ni mucho menos malhechores sacados de las cárceles, sino hombres de mar de las poblaciones costeras y que habían sido reclutados por hombres de prestigio en toda la comarca como los Pinzón o los Niño.

Parece claro que Colón tenía interés en partir del puerto de Palos, pero ¿sólo vino Colón buscando marinos expertos? parece ser que no. Es posible que los pilotos de esta zona tuvieran unos conocimientos “no oficiales” que a Colón le podían interesar.  Es posible que algunos marinos del Condado de Niebla conocieran las costas americanas, aunque fuese sólo por casualidad, y sin entrar en teorías demasiado “polémicas”, como la defendida por Luisa Isabel Álvarez Duquesa de Medina Sidonia en la cuál esa “Guinea” sería en realidad las tierras de la desembocadura del Orinoco.

Esta teoría, lejos de ser nueva, aparece en algunos escritos del siglo XVI y XVII. Tomé Cano, que no era literato, sino hombre de mar, natural de las islas Canarias, dedicado á la construcción naval, escribió un Arte de fábrica de naos, publicado en el año 1611, y haciendo referencia al casual descubrimiento de las islas oceánicas antes que lo hiciera Colón, decía:

«Lo cual es así cosa certísima fuera de toda opinion y que así se platica y sabe hoy en la isla de la Madera y entre los viejos marineros de Portugal, el Algarve y lo que llaman el Condado [de Niebla]. E yo lo supe desta suerte de alguno dellos que conoció aquel tiempo y fijé de él, y lo decía por cosa muy llana, y muy pública.»

El pre-descubridor de América  más famoso por estas tierras es Alonso Sánchez, piloto de Huelva cuya nave fue desviada de su rumbo debido a una tormenta. El viento arrastró su carabela hasta una isla del Nuevo Mundo. A su vuelta, y estando moribundo, contó lo que le había ocurrido a Cristóbal Colón en la isla de Porto Santo, a donde había llegado junto con unos pocos supervivientes.

Estatua de Alonso Sánchez de Huelva

Estatua de Alonso Sánchez de Huelva

El padre Bartolomé de las Casas ya informa de una historia similar a la de Alonso Sánchez:

“Díjose que una carabela o navío que había salido de un puerto de España y que iba cargada de mercadería para Flandes o Inglaterra, o para los tractos, la cual, corriendo terrible tormenta, y arrebatada de la violencia e ímpetu de ella, vino diz que, a parar a estas islas y que aquesta fue la primera que las descubrió.”

Pero el primer cronista en indicar el nombre y la procedencia del marino que informó a Colón fue el Inca Garcilaso:

“Éste fue el primer principio y origendel descubrimiento del Nuevo Mundo, de la cual grandeza podía loarse la pequeña villa de Huelva, que tal hijo crió, de cuya relación, certificado Cristóval Colón, insistió tanto en su demanda, prometiendo cosas nuncavistas ni oídas, guardando como hombre prudente el secreto dellas, aunquedebaxo de confianca dió cuenta dellas a algunas personas de mucha autoridad acerca de los Reyes Católicos, que le ayudaron a salir con su empresa, que, si no fuera por esta noticia que Alonso Sánchez de Huelva le dió,no pudiera de sola su imaginación de cosmografía prometer tanto y tancertificado como prometió ni salir tan presto con la empresa del descubrimiento”

Pero no es el único caso. Existe también la figura de Pero Vázquez de la Frontera, marino residente en Palos y que había navegado en la expedición portuguesa que se había adentrado en el Atlántico en 1452 hasta alcanzar el mar de los Sargazos.  Colón al parecer se entrevistó con este viejo marino en Palos, según indican los testimonios de los pleitos Colombinos:

“Quel dicho Cristóbal Colón, antes que fuese a negociar con los Reyes Cathólicos sobrel dicho descubrimiento, vino a esta Villa de Palos…e posó en el monesterio de La Rábida, e de allí venía algunas vezes a esta Villa e hablava con un Pero Vasques de la Frontera, que era onbre muy sabio en el arte de la mar e avía ydo una ves a fazer el dicho descubrimiento con el ynfante de Portugal…”

Fernando Valiente

“Conosció (a Colón) y le vio harto pobre y nesçesitado…, y oyó dezir a un Pero Vasques de la Frontera, vezino de la villa de Palos, al tiempo quel dicho Colón vino a querer yr al dicho viaje, quel dicho Colón venía a tomar lengua y aviso del dicho Pero Vasques de la Frontera, como perona que avía sido criado del rey de Portugal y tenía noticia de la tierra de las dichas Yndias.”

