La Huelva Cateta

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El éxodo onubense

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Domingo, 17 agosto 2008

Según la Wikipedia: “El Éxodo es el segundo libro de la Biblia y de la Torá, del Tanaj (la Biblia hebrea), y del Antiguo Testamento cristiano. El principal propósito del Éxodo es mantener viva en la memoria del pueblo hebreo el hecho fundacional de sí mismo como nación: la salida de Egipto y la consiguiente liberación de la esclavitud. A través de su huida y la búsqueda de la Tierra Prometida, el judío adquiere conciencia de su unidad étnica, filosófica, cultural y religiosa por vez primera.

Si tiene usted intención de visitar Huelva en los próximos días, ha de saber que se va a encontrar con una ciudad bastante despoblada y que poco tiene que ver con el cotidiano ajetreo al que nos enfrentamos los onubenses. ¿La razón?, que nos encontramos en pleno éxodo hacia las playas.

Quizás le resulte extraño que siendo como somos una ciudad costera sea en este momento cuando menos población tiene Huelva, pero tiene explicación. Oficialmente Huelva tiene playa en su término municipal, la del Espigón, la del Dique Juan Carlos I en la Isla Saltés en pleno Paraje Natural Marismas de Odiel. Pero se encuentra a unos 20 kms por una peligrosa carretera. La otra “playa” de Huelva es la de toda la vida: la Punta del Sebo, que en la actualidad ha sido recuperada en el restaurado recinto del Monumento a Colón, con nueva arena, porterías de fútbol-playa, aparcamientos y caminitos de madera. Muy bonito todo, pero el baño en esas aguas está reservado a intrépidos bañistas (que los hay), además, la visión de todas esas industrias detrás no es muy agradable que digamos.

Para disfrutar de un verano playero hemos de coger el coche y desplazarnos hasta el Espigón, o sobre todo a las otras preciosas playas de la provincia de Huelva: Punta Umbría, La Antilla, Mazagón, etc. Recuerdo aquella vez en la que un grupo de turistas me preguntaron desde un coche dónde estaba la playa de Huelva, que querían darse un baño. Tuve que explicarles que aquí no tenemos de eso, que la mejor opción es que fueran a Punta Umbría.

Pero este exilio playero no es únicamente de fin de semana, es decir, de coger el coche e ir a darse un bañito un sábado, la verdadera razón del desalojo que sufre Huelva en esta época es el hecho de que gran cantidad de onubenses tiene su segunda vivienda en la playa, sobre todo en Punta Umbría, segunda vivienda que en la mayoría de los casos sólo es habitada en verano. Cuántas veces habré tenido que explicar a un sorprendido interlocutor del interior o norte de España, que al choquero le parece mucho tener que recorrer 20 kms para ir a la playa. Cuantas veces me habrán comentado lo absurdo que les parecía eso cuando ellos recorren más distancia para ir a diario al trabajo, y por el mero hecho de tener que mantener una casa todo un año (con la vida como está) para disfrutarla dos meses.

Yo que soy más bien romántico, quiero encontrar origen a esta característica costumbre onubense en nuestra tradicional e histórica relación con el mar, por algo somos choqueros, y como ya hace muchos años que no podemos disfrutar del agua marina en la misma ciudad, hemos buscado alternativas para tenerla lo más cerca posible y así sobrellevar mejor las altas temperaturas como hace un gaditano, un malagueño o un valenciano. Esa alternativa consiste en hacer una migración veraniega a la segunda vivienda. El resultado es la superpoblación que en verano alcanzan las localidades costeras, sobre todo la ya nombrada Punta Umbría que, siendo el destino favorito de los onubenses, alcanza poblaciones flotantes de hasta 70.000 habitantes en época estival, cuando la población censada es de 14.274.

Mientras otros disfrutan del exilio playero, yo disfruto de las otras ventajas de una Huelva casi vacía: ausencia de atascos, aparcamiento, autobuses con puntualidad de reloj suizo, muchos bares donde elegir sentarse sin tumultos, y en general tranquilidad, y con la ventaja de que cada vez que me apetece darme un bañito, me cojo mi coche y me voy de crucero, al Cruce.