Alonso Gallego

Algunos autores consideran estos testimonios como falsos o exagerados y que buscaban dañar la reputación de Colón. Pero los indicios no vienen únicamente de supuestos “enemigos” de Colón, sino que él mismo nos da un extraño dato en su diario de abordo:

“Sábado, 6 de octubre.
Navegó su camino al Oeste o Güeste, que es lo mismo. Anduvieron cuarenta leguas entre día y noche; contó a la gente treinta y tres leguas. Esta noche dijo Martín Alonso que sería bien navegar a la cuarta del Oeste, a la parte del Sudoeste; y al Almirante pareció que no decía esto Martín Alonso por la isla de Cipango, y el Almirante veía que si la erraban que no pudieran tan presto tomar tierra y que era mejor una vez ir a la tierra firme y después a las islas.

Este cambio de rumbo propuesto “misteriosamente” por Martín Alonso no fue tenido en cuenta por Colón hasta el día siguiente, cuando los indicios (el paso de unas aves en dirección suroeste) le obligaron a aceptar el consejo del marino de Palos.

“Domingo, 7 de octubre
Navegó a su camino al Oeste; anduvieron doce millas por hora dos horas, y después ocho millas por hora; y andaría hasta una hora de sol veintitrés leguas(…) porque pasaban gran multitud de aves de la parte del Norte al Sudoeste (por lo cual era de creer que se iban a dormir a tierra o huían quizá del invierno, que en las tierras de donde venían debía de querer venir, porque sabía el Almirante que las más de las islas que tienen los portugueses por las aves las descubrieron), por esto el Almirante acordó dejar el camino del Oeste y poner la proa hacia Oessudoeste, con determinación de andar dos días por aquella vía…”

5 días después desembarcaría en el Nuevo Mundo.

¿Casualidades? ¿elucubraciones? ¿teorías fantásticas? ¿o quizás existe un fondo basado en la realidad? quizás nunca lo sepamos.

http://www.reformation.org/spanish-garcilaso-de-la-vega.html

http://es.wikisource.org/wiki/Diario_de_a_bordo_del_primer_viaje_de_Crist%C3%B3bal_Col%C3%B3n:_texto_completo

Cesáreo Fernández-Duro, La tradición de Alonso Sánchez de Huelva, descubridor de tierras incógnitas

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La Carta de Colón

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Jueves, 22 septiembre 2011

La Carta de Colón es un célebre documento colombino que el marino escribió en su primer viaje de vuelta para anunciar su Descubrimiento a los Reyes Católicos. Esta carta describe las islas descubiertas, en particular Cuba y La Española, y las costumbres de sus habitantes, abundando las exageraciones sobre el tamaño de las islas, sus riquezas y la docilidad de los indios. Sin embargo, ofrecen pocos datos concretos sobre el Viaje e, incluso, algunos de ellos contradicen a otras fuentes, en particular al Diario de a Bordo.


Esta carta tiene una gran importancia histórica porque constituyó la única fuente sobre el Primer Viaje de Colón que estuvo disponible públicamente durante la vida del Almirante. Su publicación supuso, intencionadamente o no, una extraordinaria operación de propaganda gracias a la recién inventada imprenta. En este sentido, la consecuencia más inmediata fue que la difusión de la noticia del Descubrimiento se convirtió en la más rápida y universal de todo el siglo XV y parte del XVI.

Carta facsímil del primer viaje de Colón. Imagen: www.culturandalucia.com

Desde 1999 a 2010, la Asociación Foro Andaluz de Cooperación (Facediciones en su versión web) llevó a la práctica el proyecto de traducir la Carta de Colón  a buena parte de las lenguas del mundo, incluyendo a muchas en proceso de extinción. La Carta de Colón se conserva como tesoro nacional en la New York Public Library (Office of Special Collections), dado que sólo se conserva un único ejemplar, y comparte morada con el primer ejemplar adquirido por América de la Biblia original de Gutenberg, y con una copia del manuscrito de la Declaración de la Independencia de Thomas Jefferson.

New York Public Library. Imagen: ViveNuevaYork.com

La Carta de Colón ha sido transcrita por el historiador onubense Juan José Antequera Luengo, miembro de la Real Academia de la Historia, y hasta el momento, la Asociación ha realizado 174 traducciones (impresas en Huelva), incluyendo buena parte de los idiomas de Suramérica (algo más de veinte). Se da la circunstancia de que, por razones obvias, no ha conseguido ninguna traducción hacia las lenguas de los nativos de Estados Unidos, ni con la ayuda del Department of Indian Affairs norteamericano.

Para la realización del proyecto global contó con la colaboración de las misiones diplomáticas españolas en el extranjero, las extranjeras acreditadas en España y las de Francia en el extranjero, amén de las más prestigiosas universidades de todo el mundo y los principales traductores y escuelas de traducción de cada país. En algún caso, se ha realizado la versión a lenguas sin tradición literaria cuyos hablantes, octogenarios, apenas alcanzaban la decena, de ahí que el proyecto, sólo por eso y dadas las enormes dificultades atravesadas, haya merecido la pena, haciendo del texto colombino el tercero más traducido en la historia, tras la Biblia y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y en un tiempo récord.

La Asociación editora está muy vinculada con Huelva, habiendo publicado más de trescientos libros sobre la historia y literatura onubenses. En esta dirección podréis ver cuales han sido las traducciones realizadas: www.facediciones.es

Y los más inquietos y curiosos pueden leer La Carta de Colón en castellano antiguo e íntegra en este enlace: http://www.culturandalucia.com

José Gutiérrez & Sr. Rubio.

Fuentes: http://www.culturandalucia.com, http://es.wikipedia.org, www.facediciones.es

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El Indio de Palos (1/3)

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Martes, 9 junio 2009

Nuestro amigo y colaborador Enrique Carrillo lleva algún tiempo elaborando un relato histórico que quiere compartir con todos los lectores de este blog y que probablemente dejará a más de uno con la boca abierta por su historia y contenido y por la gracilidad en la redacción. Su extensión supera lo que consideramos razonable para un artículo, así que con su consentimiento y ayuda lo vamos a dividir en 3 partes que iremos publicando en días sucesivos. Os recomendamos encarecidamente su lectura y disfrute:

Como prometí, para que no todo sean críticas e intentando contribuir en la medida de mis posibilidades al aprecio olvidado de una tierra interesante, he redactado una colaboración intentando recrear un episodio que, como la mayoría de los que pueda yo hablar, imagino que muchos de ustedes conocerán pero que, quizás, otros, por lo ya comentado tantas veces, ignoren o, simplemente les suene de pasada.

Antes de comenzar, me gustaría puntualizar (aún a riesgo de que me linchen por insistente) el extraño comportamiento onubense de quienes, si bien son capaces de hacer autocrítica, reniegan, con frecuencia, de sus características más conocidas y explotadas, quizás por hastío del tópico exterior o por pena de que no se tengan o, al menos, valoren otras virtudes. Me refiero concretamente a la gesta colombina, lo más manido pero también importante, por su trascendencia, del pasado y la historia onubense.

Es verdad que se ha intentado vender el descubrimiento como algo exclusivamente local, a veces por darle a Huelva una identidad bien definida, aunque su influencia no tuviera una especial repercusión posterior en una tierra que parece condenada a ser maltratada por sus hijos. Pero también es verdad que la consecución de esta hazaña no tuvo su origen aquí por casualidad.

De todos es sabido que Palos de la Frontera, entre los siglos XV y XVI, era una importante cuna de marineros y artesanos navales, tanto por su peculiar situación, prácticamente en el océano pero resguardada en la ría del Tinto y protegida por la lengua de tierra de Saltes y Punta Umbría, como por su cercanía a la vecina Portugal, cuya hegemonía naval en esta época le daba el título a sus navegantes de ser los mejores del mundo.