Sr. Rubio.

Fuente: www.wikipedia.org

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Crónicas de Verano: Oteando desde la sombrilla

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Miércoles, 30 julio 2008

Varón, de entre 50 y 60 años. De alta estatura y oronda figura, no menos de 120 kilos de pureza. Con bigote fino y cuidado que casi une ambas mejillas. De pelo corto, pero se le adivina una incipiente calva debajo de esos ralos y largos cabellos delanteros, de tono moreno, que coloca de izquierda a derecha, de sien a sien, como queriendo disimular esa brillante y reluciente alopecia galopante, a buen seguro embadurnada de crema protectora de al menos factor 20.

Son aproximadamente las 7 de la tarde y nos encontramos en Punta Umbría. Nuestro personaje, al que voy a denominar Nemesio para evitar cualquier posible coincidencia con su nombre real (que desconozco), se dirige sin camiseta y con un bañador azul que le llega hasta las rodillas a una de las duchas públicas ubicadas a lo largo de toda la playa con un bolso-neceser debajo del brazo.

Nemesio deja el neceser en un banquito que hay en el recinto de aseo y se dirige con decisión a darse un buen remojón en una de las duchas. Oprime el pulsador y lleva a cabo su higiénica depuración cutánea. Hasta ahí todo normal, pero el siguiente paso es el que me llama la atención: una vez que Nemesio tiene el cabello húmedo, se acerca a su neceser y saca de él un pequeño bote que para mi sorpresa resulta ser champú. Vierte una cantidad sobre su mano izquierda y procede sin reparo a lavarse la cabeza.

Kyane

Foto que corresponde a una de las playas de Badalona, autora: Kyane.

Una vez finalizada esta segunda tarea, continúa con su ritual, aclarando el jabón que hay sobre su cuero cabelludo. En este preciso instante, una niña de entre siete u ocho años se acerca a las duchas y se coloca en posición de “coger la vez” para que quede claro que ella es la siguiente. La niña es nerviosa como corresponde comprensiblemente a su edad así que no deja de jugar y bailar. El presumible padre de la niña desde su sombrilla, observa lo impaciente de ella mientras espera a que una de las dos duchas se quede libre, así que se aproxima a su hija para hacerle compañía y así de paso cuidarla y tranquilizarla. Otra cosa me llama la atención del padre, y es un gran artilugio de llamativos colores, entre amarillos, verdes y rosas, que porta en mano.

Nemesio que ha terminado de enjuagar su cabeza, se arrima nuevamente a su neceser y en esta ocasión coge una pastilla de jabón de toda la vida. Es entonces cuando comienza con el enjabonado de todo su cuerpo. A estas alturas Nemesio se ha convertido ya en el centro de atención de toda la playa, o al menos de todas las sombrillas que dan a las duchas, y de por supuesto, el chiringuito que se encuentra a tan sólo cinco metros de él. Nuestro amigo no tiene reparos en enjabonarse con saña cada uno de los recovecos de su rechoncho cuerpo, y toma posturas que rozan incluso lo soez para poder alcanzar esas zonas que no le permite su corpulencia, no dudando en abrir su bañador azul para enjabonar sus partes nobles. Mientras tanto, el padre, que en una mano continúa llevando ese curioso artefacto, ha cogido a la niña de la otra mano y los dos se han convertido en espectadores de excepción del espectáculo que Nemesio brinda a los bañistas de Punta Umbría.

Finalizado el enjabonado, nuestro personaje aclara el jabón que cubre su voluminosa figura (de nuevo abriendo si es necesario el bañador azul) y una vez acabado recoge su pastilla de jabón, la coloca en el neceser y se dirige al servicio de caballeros. En este instante es cuando el padre y la niña pueden hacer uso de la ducha. La niña se da un baño rápido de menos de 20 segundos y se apea de la plataforma para observar con ansia y nervios como su padre abre un tapón del artilugio y lo llena de agua. Entonces entendí que se trataba de una sofisticada pistola de agua de enormes proporciones. Terminado el llenado del aparato, el padre hace una especie de “bombeo” con la pistola y dispara un chorro a presión del líquido elemento a su hija, que riendo corre a su sombrilla mientras la persigue el padre.