Esta simbiosis con los marinos portugueses, cuyos intercambios eran frecuentes, dotaban a los marineros palermos de importantes conocimientos y habilidades náuticas, así como el hecho de ser el mar, prácticamente, el exclusivo sustento de la villa. A este punto, es justo añadir a las cualidades profesionales en la navegación y la construcción de barcos la de ser gente despierta e inquieta, llegando incluso a convertirse en corsarios (pirateando la negrería de las flotas extranjeras) cuando la necesidad obligaba.

Estas características no eran desconocidas por la Reina Católica quien eligió Palos como base de las legendarias naves predestinadas a la gloria e incluso astillero de una de ellas, siendo también el punto de partida de la España peninsular más directo para la gesta transoceánica.

Bien, pues en éstas estaba, recreando con mi imaginación la convulsa época mientras visitaba la casa-museo Pinzón en Palos cuando, mirando una serie de reproducciones que retrataban a los más conocidos participantes de los viajes americanos,  una de las imágenes me llamó la atención por lo peculiar: Sobre el nombre castellano “Gonzalo Guerrero” aparecía el retrato de un indígena ataviado de plumas con gesto solemne y embutido de cierta dignidad, como si de un jefe tribal se tratase.

Llegado a este punto, debo reconocer mi ignorancia en este episodio, disculpado, si se quiere, por mi condición de foráneo, así que, tras leer un breve comentario que indicaba la procedencia de aquel hombre, natural de Palos de la Frontera, y muerto en 1536 en las selvas de Honduras, me picó tanto la curiosidad que estuve buscando algo de información al respecto, y, como la gratificante sorpresa de quien va al cine sin conocer una película que resulta ser extraordinaria, quedé inmediatamente enamorado por la historia que, tras dejarla reposar durante un tiempo, este blog me ha vuelto a recordar y a continuación recrearé.

Intentaré, eso sí, evitar citas y copias bibliográficas para darle mayor dinamismo y espontaneidad, de forma que no sea más que un relato “oral” que sirva de reclamo para el que quiera profundizar en él.

Como prólogo, y para darle un toque literario a la narración, podríamos imaginarnos una figura encima de una atalaya, cuyo verdor contagia al extenso y claro mar, casi transparente, que la circunda. Encima de ella un hombre casi desnudo, con el cuerpo oscuro no por su raza sino producto del perseverante sol, tatuado de los pies a la cabeza, las orejas perforadas llenas de pendientes y aros. Ataviado con adornos de hueso, piel y oro, y un penacho de plumas tocando unos largos cabellos trenzados que enmarcan una cara labrada de extrañas marcas rituales. Todo indica el aspecto de un caribe, un indígena de las selvas tropicales de un mundo nuevo para unos, pero viejos como el sol para otros. Todo indica el aspecto de un gran cacique maya…, excepto un detalle…, un rostro barbado, unos ojos celestes como aquel océano, una nariz fina y recta y, sobretodo…, el reflejo de un alma atormentada.

Aquel guerrero mira la inmensidad del mar y piensa en unos tiempos que apenas son un recuerdo, un sueño. En su memoria se confunden vestigios de una vida que parece no corresponderle. Aquel guerrero recuerda, no sin esfuerzo, una juventud donde un relato casi fantástico escuchado en un puerto lleno de vida y trasiego le mantuvo siempre obsesionado. El descubrimiento de unos conquistadores españoles, un tal Alonso Niño y Cristóbal Guerra, de una isla en el golfo de Paria (Isla Margarita o de los Mosquitos, no recuerda bien) repleta de gigantescas ostras cargadas de purísimas perlas. Perlas que los aventureros llevaron consigo llenando cofres que les proporcionaron fama y riquezas.

Aquel guerrero indio ahora piensa que él es como esas perlas…, basura que el sufrimiento recubre de nácar…

—–……—–

La historia, como he dicho, comienza en Palos, en una fecha sin determinar en las últimas décadas del siglo XV. Gonzalo Guerrero nace en el entorno marinero de la villa pero es otro ambiente, el bélico de las guerras del momento, el que finalmente le llama, enrolándose en las tropas de otro Gonzalo tocayo suyo, Fernández de Córdoba, popularmente conocido como el Gran Capitán, con quien contribuirá a la toma de Granada y al final de la Reconquista.

Guerrero, que adquiere una gran experiencia como soldado, se convierte en un estimado arcabucero que continuará fiel al famoso comandante, acompañándolo en su posterior campaña en Nápoles, primer “sitio” del Imperio, donde formará parte de lo que será el germen de los afamados “tercios” que tanto éxito tendrán con Felipe II.

De esta forma, nuestro protagonista se consagra como curtido militar recorriendo Europa y haciendo honor a su apellido que, como un presagio del destino, marcará su vida hasta el final de sus días.

Pero esta historia no sería diferente a tantas de la época si no fuera porque en alguna de sus estancias en su pueblo natal, probablemente entre campañas, permisos y guerras, conoce las maravillosas historias, que en Palos se contaban por doquier, de viajes, mundos inexplorados, riquezas y aventuras. No hay que olvidar que Gonzalo era más joven que el menor de los Pinzón, quien en sus últimas empresas, posteriores a los viajes colombinos, coincidiría en tiempo y lugar con nuestro protagonista, el cual sabría de primera mano de las gestas de su ilustre paisano.

Puerto Histórico de Palos a finales del s. XV

Es por esto, que en algún momento, Gonzalo Guerrero pensaría que tantos años de adiestramiento y combate le sería útil para cambiar su destino y fortuna. La soldadesca era sacrificada y poco producente, sin embargo el Nuevo Mundo prometía una recompensa con tintes tan aventureros como redentores. Por otro lado, la bolsa apremiaba y, las “nuevas Indias” traían rumores de oro y plata, por lo que no tardó mucho en convencerse de que su futuro podría provenir del joven continente.

Mapa de Centroamérica, 1860.

De esta forma, Gonzalo Guerrero, que debido a su experiencia militar y currículum no encontraría demasiados problemas, se embarca, alrededor de 1510, rumbo a las Américas con el capitán Diego Nicuesa, gobernador de Veragua, al oeste del golfo de Urabá, y quien llevaba tiempo inmerso en disputas y guerras internas con otro capitán español, Alonso de Ojeda, que gobernaba Nueva Andalucía, al este. Estas tierras entre el cabo de Vela (Colombia) y el cabo Gracias a Dios (Honduras y Nicaragua) eran producto de la fiebre conquistadora fomentada por Fernando el Católico, tras la muerte de Isabel y el propio Colón, para eludir el monopolio colombino y rentabilizar la costosa empresa americana.

En esta situación tan conflictiva, con guerras fraticidas de poder, ambiciosos proyectos territoriales, aspiraciones regias, abusos, crímenes y esclavitud, en donde Pizarro aún era un sobresaliente soldado partidario de Ojeda (quien lo deja a cargo de su feudo, más tarde Cartagena de Indias), y el famoso expedicionario Núñez de Balboa, tras explorar los mares del Sur, funda Santa María de la Antigua del Darién, llega nuestro héroe, Gonzalo Guerrero, quien será testigo e incluso partícipe de algunas de las historias protagonizadas por los citados personajes, algunos de los cuales conocerá personalmente.

El azar y su afán de progresar, sitúan a Gonzalo en un barco comandado por Valdivia, capitán de Balboa que, con el objetivo de informar del nuevo mar, parte de Darién (actual Panamá) con destino final en la Española (Santo Domingo), donde Guerrero pretende, bajo recomendación de Nicuesa, embarcar como oficial en un galeón.

2.Buque

De esta forma, la nave parte con buen tiempo, pero las peligrosas aguas del caribe y el traicionero clima tropical, acaban por desatar un temporal que azota al barco en alta mar, confirmando los temerosos presagios de algunos marineros tan supersticiosos como agoreros, que poco antes habían advertido señales desastrosas. Ahora, ante las gigantescas olas que engullen el navío y el viento huracanado que lo destroza, luchan sin demasiada esperanza por sobrevivir, aceptando algunos, entre la resignación y la impotencia, el castigo divino que saldará finalmente sus deudas y que hundirá sus pecados junto con el oro y las riquezas de aquel barco.