Es en ese momento cuando sale Nemesio del servicio de caballeros, esta vez con un bañador gris oscuro y con su neceser en la mano. Camina hacia la hilera de tablas y abandona la playa.

Lo más curioso es que al día siguiente, Nemesio apareció a la misma hora e hizo lo mismo, pero en esta ocasión no estaba ni la niña ni el padre para dispararle un merecido chorro de agua fresca.

Sr. Rubio.

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Crónicas de Verano: Un cateto en Lepe

Posted by www.LaHuelvaCateta.es en Viernes, 25 julio 2008

Durante toda la semana perjuré que no iría a la casa de mi santa suegra en la playa durante el fin de semana. Me empecino en pensar que no tiene sentido poseer una segunda vivienda en cualquiera de las localidades costeras cuando tenemos la arena de la playa a veinte minutos de nuestra capital. Sin embargo, el viernes hizo un calor sofocante durante toda la mañana y en el trabajo no paramos un segundo, llegué a casa exhausto y a no ser por problemas logísticos, de los cuales fui responsable, me hubiese marchado aquella misma tarde.

El sábado, los augurios de la página de Instituto Nacional de Meteorología, o como se llame ahora, no eran muy alentadores y quedé con mi santa en salir sobre la una. Cuando iba a por el coche el viento soplaba sur y no se estaba mal. Otra vez, volvía sobre mi idea de que si no fuera porque no queda un amigo en Huelva para tomar una copa un sábado iba a ir a La Antilla “Rita la cantaora”.

Este año la han dejado sin Bandera Azul con toda la razón del mundo. La calle Castilla, “arteria central” de la misma ha sido obrada y al parecer no les han dado tiempo de terminarla quedando por enlosar. El temporal del invierno le ha pagado un bocado a la arena que cuando sube la marea la gente de primera fila tiene que ponerse en el cemento recién echado de la susodicha calle.

Dando un paseo por la misma divisé a unos subsaharianos del top-manta. Intenté hacerles una foto pero se pusieron un poco moscas y cogieron las de Villa Diego, ¡cómo corrían!, y eso que no se veía ni a un municipal… La situación de estas personas es lamentable, y es normal que corran y griten, como los he visto gritar, cuando alguna vez los han detenido. No hay nada más que ver las travesías que deben hacer hasta llegar a esta tierra prometida de la que tanto solemos despotricar. Sin embargo, lo que no comprendo, que haya compatriotas suyos que poseen licencia para colocar un puesto en el paseo y vendan artículos piratas con total impunidad, desde camisas de la selección española a cinturones de D&G. ¿Es que los políticos de Lepe no se pasean por allí y lo ven al igual que todos los demás?

El domingo el día amaneció extraño, podía ver desde el balcón como la gente iba a comprar el periódico en pantalón vaquero y el cielo estaba nublado. Todo hacía presagiar que los meteorólogos del INM se habían vuelto a equivocar. Decidimos ir al Centro Comercial de Islantilla. Como nosotros pensó el ochenta por ciento de la gente de los alrededores. Para aparcar fue una odisea y lo tuvimos que dejar en un “hoyo” que hay delante del Confortel.

El tiempo volvió a dar un giro, y comenzó a hacer un bochorno increíble, mientras que el centro comercial estaba atestado de las clases medias luciendo, como dice mi cuñado, “sus ropas de firma, que no de marca que es lo que tienen los coches”.

Con lo que tomé a mi prole, me tome un refrigerio rápido y me las pire a ver a Alonso. Salí perjurando que no volvería a ir, aunque mucho me temo que volveré a caer en la tentación. Por desgracia nuestra ciudad en verano se queda aún más desierta que otros fines de semana del resto del año, que si no…

Josema.

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