El combate con la madre naturaleza tuvo que ser encarnizado, el navío finalmente encalla en unos arrecifes llamados “de las Víboras”, también conocido por “los Alacranes”, cerca de Jamaica, y rompiéndose en mil pedazos expira llevándose consigo la mayoría de sus tripulantes.

Unos pocos consiguen salvarse, en un primer momento, de aquel apocalíptico final. Aunque es fácil imaginar − tras la agonía de los días posteriores, navegando a la deriva en una precaria barca, sin agua ni víveres, en un mar infectado de tiburones y donde el sol y el frío rivalizaban despiadadamente con el hambre y la sed − que algunos de los escasos supervivientes iniciales se hubieran sentido afortunados de haber acompañado a sus colegas al fondo del mar.

A los pocos días apenas quedaban una docena de una veintena de hombres y alguna mujer, entre ellos el capitán Valdivia, nuestro Gonzalo Guerrero y un temeroso fraile, natural de Écija, que aún desconocía que sería el primer intérprete maya de la historia y principal testigo de esta narración, Fray Jerónimo Aguilar. Éstos, que se habían visto obligados a recurrir a todo tipo de abominaciones para subsistir, entre ellas el inútil bucle de beber lo que orinaban o (como si de una macabra eucaristía se tratase) alimentarse con la sangre y carne de sus compañeros difuntos. Finalmente, ante la desesperación y el sufrimiento, divisan, en el último momento de su agonía y locura, un atisbo de esperanza. Los graznidos leves de unas gaviotas parecían indicar el final de catorce días de calvario. Una mancha de tierra sin montañas se iba formando.

Poco les dura la alegría. Cuando, exangües, llegan a la playa de aquella tierra desconocida (en la península del Yucatán), apenas les da tiempo a recuperarse ya que, frente a ellos, un número considerable de extraños seres, con el cuerpo semidesnudo, lleno de estigmas y señales, pintados de forma amenazante y armados con lanzas, porras, flechas y cerbatanas, los esperaban con indudable ánimo agresivo.

3.Apocalypto_peq

El capitán Valdivia, haciendo acopio de la poca fuerza que le quedaba sacó su espada dispuesto a defenderse y, entre gritos y aullidos inhumanos (la mayoría provenientes de aquellos salvajes) se enzarzaron en un combate, conscientes los españoles de no tener ya la más mínima oportunidad de salir con vida.

Apenas Valdivia atravesó a uno de ellos, un machetazo seco en el cráneo lo hizo caer como un pelele, dejándolo malherido. El resto se batieron como pudieron, llevándose Gonzalo Guerrero a dos indios 4.General apresadopor delante antes de acabar en el suelo molido a porrazos. Uno de éstos, con certero golpe de macana, reventó como un melón la cabeza de otro marino, huyendo el desgraciado hacia la selva mientras se la sujetaba entre las manos (más tarde sanaría quedándose tonto y perdonándoles los nativos la vida, por infeliz, durante los pocos años que vivió). Los que sobrevivieron fueron apresados y poco a poco sacrificados, pues aquellos indígenas eran caníbales y tanto Gonzalo Guerrero como Fray Jerónimo Aguilar tuvieron que presenciar horrorizados, junto a un par de compañeros más, como el resto, con Valdivia al frente, eran devorados “Cerré los ojos cuando vi que Valdivia moría como mueren las reses en mi tierra, acanalado por el pecho” (narraría Aguilar en sus memorias). La espantosa visión de aquellos salvajes arremolinándose alrededor de la carne de sus hermanos, que morían de la forma más bestial jamás imaginada (sus miembros tirados hacia todos lados y sus cuerpos atravesados por afiladas lanzas), con bastante probabilidad les insuflaría el coraje suficiente para, aprovechando un descuido, escapar al interior de la isla, donde vagaron por la selva como animales. No pasó, sin embargo, demasiado tiempo hasta caer en manos de otra tribu rival quienes, más pragmáticos, los explotaron como esclavos.

Llegados a este punto, permítanme una licencia que pueda dar gusto a mis aficiones cinéfilas. Son, a mi parecer, tres las películas que parecen encajar perfectamente con esta historia, cada una en un momento de ella. La primera que, quizás por ser relativamente reciente, se me viene a la cabeza es “Apocalypto” de Gibson. Si bien un tanto americanizada, las luchas tribales, los raptos, sacrificios y esclavitudes me dan un marco, para bien o para mal, de las escenas más duras que tuvieron que vivir aquellos ancestros nuestros. Las otras dos, me las reservo para no adelantar acontecimientos, pero les aseguro que se adecuan aún más a esta aventura.

5.Mayas

A estas alturas, es ya casi evidente que la primera pareja de actores se centra en el fraile y nuestro olvidado palermo. Los otros dos hombres que escaparon del canibalismo terminaron muriendo de extenuación ante las infrahumanas condiciones en las que se les hacía trabajar. Es así que, tanto el coraje y la fuerza de Guerrero como la fe y la sumisión de fray Jerónimo fueron claves para la supervivencia de ambos. Ahora, soldado y fraile, casi perdida su condición de personas, podían experimentar, seguramente multiplicado por las extremas condiciones de vida allí, la esclavitud que, de forma natural, sus conciudadanos europeos inflingían permanentemente a indios y africanos.

6.Soldado, la misiónEn este punto podemos analizar la diferencia, complementaria si se quiere, de nuestros dos protagonistas. Por un lado el religioso sevillano, fiel a su doctrina, discreto, sumiso y capaz de resistir todas las vejaciones como si de una prueba divina se tratara. Por otro, el guerrero onubense, acostumbrado a golpear primero, al que, seguramente, su rebeldía le provocaría un mayor maltrato que a su circunstancial compañero, pero que  se aferra a su vida como único patrimonio. No obstante, los años de trabajos forzados en aquella isla irán puliendo el ánimo de los dos españoles, adaptándolos por fuerza a la forma de vida nativa.

Durante aquel tiempo los dos cautivos, presenciarían más de una vez enfrentamientos y luchas entre el pueblo que los retenía y otros clanes enemigos, lo cual, por otro lado, era frecuente. Pero, probablemente, en alguna de aquellas batallas, quizás para salvar la vida, tuvieran que participar y pelear, demostrando Gonzalo sus dotes para el combate e impresionando de esa forma a sus captores, quienes acostumbrados a un tipo de guerra más “florida” se asombrarían ante las maneras del esclavo.

Después de esto, los jefes que ejercían de amos empezarían a ver a los dos andaluces de diferente manera, valorando de alguna forma las virtudes que aquellos extraños individuos blancos y barbudos parecían tener, especialmente el luchador. Aunque también el fraile tuvo ocasión de hacer gala de habilidades ignotas para los indígenas, como una ocasión en que, recolectando miel de los paneles, Jerónimo aprovechó la cera para fabricar velas y cirios, dotando a los sorprendidos nativos (aunque no fuera su intención inicial) de una fuente de luz más cómoda, económica y versátil que las hasta entonces exclusivas hogueras. Es por esto, que en algunos de sus trueques y negocios, el cacique del clan que los retenía los regalaría como valioso presente al monarca de otra tribu, Nachán Can, quien a su vez cede el palermo a su jefe militar, Nacom Balam, que inmediatamente reconoce en Gonzalo a un similar, aunque todavía no era consciente del potencial que Guerrero poseía. Éste, tuvo oportunidad en alguna ocasión de demostrar su nobleza y valor ante el jefe maya, quien a partir de entonces lo empezaría tratar con más respeto.

Entre tanto Fray Jerónimo ve, temeroso, como Guerrero se va aculturando y participando cada vez más de las costumbres de aquellos salvajes, e incluso mantiene, aunque no era la primera vez, relaciones sexuales con mujeres (siempre discretas porque aún sufría la condición de siervo) algo que el fraile evitaba con todas sus fuerzas para aferrarse a su castidad como último resquicio de su religión.

De esta forma, mientras el religioso trataba de pasar desapercibido, asumiendo su papel e intentando llamar la atención lo menos posible, en espera de algún milagro que recompensara su penitencia, Gonzalo empieza a gozar de una cierta consideración entre los indígenas, especialmente los guerreros, cuya pareja admiración y envidia (ya que aquel extraño empezaba captar la confianza de su jefe) provocará más de una disputa que el de Palos salvará con honor y valentía.

Continua…

Enrique Carrillo.

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